Subíamos por el ascensor de cristal, elevándonos sobre Seúl hasta una altura increíble. Las pequeñas luces quedaron a nuestros pies, extendiéndose ante nosotros como una gran alfombra. El restaurante tenía unas vistas preciosas, parecía todo sacado de una película.
-Bienvenida a la Torre de Seúl.-Dijo Myungsoo con los brazos abiertos. Sonreía como un niño pequeño. “Ahh… Kim Myungsoo”-Así disfrutaremos de las vistas, además de la comida y la compañía.
El corazón en mi pecho saltaba entusiasmado, dando vueltas una y otra vez, gritando en mi cabeza, que, si no me pedía matrimonio en ese sitio, no lo haría nunca. Él no decía nada. Quizá me estaba obsesionando con el tema, suspiré mirando hacia el cristal de la ventana.
La comida fue exquisita, a la luz de las velas, con la ciudad moviéndose sin pausa por allá abajo. Se respiraba tranquilidad, casi no había ningún ruido, y la música era suave. Se podía hablar sin tener que elevar la voz y los camareros estaban siempre atentos para cuando necesitáramos más bebido o hubiéramos terminado los platos. Myungsoo apenas apartaba la mirada de su cena, sumido en algún otro mundo, aunque sonriendo y sin perder detalle de lo que yo decía, o lo que pensaba.
“¿Sucede algo?” Siempre negaba y me animaba a seguir comiendo, o a probar algo de su plato, llevando su tenedor hasta mi boca riendo con ternura. Quizá era yo la que me sentía demasiado nerviosa, dando importancia a todo, por mínimo que fuera. Pero…
-¿De verdad no te pasa nada?
Suspiró, y volvió la vista atrás, asegurándose de que nadie le viera acercarse a mí en aquella especie de sofá. Se sentó a mi lado, posando su mano sobre mi pierna, haciéndome temblar. Se dio cuenta y me rodeo el torso, abrazándome lentamente, mirando mis ojos sin apartar la vista ni un momento.
-No ocurre nada.
Y entonces… ¿Por qué parecía estar nervioso? Su rostro no le delataba, pero su cuerpo lo hacía muy bien. Y eso me alteraba a mí también. En pocos segundos me di cuenta de que faltaba el postre. “¿Pasa algo con el postre?” El rio, humedeciéndose los labios con la lengua en un pequeño gesto, restándole importancia.
-No, no pasa nada. Selene, solo celebremos que vamos trabajar juntos, ¿ne?
-Vaaale…- Murmuré cogiendo una gran cucharada de la mousse de limón que había pedido, mientras él daba cuenta de su helado.


No quería tampoco pensar demasiado, pero tenía ilusiones puestas en esa cena. Quizá un anillo en el postre, o alguna sorpresa inesperada. Algo que se saliera de lo normal… Pero nada. Una cena completamente ordinaria, charlando, contemplando la ciudad, riendo y comiendo esos manjares. No tenía ningún motivo para quejarme, pero me sentía algo decepcionada.
Suspiro tras suspiro, llegamos a casa bastante tarde, aunque en mi pecho el corazón seguía retumbándome. Quizá la sorpresa estuviera allí, ahora. Puede que hubiera mandado a alguien montarlo mientras estábamos fuera…
Pero no, nada. Con un suspiro recorrí sigilosamente la casa, buscando cualquier excusa mentalmente para ir a la cocina y al salón. Hundí los hombros y fui a la habitación, para cambiarme y meterme bajo las sábanas a dormir. No estaba de humor para otra cosa.
“Es una tontería, vamos Selene, anímate.” Sentí la fría tela bajo mi cuerpo, temblando, abrazándome a la almohada. Myungsoo estaba en el baño, así que traté de calmar mis pensamientos para cuando volviera. “Estamos bien así” “¿Por qué necesitaríamos nada más?” “Me quiere, eso es lo único que importa”. Aun así, esperé que durmiéramos enseguida esa noche, no me sentía con ganas de nada más.
Cuando se metió en la cama, yo estaba ya adormilada, me dio un beso de buenas noches y apagó las luces. A los cinco minutos volvió a levantarse, pues se le había olvidado tomar agua, así que fue a la cocina. Asentí sin abrir los ojos.
Solo cuando tardó demasiado, me di cuenta de lo rápido que latía su corazón cuando se había marchado, y del silencio que provenía de la cocina, por no hablar de lo fácil que habría sido mover una botella hasta allí con sus poderes.
¿Qué estaría haciendo? “Quizá…” Fruncí el ceño, sin querer imaginarme lo que se me pasaba por la mente. Quizá había oído mis pensamientos y quería hacer algo más que dormir esa noche, así que… ¿Se había ido a calmar su cuerpo? Enrojecí, negando con la cabeza en el aire. No, no tenía demasiado sentido. Aun así agudicé el oído, por si escuchaba alguna cosa… Pero solo oía sus latidos y respiración en alguna parte de la casa.
La puerta se entreabrió en ese momento, y me incorporé, algo nerviosa. Una bengala encendida se coló dentro, lanzando chispas a su alrededor, consumiéndose según avanzaba hacia mí, hasta posarse en el suelo, escondiéndose bajo la cama. Perseguí su luz, hasta mirar que había allí abajo. Una carta y una esponja con una curiosa forma parecida a un corazón.
Dos bengalas más se unieron a la anterior para dejarme leer lo que ponía en ese trozo de papel.
“Desde aquella pequeña caída, vi tus ojos en esa estación de tren, y no he podido sacarme tu imagen de la cabeza. Desde entonces, hasta ahora. Siempre has estado presente de alguna forma en todo lo que pensaba, sin que pudiera evitarlo.
No importa que no puedas saber en lo que pienso, porque siempre pienso en ti.
Y ahora… ¿Podrías llevar esta esponja sin dueño a su sitio? Creo que hay algo esperando…”
Me levanté con el corazón en un puño y la respiración agitada. ¿Y eso? ¿Qué había estado preparando? No podía creer que fuera real, pero mi organismo ya danzaba felizmente sin mi consentimiento.
Corrí veloz hasta el aseo, recorriéndolo con la mirada de arriba abajo, esponja en mano. Dentro de la bañera, encontré una nueva carta y una manzana cortada a forma de carita sonriente.
“Creo que aún no te he dado las gracias por todo. Por cambiar mi vida y hacerme sentir algo más. Nunca sobresalí en nada especialmente, y lo único que me gustaba era la fotografía y la música, hasta que llegaste tú, como un verdadero rayo de sol.
Gracias, Selene.
¿Has visto esa manzana traviesa? Creo que se ha perdido, necesita un frigorífico urgentemente.”


Sonreí, apenas sin darme cuenta de que una lágrima rodaba por mi mejilla, pues estaba demasiado ocupada llevando la fruta a la cocina, guiada por nuevas bengalas que alumbraron mi camino, aunque veía perfectamente. De nuevo, encontré una carta y un pequeño libro. Abrí el sobre sin darme tiempo a nada más.
“Me has hecho valiente, pues a nada temo enfrentarte si se trata de ti. Todo lo que hemos superado juntos, puede que ahora parezca lejano e irreal, pero no deja de ser asombroso. Me has hecho fuerte y afortunado. Me has hecho crecer, y aprender a vivir.
Gracias a ti he descubierto una cosa…
Pero antes, este libro necesita volver con su familia, ¿te apiadarás de él?”
Asentí, sonriendo en el silencio de la casa, sin poder creer lo que estaba sucediendo, crucé la puerta, para llegar a la mesa de café del salón. Nueva carta, y una chaqueta. Pero antes de poder abrirla, las bengalas se alejaron de mí, yendo hasta las paredes… Recubiertas con fotos nuestras. Me acerqué con la boca abierta. Todos esos momentos… La playa, aquellas mañanas en las que su cámara quedaba en mis manos, y multitud de fotos mías, tomadas sin que yo me diera cuenta, en todas las situaciones posibles. Allí estaba, mirando al infinito en la terraza, escuchando música, cocinando, dormida, caminando por la calle… “Cuando…?” Me pregunté confundida.
“Siempre tan hermosa: pensando en mil cosas a la vez, consciente de todo, amante de los pequeños detalles y despistada. Esa mirada soñadora e inocente y tu hablar bohemio. ¿Aún te preguntas por qué te quiero?
Porque no puedo vivir sin ti, necesito tu sonrisa para que mi día sea completo. Si no estás, no soy. No me imagino mi vida sin ti, no me faltes nunca, quédate junto a mí.
Seguir creando recuerdos, nuestros días, nuestras noches, los buenos momentos y los malos que superaremos si tienen que venir. Contigo soy capaz de hacer frente a cualquier cosa. Sabes por qué, ¿verdad?
Ponte esto, no cojas frío.”
Con nuevas lágrimas cayendo de mis ojos, me coloqué la chaqueta, preparándome mentalmente para lo que pudiera encontrar ahí fuera, aunque… Sonreí. No quería adelantar acontecimientos, ni darme demasiadas esperanzas.


Con cuidado, salí a la terraza, encontrando una pequeña mesa cubierta de velas, creando una forma extraña sobre la madera. “Saranghe” Leí escrito en el patrón que seguían. Me tapé la boca, reprimiendo un sollozo, y caminé hasta que pude ver mejor lo que había allí encima, encontrando una pequeña caja negra, forrada de terciopelo.
Abrí lentamente, deseando que… Sí, sí, ¡Sí! Era un anillo. Había un pequeño papel doblado allí dentro, que procedí a leer, devorándolo con la vista.
“¿Querrás pasar el resto de tu vida conmigo?”
Me di la vuelta, para encontrar a Myungsoo a escasos centímetros, de nuevo mirándome con sus ojos negros, alcanzando a ver mi alma con una mirada. Pestañeó y se mordió el labio, antes de acariciar mi mejilla suavemente, medio abrazándome, dejando que su boca cayera en mi oído lentamente. O simplemente era mi corazón el que iba demasiado rápido, ralentizando todo lo demás.
-Selene… ¿Te casarás conmigo? –Murmuró con voz clara, profunda. Sus dedos temblando sobre mi piel.


¿Podía dudar de cuál sería la respuesta? Solté el aire con incredulidad, dejando a mis ojos llorar cuanto quisieran, afianzándome al cuerpo de Myungsoo, tomándolo como real, y no como un bonito sueño. Me pellizqué, y le pellizqué a él también de paso, haciéndole reír con una pequeña mueca de dolor.
-Por supuesto que sí.- Pronuncié con énfasis, sonriendo, cerrando los ojos, sin poder ver más allá de las lágrimas.
Me secó la piel, acariciando mi rostro una vez más, acertando a encontrarse con mi mirada. Tanta ternura… Y sus labios curvándose en una preciosa sonrisa. No podía casi respirar de felicidad. “¿Por qué has tardado tanto?” Le pregunté sin poder articular ninguna palabra. Se rascó la cabeza un momento, dubitativo.
-No sabía cómo… Lo siento.
Ni que hiciera ninguna falta perdonarle, me dije, tomando su cara entre mis manos, alcanzando a besar sus labios, tomándole algo desprevenido. Con el corazón agitado, me respondió con la misma pasión, abrazando mi cuerpo, arropándome del frío. No sentía nada más, podría estar nevando, que no me importaría algo más que sus mejillas sonrosadas, sus ardientes labios, y sus ojos negros, como el cielo esa noche.
Cada día junto a él era completamente nuevo, siempre cálido, aunque fuera hiciera frío y el sol se escondiera; siempre radiante y fresco. Con su sonrisa y su mirada iluminando mi camino, caminando de la mano, siempre juntos. Ese sentimiento inmortal, tenaz, más fuerte que nosotros mismos, residía en nosotros, manteniéndonos en pie, fuertes.
-Yahh… Kim Myungsoo, te amo.
Sonrió en la noche, acariciando mi rostro, con ojos brillando, emocionado. Se mordió el labio inferior, controlando sus traviesas lágrimas, intentado seguir sonriendo para mí. Torció la cara en una mueca, sorbiendo su nariz, sin dejar escapar mi cara de entre sus manos.
-No más de lo que yo a ti.





Nota del escritor:
Echaré de menos escribir esta historia, pero todo tiene un final. Espero que este en especial, os haya gustado ^^
Muchas gracias por leerlo, y seguir la historia ^^
=D Me alegro de haberlo compartido, y haber tenido la fuerza para llegar hasta el final escribiendo, es la única historia que he acabado, y le he cogido una cariño especial.
Amiau, no me quiero alargar mucho más.
Gracias de nuevo ^^ Nos leemos, ¿ne?






-¡Selene-yaah! ¡Mira, mira!-Me gritaba Myungsoo entusiasmado con algo que no llegaba a ver.
Me senté junto a él en el sofá, aun con sueño, bostezando. ¿Qué pasaba? Giró su ordenador portátil hasta mí, y pude ver varias de las fotografías que me había hecho anteriormente. Maquetadas, con texto a su alrededor… En una revista.
-¿Esas no son…? –Murmuré ladeando la cabeza confusa.
-¡Sí! Son las fotos que mandé, las han incluido en la nueva edición, y de hecho me han felicitado por la modelo, y me han pedido que trabajemos juntos para ellos más veces. –Dijo rápidamente, sonriendo, y casi desprendiendo felicidad en forma de chispas por sus ojos.
-Entonces… ¿Trabajaremos juntos? ¿Y seré… Modelo? –Era increíble, y sonreí también conforme con la idea aunque… “Estudiar cinco años de farmacia para esto…”
Myungsoo se abrazó a mí con una risa, acariciando mi espalda, a modo de ligero consuelo.
-Tomaré eso como un sí. –Murmuró.
Resoplé en su hombro, abrazándome a él, asintiendo, acariciando su cuello levemente. Esa piel tan suave. Inspiré sobre él, reconfortándome con la sensación de estar entre sus brazos. Jamás me cansaría de estar a su lado.
Se apartó de mí un segundo, dejando nuestros labios a escasos centímetros, mirándome a los ojos. Sonreí y me acerqué a él casi por instinto, abriendo mi boca levemente. Subió sus manos hasta mis hombros, rodeándome gentilmente…
“Purple line let me set on my world (my world)…”
Su móvil sobre la mesa comenzó a sonar frenético. Con un suspiró, se separó de mí, soltando mi cuerpo con una última caricia resignada y descolgó. “Hola… Sí… Sí…Te la paso” Me miró encogiéndose de hombros y me cedió su móvil, volviendo la atención a la pantalla de su ordenador.
-¿Sí?-Pregunté extrañada.
-¡Selene! ¿Se puede saber dónde tienes el móvil? Te estado llamando desde hace un buen rato…-Me espetó Nana con voz enfadada.
-Ahhh… Es que lo tengo en la habitación… En modo silencio… ¿Qu-qué pasa?
-De verdad… ¿Para qué quieres el móvil? Ay…-Suspiró al aparato.- Estoy comprando unas cuantas cosas y necesito tu opinión, y luego seguramente iré a por el vestido… Así que, ¿te puedes venir? Luego también se acercará Sungyeol, dile a Myungsoo que si se viene a comer, ¿vale? –Resoplé mirando la hora. Tan temprano… ¿De compras?- Nada de “puffff….”
Que te he oído. Te espero abajo, date prisa. Byee…- Colgó descaradamente, sin darme tiempo a replicar.
Me desvanecí en el sofá, sin ganas de moverme de casa, pero obligada a salir inminentemente. Me colé por debajo del brazo de Myungsoo, apoyándome sobre sus piernas, espiando lo que hacía un momento antes de tener que ir a arreglarme. Rio y me agitó el pelo.


-Luego me paso a comer con vosotros, pero deberías ir yendo ya ¿no? –Dijo mirando su regazo. Fruncí el ceño por su afirmación, pero lo desfruncí en seguida.
-Oye tus poderes son mil veces mejores que los míos.-Murmuré adivinando que habría estado leyendo mi pensamiento para enterarse de la conversación. El que se hacía el ocupado… Se encogió de hombros. Le saqué la lengua y me levanté de allí.

Llamarón a la puerta mientras me ponía torpemente los tacones negros nuevos. Corrí como pude y vi que era Nana impacientándose haciendo señas de muerte por la cámara del portal.
-Ya vooooy…-Dije con una voz cansada.
Me di la vuelta y me despedí de Myungsoo con las manos. Él apartó la vista de lo que estaba haciendo y me miró de arriba abajo, acercándose lentamente para despedirme.
-¿No es esa falda algo corta? –Dijo lentamente, evaluándola, antes de sonreír ante mis pensamientos. Le puse la mano en el hombro, mirándole como si fuera incorregible, negando con la cabeza, intentando no reír.
-Definitivamente… Creo que deberías graduarte la vista.- Me abrazó, fingiendo cara de duda.
-Pásalo bien con Nana, nos vemos luego.
Se inclinó para depositar un suave beso en mis labios, breve, siendo más breve aún por la estridencia del timbre sonando de nuevo. Me separé de él y le dije adiós, corriendo para no ser asesinada.

Tras horas eligiendo entre colores, texturas, olores, luces y mil cosas más, llegamos al sitio donde Nana había encargado el vestido de novia. Se fue inmediatamente a probárselo, saliendo unos minutos más tarde con él puesto, preciosa y radiante. Abrí la boca sin poder evitarlo. Era admirable.
-¿Qué te parece? ¿Te gusta como ha quedado la espalda? –Preguntó retorciéndose para que pudiera ver el encaje que cubría su piel, saliendo del vestido como si fueran ramas de un árbol.
-Es-es precioso. Estás guapísima.
Oh, Dios. Nana se casaba. De verdad. Ya lo sabía, pero todo había pasado tan rápido… Esa noche en la playa creía que Sungyeol se refería a algún tipo de futuro lejano, pero no. La boda era dentro de dos meses, y querían tenerlo todo preparado para el gran festejo.
-¿De verdad? ¡Genial! Otra cosa hecha… Enseguida me lo quito. Sungyeol estará al llegar...
Se volvió adentro, casi saltando y manteniendo el equilibrio, sonriente. Se casaban. Suspiré. Por supuesto, sonreí con su emoción y les acompañaba en la alegría de aquel momento, ayudando en lo que podía… Pero… Siempre que pensaba en ellos mi estómago se revolvía un poco, pensando en Myungsoo. Ni siquiera lo había mencionado nunca y yo tampoco le había insistido… Quizá le bastara con vivir juntos.
Suspiré haciendo un puchero al vacío, sonriendo al segundo, riéndome de mí misma. Bueno, al menos vivíamos juntos oficialmente. “Sí… Pobre Nana.” Se había enfadado un poco cuando le dije que no volvería a su piso, si no que me quedaba con Myungsoo, pero enseguida lo había solucionado llevando a Sungyeol a vivir allí. “Sungyeol…”


Lo saludé indicándole donde estaba, y se acercó casi corriendo, con el pelo un poco despeinado y la chaqueta colgándole de un hombro. Respiró hondo y paró su mini carrera.
-Ay… Nana está dentro, ¿no?-Asentí.- ¿Qué? ¿Está guapa o no? –Sonreí. “Sí, mucho.”- Mi bichito, ¿Cómo no va a estar mona?-Dijo en un suspiro.
-Va a ser una boda espectacular, estoy segura.- Dije sonriéndole. Él sonrió a su vez, aunque ladeando la cabeza, y acercándose a mí, agachando la cabeza, y bajando el tono de su voz, creando una sensación de intimidad.
-Y esto… Selene, ahora que estamos tú y yo, dime… ¿Tú y Myungsoo… No…? ¿No te ha dicho nada? -Negué, llevando la mirada al suelo y mordiéndome un labio.- ¿No…Nada? –Chasqueó la lengua.- Mira que le gusta hacer todo al revés… Ya te dije en la playa que no tardaría en pedírtelo… No sé qué está haciendo para tardar tanto.
-Nada, yo creo que le basta con que vivamos juntos… Está bien, tampoco… Es para tanto.- Murmuré procurando sonreír. Sungyeol negó con la cabeza.
-No, no… Puede que Myungsoo sea raro, pero en esas cosas… Ya verás como no tarda en decirte algo. –Dijo convencido. Sentí un calor bajando por toda mi garganta. Ojalá fuera cierto.- ¡Oh! ¡NANA! ¡Nana! ¡Vamos a comer!
Salíamos de allí camino al restaurante, cuando nos encontramos con Myungsoo a mitad de la trayectoria. Iba perdida en mis pensamientos, así que, cuando alcé la mirada hacia él, fui consciente de que estaba al tanto de la última conversación con Sungyeol, que aun resonaba en mi cabeza. Miró a su amigo frunciendo el ceño un momento, divertido.


Saludó a todos con una sonrisa y tomó mi mano, poniéndonos en marcha de nuevo, sin mencionar el tema en lo absoluto.
Cuando llegamos, Myungsoo se quedó en la puerta sin entrar, le miré interrogante y se excusó superficialmente, sin mirarme a los ojos apenas.
-Tengo algunas cosas que preparar, ¿Cenamos esta tarde si quieres? ¿Quedamos a las seis? –Le miré un poco decepcionada.
-Pero se suponía que ibas a comer… Aunque bueno… Sí, sí, claro que cenaré contigo.-Murmuré en un susurro.
Myungsoo me abrazó, y me besó en la frente, sabedor de cuales eran mis pensamientos, instándome a que no me preocupara.
-Realmente te avisé antes… Pero ya veo que sigues sin quitar el modo silencio de tu móvil… Luego nos vemos. ¡Qué aproveche! –Dijo alzando la voz para que los demás también lo oyeran. Se despidió con una sonrisa y siguió su curso.
¿Qué tendría que hacer? Después de todo, no pude evitar sentirme un poco emocionada, imaginando que quizá estaba preparando su declaración. Sonreí como una idiota en medio de la calle, entusiasmada, aunque sin tener la menor idea de que se traería entre manos.

Volví a casa tras la comida, con la idea de descansar un rato, cuando le vi en el salón tumbado tranquilamente.
-¿No estabas ocupado? –Él asintió.- Ya veo…-Murmuré caminando hasta el sofá con los pies descalzos.
-Me estoy tomando un pequeño descanso. ¿Qué tal la comida?
-Bien… Bueno, hablando de la boda y eso… Habría sido mejor si hubieras venido también, aunque fuera para añadir temas de conversación…-Dije con una sonrisa, sentándome a su lado, mientras me dejaba uno de sus auriculares, para compartir lo que estaba escuchando. “Aunque no me importaría que habláramos de boda nosotros también…”-Bueno… Y Señor ocupado, ¿te puedo ayudar en algo?
Giré la cabeza para poder observarle, sin esperar que estuviera a mi lado, mirándome fijamente. Me alejé unos centímetros, sorprendida, antes de volver a sonreír. Le pregunté qué ocurría mientras sonreía algo confundida por su mirada traviesa.
-Creo que a veces te olvidas de que puedo leer tus pensamientos. –Afirmó categóricamente, sin dejar lugar a dudas.
“Entonces actúa como si realmente lo hubieras escuchado…” Myungsoo rio a mi lado, mirando el libro que acababa de coger de la mesilla, sin añadir nada, ni inmutarse.
-Bueno, entonces creo que no necesitas mi ayuda… Voy a descansar un rato…-No apartaba los ojos del texto, y yo no tenía sueño. Quería que me mirase, me contara lo que planeaba y así dejara de sentirme tan extraña e impaciente.
-Bien. A las seis te avisaré para ir a cenar, duerme bien- Dijo levantando su mirada hacia mí y despidiéndome con una sonrisa. Me rendí. Sabía perfectamente lo que estaba pensando y hacía como si nada.


-Hasta luego… -Dije con cierta pena. Al menos podría venir a la cama conmigo… Si no estuviera “ocupado”.
-Sí, quizá luego me eche yo también un rato.- Me volví hacia él mirándole con indignación. “Tendrás morro” – Bueno, si insistes…-Murmuró serio, chasqueando la lengua, corriendo hacia la habitación, arrastrándome a su paso.
Me abrazó en la cama, pasando sus piernas por encima de mis caderas, y su brazo por mis hombros, de tal forma que apenas podía moverme y estuviera totalmente rodeada por él, que se afianzaba a mí con fuerza, cerrando los ojos. Sonreí. Podía ser tan infantil a veces. Sonrió contra la almohada y abrió los ojos en la tenue luz de la habitación para mirarme.
-Sí, soy infantil.-Dijo, abrazándome con más fuerza.-Y terco y caprichoso y puedo saber lo que piensas en cualquier momento… ¿Podrás vivir con eso? –Susurró en voz baja, fijando su mirada en mis ojos, con sinceridad. Asentí sin darme tiempo de pensarlo.
-Infantil es igual a cabezota caprichoso, así que creo que no es para tanto. Solo tienes un defecto.- Dije reflexionando en voz alta.
-Ya es uno más de los que tienes tú.- Murmuró con voz dulce, haciéndome sonreír y enrojecer, mientras negaba.
-Claaro… Como no soy torpe, ni vergonzosa, ni ingenua… -Callé mientras buscaba alguna cosa más que no me gustara de mí.
-¿Y eso son defectos? –Bufó riendo.- Creo que podré sobrevivir. –Murmuró sonriendo, manteniéndome junto a él. “¿Sobrevivir a qué?” Calló, sin mediar ninguna palabra más sobre eso, simplemente dándome un suave beso en la frente.
Cerré los ojos intentando dormir, o al menos, simplemente disfrutar del momento, sin pensar en nada que enturbiara la comodidad y el calor que me proporcionaba su cuerpo.
Eran principios de Diciembre, y la noche se presentó ante nosotros a toda velocidad, fría y oscura. Pasaron las seis, y seguíamos en la cama, sin dormir, pero sin levantarnos tampoco.
-Quizá deberíamos hacer algún viaje… A algún sitio algo más cálido. Estaría bien, ¿no? –Preguntó, siguiendo la línea de mis pensamientos.
-Me gustaría ir a España… -Bostecé.- No sé, querría investigar un poco mis raíces y ver donde está enterrada mi familia, o algo así… ¿Vacaciones investigadoras? –Le dije, sonriendo, intentando que la idea calara. Myungsoo asintió, sin necesidad de tener que convencerle.
-Pues vamos a España… Y volvemos para Navidades. Además… Seguro que hay muchísimos lugares preciosos para hacer fotos.-Se dijo.
-También deberíamos ir a ver a tu padre…-Murmuré, aun sabiendo que aquel tema no le era del todo agradable. De hecho, enmudeció.- Ya lo sé, no fue un gran ejemplo, pero… Nos ayudó mucho esa vez e incluso murió… Deberíamos visitarle aunque fuera una vez. –Le abracé con más fuerza, escondiendo la cara en su pecho. Myungsoo me acarició el pelo, suspirando.


-Supongo que… Debería ir.-Accedió.- Pero solo si vienes conmigo. – Asentí con fuerza, besando su hombro, haciéndole sonreír. Se mordió el labio inferior, y me abrazó. –Son casi las siete, deberíamos ir yendo al restaurante.-Asentí.
-Pero… ¿Para qué todo esto de la cena?
-Para, bueno… ¿No puedo invitarte a cenar?
Le miré desconfiada, entrecerrando los ojos, intentando sonsacarle algo. Pero se dio media vuelta, decidido. ¿En qué estaría pensando?




38# No olvidaremos, solo seguiremos adelante. Todos juntos. (Final)

Estaba allí, frente a ella, aunque se apoyara contra la pared, y su respiración estuviera agitada por el esfuerzo, la herida se hubiera curado del todo en su cuello, y se viera pálido y demacrado, estaba allí. Vivo.
-Myungsoo…-Dijo en un susurro, su mente llenándose de pensamientos agradecidos, aliviados, extasiados por su visión, gritando en su cabeza.
“Estás aquí” “Pensé que no volvería a verte” “¿Estás bien?” “Oh, Dios mío, me alegro tanto…” Él asintió, formándose una medio sonrisa en su cara, dando un paso hacia el frente, cojeando un poco, sin apenas poder moverse un centímetro más. Alzó un brazo hasta ella, intentando alcanzarla, pero no hicieron falta más esfuerzos. Antes incluso de que pudiera extender sus dedos, buscando el rostro de Selene, ésta ya lo estaba hundiendo en su hombro, abrazándole mientras volvía a sentir que se formaban lágrimas en sus ojos, aunque esta vez fueran de felicidad.
Myungsoo dejó descansar su cuerpo en Selene, sintiéndose más ligero estrechándola entre sus brazos. Inspiró entre su pelo, volviendo a sentirse vivo. Sabía muy bien que lo había conseguido por muy poco, era consciente de que podrían no haberse visto nunca más. Pero no fue así, no…

“Myungsoo, Myungsoo, ¿dónde estabas?” Los pensamientos de ella seguían siendo solo para él, llenándolo de dicha. Cuanto había pedido para que sus fuerzas no se desvanecieran en el camino, para poder verla así, temblando bajo su cuerpo, con el corazón exaltado por ese milagro. Apartó la vista hacia el techo, intentando secar inútilmente sus lágrimas. Se mordió los labios, dejando caer unas cálidas lágrimas que se perdieron, deslizándose hasta su mentón. Agitó la cabeza, removiendo su pelo, y se separó unos centímetros de Selene para poder besar su mejilla, su frente, su nariz y los dedos que buscaban su piel, queriéndose asegurar de que era real. Selene sollozó débilmente, sin dejar de sonreír.


No podía parar de observarla, los ojos entreabiertos, la sonrisa que hacía a sus labios sacudirse, sus pómulos cubiertos por su llanto y su rubor. Simplemente, le hipnotizaba, su imagen quedándose grabada a fuego en su memoria. Dudaba de si incluso con la droga que les habían hecho tomar hubiera sido capaz de olvidar aquello.
Sungjong, Woohyun y Nana tenían los ojos casi fuera de sus órbitas, incapaces de creer lo que veían, con la boca abierta y peligro de que se les desencajara la mandíbula. Se pusieron en pie, sin saber muy bien que hacer ahora.
Por el pasillo también se comenzaron a oír pasos cansados, de cinco chicos que llegaban derrotados por la vida y los catastróficos hechos que habían pasado. Miraban al suelo, y suspiraban cada tanto. Alguien les había dicho donde estarían los demás, y había caminado hasta allí, casi sin seguir ningún rumbo, desanimados. Dongwoo y Sungyeol fueron los primeros en levantar la vista, quedándose parados, deteniendo a todos los demás, que alzaron la mirada, aturdidos. Ninguno se esperaba ver lo que vieron.
Selene y Myungsoo se miraban entre emocionados y sonrientes, algo débiles pero eufóricos, perdidos el uno en los ojos del otro, entrelazando sus dedos, con las frentes casi chocando. Una imagen onírica, donde se reflejaba la luz del atardecer con ese color anaranjado tenue, esas sombras claras de un día que tocaba su fin. Myungsoo estaba allí, vivo. De nuevo.
De alguna manera, consiguieron convencerse rápidamente de que era real, y fueron casi corriendo hasta ellos, saludando y gritando como locos, saltando y sonriendo. Bueno, al menos Sungyeol y Dongwoo así lo hicieron. Sungkyu sentía que se iba a desmayar de alivio de un momento a otro y se apoyó abrazando a Hoya, que miraba todo con una gran sonrisa, aunque con ojos incrédulos.
-¡Yaaaah! ¡Myungsoo-yaaah!-Chilló Sungyeol, acercándose hasta él, haciendo que se separa de Selene hasta una distancia considerable, donde pudieran mirar a sus extasiados amigos.- ¡Estás vivo!-Dijo cogiendo su hombro, con una gran, gran sonrisa.
Myungsoo asintió, cogiendo la mano sobre su hombro, respirando feliz, mientras se iba sintiendo mejor aún por momentos. Habían venido todos allí. Hacía tantísimo tiempo que no les veía… Woohyun, Sungjong y Nana también caminaron, dejando su sopor atrás, hasta él, rodeándolo con sonrisas.
-Nunca dejarás de ser extraño… ¡Pero me alegro tanto de que estés bien! Tío, el mundo se nos echaba encima, no voy a dejar que mueras nunca más. ¡Ha sido horrible!-Woohyun escenificó la tormenta con grandes y rimbombantes gestos, señalando la ventana, siendo ayudado en parte por Sungjong, que ponía énfasis en ciertas partes de su relato.
-No, en serio, Myungsoo… Esto es increíble. Menos mal… Que estás aquí de nuevo.-Suspiró Sungkyu, abrazando su espalda.
-¿Pero cómo lo has hecho? Estábamos seguros de que te habíamos perdido y… Apareces aquí…-Se encogió de hombros Hoya, aunque feliz.
Todos asintieron, mirándole inquisitoriamente, esperando una explicación. Myungsoo alzó los brazos con las palmas hacia el frente, indicándoles calma, y sonrió, cogiendo la mano de Selene, y mirándola con cierta complicidad.
-Realmente no ha sido nada especial… Solo que… Volví a despertar y mis poderes se hacen más fuertes cada vez, así que prácticamente hice que el suelo se moviera por mí.-Dijo, intentando quitar importancia a ese asunto.
-Bueno, eso tienes que explicarlo, vamos, vamos.-Dijo casi saltando un hiperactivo Dongwoo, conduciéndoles a todos dentro.

Myungsoo suspiró, y entró con Selene a su espalda, hasta sentarse con cuidado en una silla, que aunque dura, le daba estabilidad y un respiro a sus piernas.
-Pero… Estoy cansado…
-Pues ya estás sentado, venga, cuenta.- Le animó Sungyeol, curioso.
Myungsoo asintió, sonriendo por los pensamientos de todos, que creaban historias increíbles sobre su extraña resurrección. Negó con la cabeza, procediendo a explicar lo que todos querían saber.
Es extraño de explicar, pero realmente nunca he muerto, bueno… No del todo al menos. Solo es mi cuerpo el que muere, yo sigo siendo consciente de lo que ocurre alrededor… No al principio, pero si desde que me metieron en la ambulancia hasta aquí.
No podía usar mi cuerpo, pero sí que escuchaba y sentía.
-Pero así sin más, ¿no te dolía ni podías avisarles de algo? ¿No podías hacer nada?-Murmuró Hoya, inquisitivo.
No, mi cuerpo sí estaba muerto, no podía manejarlo. Tenía mucho sueño y casi me duermo en varias ocasiones, pero el miedo a morir del todo si lo hacía me despertaba siempre.


Todo lo demás es muy borroso y no puedo recordar bien lo que pasó luego… Supongo que estaba luchado para no dormir y seguir lo suficientemente consciente.
Oí a varias personas hablando de mi herida y analizándome, pero enseguida se hizo silencio, y me transportaron a un lugar donde hacía mucho frío. Todo era frío y silencio, sin nada a lo que atenerme para seguir despierto. Era casi imposible no caer bajo el sueño que sentía, de verdad, si hubiera podido darme tortazos, lo habría hecho. Quería escuchar alguna de vuestras voces y me desesperaba saber que no estabais cerca, ni siquiera podía saber que os había pasado, o que me había pasado a mí.
Poco a poco, estando así, comencé a oír algo más que ruidos mecánicos y sentir algo más allá de la fría banqueta de metal sobre la que estaba mi cuerpo. Parecía que había alguien hablando a mí alrededor solo que el sonido… Ahh… Bueno –Myungsoo no sabía si realmente debía decir que podía leerles el pensamiento, quizá eso les daría miedo. Optó por poner una cara inexpresiva y darles una mirada perdida, como si no recordara que iba a decir a continuación.-Desde entonces, seguí el hilo de la conversación que tenía esa persona consigo mismo, y pude mantenerme despierto, sintiéndome más fuerte a cada momento. Recuperé la consciencia sobre mis poderes, casi alimentándome de ellos. De alguna forma en ese momento, supe que Tao había muerto, y así, la extraña energía de cada uno no tenía que ser compartida, por lo que volvía a mí, y me hacía fuerte.
Al fin podía sentir que realmente me iba a salvar, que no estaba todo perdido, pues ya sentía mi cuerpo incluso, ligeramente conseguía mover la punta de los dedos. Solo que entonces…
Descubrieron mi cuerpo, sacándolo de donde estuviera y transportándolo hasta un sitio hermético, en el que no se oía nada, pero… De alguna forma, olía a muerte. De nuevo estaba aislado, pero habiendo recuperado algo de energía, no me sobrevino el sueño, y pude entreabrir los ojos tras varios intentos. Pero lo que encontré…
Como si me hubieran metido ya en un ataúd, estaba en el crematorio, con el fuego delante de mis ojos, el metal a mi espalda comenzándose a mover, para colocarme dentro de aquel horno. Intenté escapar, reunir energía, pero no lo conseguí antes de quedar encerrado en ese lugar.
Por suerte, tengo este poder increíble, que hizo que pudiera volver atrás, invirtiendo el mecanismo que me había colocado allí, sobreviviendo por poco. Después del más que mal trago, me convencí a mí mismo de que daba igual lo que hiciera, tenía que salir, y… Poco a poco, conseguí moverme, abriendo una brecha en la máquina con mi poder, lo suficiente para escapar antes de que se volviera a cerrar, y así esquivando al hombre que trabaja allí, y caminando lentamente, casi por instinto llegué hasta aquí.
-Y ya está… Os dije que no era para tanto…
Todos asintieron, cerrando las bocas abiertas que el relato les había dejado, intentando mantener su compostura, aclarándose las gargantas algunos, mientras otros se recolocan el pelo.


-Bueno, eso de que no es para tanto lo dirás tú… Estabas muerto y has sobrevivido…-Murmuró Sungjong, algo serio, antes de volver a sonreír, haciendo que todos se rieran, liberando la tensión.
-Bueno, entonces, ya no vas a volver a morir, ¿no?- Rio Hoya. Myungsoo negó con la cabeza.
-Espero que no… Hasta dentro de mucho tiempo.
-¿Y Tao?-Preguntó Nana en un susurro. Selene intervino un momento esa vez.
-No sobrevivirá. Fue Momo quien le atacó, así que supongo que su muerte no es igual, no tiene nada de especial… Solo –dijo algo balbuceante, mirando al suelo intermitentemente.- Está muerto.
Todos asintieron, aliviados aunque serios. Nunca era agradable hablar de muerte. Dongwoo, dispuesto a salir de ese lugar de inmediato, puso una mano en el muslo de Sungjong, mirándole sonriendo a su vez, susurrando un “¡¡Gaja!!” animándoles a ponerse en pie, señalando hacia la puerta. Inmediatamente todos se levantaron, movidos por el buen humor de su amigo y contentos de que todo hubiera salido bien, mientras se lo iban creyendo poco a poco, calando en su interior que sus vidas continuaban, y estaban más vivos que nunca.
-Bueno, pues esto ha sido todo, amigos. Ahora… ¡Vamos a comer algo! ¡Habrá que celebrarlo a lo grande!
-No tan rápido Dongwoo… Tenemos que volver a Seúl, nos íbamos a ausentar unas horas… -Dijo Sungkyu, siendo un total aguafiestas. Todos le miraron casi haciendo pucheros.
-Solo un rato, hyung… Necesitamos relajarnos. Ya cogeremos un avión de vuelta en cuanto podamos. Venga, unas copas, un tentempié… ¿Qué me dices? ¿Eh?-Le propuso Woohyun, cogiéndole por los hombros, haciéndole ir caminando hasta la salida. Se dio la vuelta y les hizo un signo de afirmación a los demás. “Estado de Sungkyu hyung: convencido”
Todos corrieron por detrás de ellos, casi saltando, uniéndose al efusivo humor que todos tenían ya. Sungyeol les iba a perseguir, cuando se giró ligeramente, y tomó a Nana de la mano, alcanzándoles juntos, en un gesto que no paso exactamente desapercibido.
De Myungsoo tiraban Hoya y Dongwoo, aunque desadaptándose a su lento ritmo poco a poco, mientras entraban en un gran debate sobre canciones y pasos de baile. Ahora tenía fuerzas para caminar, pero no pudo mantenerse a la altura de sus compañeros, pues fue parándose para volver la vista atrás hacia Selene. Apenas si se había movidos tres o cuatro pasos. Los contemplaba sonriendo ligeramente, observando su energía y vitalidad, respirando profundamente mientras el vago sol seguía ocultándo su luz en el horizonte.


Parpadeó para fijar su vista en Myungsoo, que le extendía la mano, ladeando la cabeza hacia el exterior, donde las risas y los gritos de los demás se perdían paso a paso. Selene agitó imperceptiblemente la cabeza, preguntándose qué hacía para no estar ya junto a Myungsoo, mientras caminaba rápidamente para tomar su mano.
Enseguida se puso en marcha, pero se vio tirada del brazo, cayendo contra el pecho de Myungsoo, abalanzándose hacia él inevitablemente. La abrazó sin previo aviso, estrechándola, apoyándola contra su cuello, dejando que su respiración cayera sobre él. Selene cerró los ojos sonriendo, acomodándose y pasando una mano por su pecho, dejándola donde latía su corazón, de nuevo admirándose de lo que podía hacerle sentir solo aquel sonido. “Debo de estar definitivamente loca.” Myungsoo rio con aquel pensamiento entre resignado y jocoso.
Tomó su mentón entro los dedos, alzando su mirada, buscando sus ojos una vez más, poniendo sus ojos a la misma altura.
-¿Quieres oír un secreto?-Susurró cerca de su oído. Selene asintió confusa, sin ninguna pista de qué podría ser. Myungsoo sonrió, miró hacia el suelo, y se humedeció los labios con su lengua.-Pe-pero solo lo voy a decir una vez, así que estate atenta…- Selene volvió a asentir, elucubrando alguna hipótesis. Myungsoo sonrió antes de volver a mirarla a los ojos, adquiriendo una mirada penetrante, hipnotizante, situando sus manos a ambos lados de su rostro. Respiró hondo.- Antes… Casi me doy por vencido. Solo había oscuridad y estaba tan cansado de aguantar, dolía tanto… Pero cada vez que me sentía demasiado agotado pensaba en ti, en lo mucho que quería volver a verte, de seguir viviendo… Seguía pensando en ti, manteniéndote a mi lado, en mi mente, y me diste la fuerza que necesitaba para sobrevivir. Solo recordándote era capaz de no rendirme, porque sobretodo, quiero estar contigo, porque… Porque te amo.-Terminó en un susurro, enrojeciendo, sin apartar su mirada de Selene.
Ella se había quedado sin palabras, aunque tampoco tuvo tiempo para contestar, antes de que Myungsoo le robara, además de su voz, sus labios, devorándolos en un beso. Tampoco le hacía falta hablar, se dijo sonriendo, tornando sus caricias efusivas, alcanzando sus manos a entrelazarse en su pelo, mientras repetía una y otra vez en su cabeza, las mismas palabras. “Te amo”. Con cada palabra, el pecho de Myungsoo parecía explotar, llevándole a abrazarse a sus caderas, impregnando su beso de la candente pasión que sentía.
Con ella podría viajar hasta el fin del mundo, subir al Cielo y bajar al Infierno al mismo tiempo. Comprenderla sin palabras, cuidarla hasta el fin. No me cansaré jamás de tenerla a mi lado, haciéndola sonreír, curando las heridas que la vida le pueda hacer, siempre prometiéndome no volver a verla triste. Besarla hasta que sus labios mueran, contemplarla hasta que deje de ver, sin que nada en mi vida tenga más sentido que esto que ella me hace sentir. Porque yo soy suyo y ella es mía. Siempre.
Con una última mirada, y un pequeño roce de sus labios, se separaron, ambos sabedores de lo que iba a pasar a continuación. Uno conociendo los pensamientos de sus amigos, y otra oyendo el rugir de los motores que se acercaban a la entrada.
-¡Ehhh! ¡¡Chiiicooos!! Vamos, que los taxis están aquí ya.-Gritó Dongwoo sobresaltando a ambos.


-¡Ya vamos, Dongwoo! Pero… ¿Qué se supone que ha intentado decir? –Preguntó Myungsoo riendo, caminando hacia la salida. Dongwoo estaba tan entusiasmado que apenas se le entendía cuando habló Selene rio junto a él.
-Que ya están los taxis, señor telépata.
-Es verdad… Íbamos a tomar algo.-Murmuró sintiéndose torpe, recordando con un suspiro. Sonrió. Seguía siendo como siempre.


-¡1, 2, 3! ¡Keonbae!-Todos chocaros sus bebidas con sonrisas eufóricas, tomando un trago todos a la vez, bajo aquella luz de neón parpadeante, en un pobre chiringuito de playa, que la tormenta no había arrasado. Aquella parte de la isla no había sufrido demasiado.
Podrían haber multitud de lugares mejores en la ciudad, pero aquel sitio tranquilo, junto al mar les había ganado el corazón. El sonido de las olas, la brisa marina, comida casera recién hecha y la sensación de la fresca arena bajo sus pies descalzos. ¿Se podía pedir algo más?
-¡Hagamos una hoguera! –Propuso un entusiasta Sungyeol, al que enseguida se le sumó Nana, que fue a pedir algo que pudiera prender. Todos la miraron al salir, enseguida volviendo una mirada traviesa a Sungyeol.- ¿Qué?
-¿Cómo que qué? Habla inmediatamente. ¡Confiesa Lee Sungyeol!-Le obligó Woohyun.


Sungyeol sonrió abiertamente, con una mirada pícara, mientras se encogía de hombros. Myungsoo intentó ocultar su risa, sabiendo de antemano lo que estaba pensando hacer.
Cuando Nana regresó todos la miraron de nuevo, dejándola confusa. Sungyeol no perdió un segundo, y la recogió en un abrazo, tras terminar su vaso de licor de un trago. Sonrió, y la besó delante de todos, aunque ella se intentara separar al principio, acabó dejándose llevar, enzarzándose en un beso que les dejó la boca seca a todos.
Selene reía incrédula. Sabía que pasaba algo entre esos dos, pero aun así no dejaba de sorprenderse. Tras eso, Sungyeol sonrió, burlándose de sus caras de pasmo, y la presentó cogiéndola de la cintura.
-Chicos, esta es mi futura esposa. Saludad a Nana.
Nana le miró sin poder creer lo que acababa de decir, mientras todos, tras la sorpresa inicial, no pudieron más que levantarse de sus asientos, gritando y vitoreando aquella afirmación, con ánimos restaurados, riendo también por la valentía de Sungyeol.
Sungyeol les llevó a todos a brindar otra vez, sin soltar a Nana, ni responder a su inverosimilitud con palabras. No, utilizaba su boca para volver a besarla y sonreírla, mientras elevaba sus hombros. “No he podido evitarlo” Finalmente, consiguió una sonrisa por su parte, y un abrazo entusiasta. Una forma de decir sí, sin necesidad de palabras.
Selene y Myungsoo se miraron riendo, encogiéndose de hombros sorprendidos, aunque divertidos, sin poder creer el giro que había dado la noche. Cuando consiguieron encender la hoguera, el tiempo y el esfuerzo fueron recompensados por la preciosa danza del fuego frente a sus ojos, que les daba calor y les hipnotizaba.
Muchos de ellos comenzaron a bailar, a jugar, saltar o incluso fueron a las orillas del mar, entreteniéndose con cualquier cosa. Selene y Myungsoo continuaron allí, sentados, el uno apoyado en el otro, acariciándose al amparo de la oscuridad, Mirándose, y muchas veces riendo con los demás, hasta que llegó el amanecer sobre la playa. Lo miraron cansados, abrazándose para lidiar con el frío de la salida del sol.
-Creo que va siendo hora de volver a casa.-Murmuró Selene contra el hombro de Myungsoo, mirando hacia la playa mientras sentía sus manos abrazar su cintura y sus labios en su cuello.
Su hogar, aquel sitio donde todo había empezado, donde les esperaba una vida entera, que acababa de comenzar. Tantas cosas que pasar juntos, tantos ratos que vivir… Ahora que lo pensaban, estaban deseando regresar allí… Y seguir creando una historia juntos, sin que nada más que los devenires de su propia vida se entrometieran en su camino.


La luna se ocultó tras una espesa nube, despidiéndose por esa noche, dando paso a un nuevo día, brillante y fuerte, con su luz abriéndose paso ante toda adversidad.







-No es posible- Dijo Ryosuke mientras las lágrimas recorrían su pálido rostro. Kiyoshi había quedado con él en una cafetería bastante conocida de la ciudad. Le había dado la noticia de que a Nozomi tan sólo le quedaba una semana de vida.
-Si... cuesta creérselo- También fluyeron las lágrimas en él. -Mi cerebro todavía no ha aceptado que ella se vaya a marchar. Sabes que siempre he sido alguien tímido y solitario, ella me ha ayudado en ese aspecto, hemos estado juntos desde que éramos pequeños, todo con ella era especial y distinto... ahora se marcha- Secó sus lágrimas con la mano.
-¿Cuáles son tus verdaderos sentimientos hacia ella?- El joven conocía bien a su amigo.
-La quiero, no solo como a una amiga o a una hermana- Ryosuke estalló otra vez al escuchar los sentimientos de Kiyoshi. -Por eso quiero que vayas a verla, ella siempre ha estado enamorada de ti, tú eres el que puede hacerla feliz en este tiempo- La frustración le recorría todo el cuerpo, pero no podía enfrentar a la realidad.
Ryosuke seguía llorando, en su cabeza tomó una decisión. Quería recuperar el tiempo perdido de alguna manera, una semana de su vida no era nada comparado con el poder ayudar a Nozomi ser feliz. "Sí, lo haré, la visitaré todos los días, casi las veinticuatro horas estaré con ella" - Tomó aquella decisión y se dirigió al hospital.
Había avisado a su familia de que estos días estaría ocupado. Tenía aquella idea metida en la cabeza y la cumpliría. Llegó al hospital y subió a la habitación que le había dicho Kiyoshi, allí, fuera de la sala, se encontró con los padres de Nozomi. Les explicó la situación, que era un amigo de ella e iría a visitarla todos los días. Sus padres se lo agradecieron entre lágrimas, pero bueno, al fin y al cabo no iba a ser el único que iría, Kiyoshi también, solo ellos dos lo sabían.
Nozomi le dijo a Kiyoshi que Hikari no podía enterarse de esto, así que este se lo ocultaba. ¿Pero durante cuánto tiempo? No lo veía justo para Hikari.
Ryosuke entró en la sala, su corazón se detuvo cuando vio a su amiga en la camilla con la luz de la vida casi apagada.
-Toc toc ¿Se puede?- Bromeó el joven intentando animarla.
En cuanto Nozomi visualizó que era Ryosuke, una sonrisa se le dibujó en el rostro.
-¡Ryosuke! ¿Qué haces tú aquí?-  No se creía que él estuviera ahí.
-He venido a hacerte compañía, vendré estos días- Evitaba el tema -Deberíamos de haber pasado más tiempo juntos estos días- Aquella sonrisa de niño pequeño iluminó el día de Nozomi.
-Ryo... Déjalo- El joven miró impresionado al escuchar Ryo - Sé que sabes que me queda una semana... no es necesario que hagas esto - Suspiró.
-Lo hago porque quiero- Dijo normal y corriente, como si a Nozomi no le pasara nada.
-¿Kiyoshi te ha dicho algo no?- Su expresión era cansada.
-Sí, me ha dicho alguna que otra cosa, es un buen amigo, cuídalo más- Sonrió y bebió de la botella de agua que había en la mesa. Nozomi sonrió.
-Tonto- Se sonrojó.
-Bueno, el día es largo ¿Por dónde empezamos?- Sacó la lengua.
-No se...- Lamía sus labios.
-Ya sé, voy a confesarte una cosa...- Estaba animado, desprendía alegría por todos los costados. No sólo eso, también estaba más guapo de lo normal.
-¿El qué?- Miraba atónita.
-Soy gay- El chico estalló en carcajadas como si lo que había dicho no fuera importante.
-¿Es broma no?- Estaba pálida.
-Que va, llevo enamorado de Kyo desde hace muchos años, además, las mujeres no me atraen- Volvió a tomar un trago de agua.
-¿En serio?-  Seguía sin creérselo.
-¡Qué sí mujer!- Comenzó a reírse. Al poco tiempo Nozomi también comenzó a reírse como una loca.
-No puede ser ¿Por eso estabas tan cerca de Kyo?- No se lo tomó tan mal como pensaba Ryo.
-En el fondo porque somos amigos, pero sí, locamente enamorado-  Guiñó un ojo. - Si quieres te cuento todo lo que me ha pasado, alucinarás- No sabía cómo, pero había animado a Nozomi como nunca lo había hecho, por un momento se le olvidó que le quedaba poco tiempo. La vitalidad de Ryo la hacía sentirse viva. El joven había conseguido lo que buscaba, eliminar de Nozomi cualquier posibilidad de amor con él sin que le doliera demasiado.


Aquella cafetería siempre era el lugar de encuentro de Hikari y Mei, las dos tomaban un café allí.
-Hacía mucho tiempo que no hablábamos- Mei dio un sorbo a su café.
-Si... desde que pasó lo de Sora, no nos hemos visto- Hikari no bebía del café, tenía la mano sujetando al vaso como si se le hubiera quedado pegada.
-Lo siento... Nunca pensé que causaría esos problemas- Miró a Hikari melancólica.
-Dejémonos de estupideces Mei, hablemos seriamente. ¿Fuiste tú quien llamó a la policía?- Soltó el vaso.
-Sí, fui yo- Cruzo los dedos de sus manos.
-¿Sabes que estoy con Kyo verdad?- Su mirada era firme, al igual que su compostura.
-Sí, lo sé. También sé que Sora os desveló todo, o al menos imagino que fue así- Dio un trago largo al café terminándolo.
-Mei... Aléjate de nosotros- Sus ojos húmedos no mostraban pena, si no enfado.
-Hikari... yo...- El grito de la joven la calló.
-¡ALEJATE! Ni se te ocurra poner en peligro nuestra relación, estás loca, igual que lo estaba Sora- Se puso histérica. Su corazón dolía, no soportaba aquella traición de lo que ella creía ser su mejor amiga.
-Loca de amor- Mei seguía sentada, impactada por las palabras de Hikari.
-Cómo fui tan tonta... Al fin y al cabo, cuando el demonio entra en tus vidas, todos creen que es humano- Finalizó aquella escena con la frase que le dijo tiempo atrás, se marchó dejando allí el café sin probar.
Mei se quedó paralizada en el sitio mientras toda la gente que estaba en la cafetería la observaba detenidamente. Las lágrimas comenzaron a caer de sus hermosos ojos.
-No... me... dejes...-


"Estos días los he pasado con Ryu, han sido geniales, siempre sabe como alegrarme" - Pensaba Ryo tumbado en las piernas de Ryu mientras este acariciaba su cabello. Los dos se encontraban en casa del último.
"Mis sentimientos hacía él han ido creciendo poco a poco. No sé qué haría sin él, consigue que Kyo desaparezca poco a poco de mi corazón, es como si él ocupara el puesto que le pertenecía a mi amigo. Tengo miedo de estar equivocándome... ¿Cómo uno puede saber lo que siente? Con Kyo no tuve nada más claro en mi vida, ahora... no sé qué decir" - Pensó el joven cerrando los ojos y sumiéndose en aquella tranquilidad que Ryu le otorgaba.


-¿Qué has hecho qué con Mei?- Se partía de la risa.
-¿De qué te ríes? Si, la mandé a tomar viento por meterse en nuestra relación- Se enfadó debido a que Kyo se rió de algo que a ella le resultó tan difícil.
-Tranquila mi amor- La cogió de la barbilla y la besó, calmándola así.
El movil de Hikari se iluminó en ese momento, lo cogió y leyó el mensaje que había recibido.
"Soy Kiyoshi, tenemos que hablar"- Confundida marcó el número de Kiyoshi y lo llamó.
Kyo observaba la escena desde el sofá hasta que algo le impactó, Hikari dejó caer el móvil al suelo.


"Sakura... soy Ryota... te escribo este mensaje para decirte que me voy. ¿A dónde? Todavía no lo sé, pero nos mudamos. Ahora lo estás pasando mal, imagino, no sé tus problemas y me gustaría haberme quedado más contigo, pero no pudo ser posible. Adiós Sakura, te quiero." Otro de los mensajes de Ryota, el móvil se iluminó, pero no había nadie allí. ¿Le quedaba algo en la vida a la pobre chica? Si lo que aún estaba era Ryota... ya lo había perdido también.


Aquel lugar blanco la ponía nerviosa, no era su sitio ¿Por qué debía de estar ella allí? No era el lugar donde debía estar, ella no era una loca de esas. Sus padres la habían llevado a aquel manicomio.
Apreció que en su ropa tenía un cartel "Kokoa" y también un número.
¿Qué había hecho ella para estar ahí? Solo buscaba estar más guapa, más delgada, más feliz. No comprendía el mal que se hacía pensando así, aunque, para eso estaba en ese lugar, para que le cambiaran la forma de pensar.
¿Cuánto tiempo estaría? No lo sabía, pero deseaba salir ya de aquel lugar. Ahora solo le quedaba esperar y tal vez esforzarse.
El tiempo pasará y con ello su mejoría vendrá.


-¿Cuál es el motivo por el que te marchas? - Preguntó Mei a Takara que la tenía en frente sentada en un banco.
-Dinero, mis padres han encontrado un trabajo mejor fuera de Tokio, en Osaka- Estaba más calmada de lo normal.
-No entiendo porque me has llamado ¿Quieres despedirte de mí?- Acariciaba su pelo mostrando así aquella manía que tenía.
-Sí, al fin y al cabo entre nosotras siempre hubo algo ¿No? No se le podría llamar amistad, pero te admiraba... no, perdón, te admiro- Miró a Mei y le sonrió.
-¿Admiración? ¿Por qué?- No podía comprender porque era digna de admirar, a pesar de su imagen fuerte y confiada, en el fondo era débil y tenía miedo.
-Sí, eres tan guapa, inteligente, caes genial a todo el mundo, no sé, lo tienes todo, eres lo contrario a mí- A pesar de sus palabras, no estaba triste.
-Te equivocas, no deberías de admirarme- Suspiró.
-Es gratificante ver que eres humana- Soltó una pequeña risa.
-¿Cómo?- Preguntó confusa.
-Mei, has perdido tu brillo. No sé qué te pasa, algo te está afectando. Te conozco bien y sé que algo falla en ti. Al menos se puede apreciar que eres humana, que también hay cosas en tu vida que fallan- Takara estaba bastante animada y la sonrisa no se le desvanecía ni un momento.
-¿Lo notas ahora? Mi vida nunca ha funcionado- Mordió su labio, sus hermosos ojos se humedecieron.
-¿No te arrepentirás de lo que haces? Mei, tu vida no va  a funcionar de un día para otro si esa persona entra en ella- Su rostro se tornó más serio.
-No, no me arrepentiré. Lo he hecho por amor- Una lagrima recorrió su mejilla.
-Increíble, el poder del amor es tan grande. Pensaba que eras imposible de derribar, pero veo que nada puede sostenerse cuando el terremoto del amor ataca- Comenzó a reírse de sus propias palabras.
-Espero que te vaya bien en Osaka- Cambió de tema bruscamente.

-Sí, comenzaré una nueva vida- Guiñó un ojo.
    El día paso rápido, los tres estuvimos ocupados, de reunión en reunión. Durante el día Hyun Soo, Jaejoong y yo habíamos decidido que en estos cuatro días tendría una cita con cada uno a lo largo de cada día, dependiendo de como surgieran las cosas estira más o menos tiempo con cada uno. Me sorprendió mucho la manera tan abierta con la que Jae y Hyun Soo hablaban de este tema, cuando discutimos sobre como lo haríamos y eso, ellos lo hablaron tranquilamente e incluso bromearon sobre ello, creo que durante le tiempo que los he conocido los dos han madurado mucho. La imagen que me dio Jae la primera vez que lo conocí fue de alguien realmente encantador y atento pero la semana siguiente se comportaba de una manera muy odiosa conmigo, aunque es obvio que eso ahora ha cambiado un poco, he visto todas las facetas de Jae, la triste, la contenta, la asustada, la tierna, la sexy, me gusta presumir de que lo conozco bastante bien, pero aun así hay veces que sigo sintiendo que no soy nadie para el aparte de su secretaria y eso me duele. Respecto a Hyun Soo, la manera en la que ahora lo veo ha cambiado mucho respecto a los días anteriores, desde que el y Jae tuvieron esa conversación, todo lo que hizo por el, todo lo que ha luchado me ha descubierto al verdadero Hyun Soo a alguien con mucho amor para dar a alguien que cuida y protege a los que le importan, alguien que prefiere ser odiado que ver sufrir a la persona que quiere. Alguien fuerte, valiente. En cierta manera los dos se parecen mucho y son muy distintos, cada uno siente y vive las cosas de maneras muy distintas, viven como pueden y como quieren y en este momento los dos esperan mi respuesta.


-Ria, ¿Estas lista? No se porque siempre te tengo que esperar, eres la persona más lenta de este mundo, no sabes lo que es la puntualidad....no supongo que no....menos mal que por lo menos aquí no hay escaleras... -Me dijo Jaejoong al otro lado de la puerta de mi habitación.-
-Te quieres callar de una vez me estas poniendo nerviosa...
-Si si yo me cayo pero sal ya.

Justo después de que Jaejoong terminara esa frase abrí la puerta de mi habitación y salí al pasillo. Jae me miraba con la boca abierta como si fuera la primera vez en su vida que me había visto, se había quedado totalmente embobado mirándome de arriba a abajo. Cuando por fin bajo al mundo real y consiguió cerrar la boca me dijo:
-R-r-riaa estas preciosa.
-Tu también estas muy guapo, como siempre. ¿Bueno y a donde vamos a ir?
-Es una sorpresa.... - Me dijo mientras sacaba un pañuelo de su bolsillo y me tapaba los ojos, después me cogió de la mano y me obligo a ir tras el.-
Seguimos un rato en linea recta y luego giramos un par de veces, finalmente nos subimos a un ascensor por lo que deduje que seguíamos dentro del hotel, al salir del ascensor note frio, note como el aire se chocaba contra mi y me ponía la piel de gallina, Jaejoong finalmente me quito el pañuelo de los ojos, muy lentamente para mantener el suspense. Cuando por fin pude ver con claridad el sitio donde estábamos me quede totalmente impresionada, estábamos en la azotea del hotel, desde donde se podía ver todo Belin, las vistas era las más bonitas e impresionantes que había visto en mi vida. En el centro había una pequeña mesa en la que habían dos sillas, encima de la mesa estaba nuestra cena. Jaejoong había pensado cada pequeño detalle, como era de noche y no había luz dos grandes velas iluminaban la mesa, también alrededor de la barandilla había flores que la rodeaban de un extremo al otro.
-Oh, Jaejoong esto es realmente precioso. Muchísimas gracias. -Jaejoong se acerco hasta mi y me dio un pequeño beso en la cabeza.-
-Gracias a ti Ria por compartirlo conmigo. ¿Nos sentamos? Que la cena se nos enfría.
-Si si, que tengo mucha hambre. -Le dije mientra me acercaba a la mesa y me frotaba la barriga de una manera muy graciosa que hizo que Jae se riera.-
Los dos nos sentamos a comer y disfrutamos de la compañía mutua. Nos lo estamos pasando en grande no parábamos de reírnos y de hacer los tontos, eramos como dos críos intentando jugar a ser adultos, con vestidos largos y trajes de chaqueta. Hubo una pausa entre nosotros en la que yo aproveche para preguntarle una duda a Jae que había hecho que me comiera la cabeza durante todo el día.
-Jaejoong....¿Puedo hacerte una pregunta?
-Si, supongo que si.
-¿Si yo hubiera venido contigo a este viaje tu....tu hubieras ido a la habitación de Cristina?
-Ria.... porque me preguntas esto ahora...
-Jaejoong contéstame....hubiera ido si o no.
-No lo se Ria... las cosas entre tu y yo siempre han ido bien... nos gustamos o por lo menos tu a mi me gustas... pero nunca hemos sido algo más que amigos, quiero estar contigo, quiero que estemos juntos....
-Hubieras ido o no.
-Si.... si ella me hace olvidar que no te tengo si.
-Me lo estas diciendo enserio Jaejoong.......¿Estas bromeando? ¿SERIAS CAPAZ DE ESTAR CON ALGUIEN A QUIEN NO QUIERES, DE BESARLA Y DE SENTIRLA SIN SABER NI COMO ES? SERIAS CAPAZ DE ESO JAE ME LO DICES ENSERIO! -Le dije mientas las lagrimas empezaban a caer por mi rostro.-
-Si.
-PUES QUIZAS QUIERAS A IR A SU HABITACIÓN EN LUGAR DE ESTAR AQUI CONMIGO... ELLA TE TRATARA COMO UN HOMBRE, NO ESO LO QUE QUIERES OLVIDAR QUE NO SOY TUYA...
-RIA ESTAS SACANDO LAS COSAS DE CONTESTO YO NO HE DICHO ESO!! PERO QUIZAS TENGAS RAZÓN Y DEBA IRME PORQUE LA QUE PARECE QUE NO QUIERE QUE ESTE AQUI ERES TU!!!!! -Me dijo mientras se levantaba de la silla y me marchaba de allí sin decir nada más y dejándome a mi llorando en la silla, sola.-

Mis lagrimas seguían cayendo, sentía tanto dolor dentro de mi, el imaginarme a Jae con esa mujer, besandola y dándole todo el amor que no le pertenece me parecía tan injusto y cruel. Lo peor es que yo le había incitado a que se marchara y a que se fuera con ella, parte de la culpa era mía y no me sentía orgullosa de ello. Me sentía decepcionada de Jae de que pudiera llegar a hacer ese tipo de cosas sin sentirlas realmente, todo para poder intentar olvidarme. Mirase por donde lo mirase me sentía culpable y mis lagrimas aun caían con muchísima mas fuerza que antes por este motivo. Mientras lloraba desconsoladamente en aquella silla, sentí una mano que me toco por la espalda que se arrodillo al lado mía y que giro mi silla para que pudiera mirarle.
-Hyu-n Soo.... -Le dije medio balbuceando entre lagrimas.-
-Riaaaa, ¿Porque lloras? He visto salir a Jaejoong muy cabreado del ascensor y te he estado buscando por todo el edificio, ¿que ha pasado?
-Yo.... yo... lo siento tanto... no quiero que.... no.....el y ella.... ha sido mi culpa.... -Le dije mientras le daba un abrazo, intentando aferrarme a él, intentando que mi dolor desapareciera, que mis ojos dejaran de llorar y encontrar en él el consuelo que necesitaba.-

-No Ria... no es tu culpa nada de esto es tu culpa.... - Me dijo susurandome al oído mientras me tocaba el pelo dulcemente, después se fue alejando muy lentamente de mi hasta que nuestros rostros quedaron el uno en frente del otro, siendo nuestras respiraciones, con su mano limpio mis lagrimas que ya que habían dejado de salir, sus labios se fueron acercando hasta los míos hasta que los dos se fundieron un dulce beso, su boca jugaba con la mía placer, sentía el roce de su mano deslizándose por todo mi cuello y el calor de sus labios junto a los míos.-El día paso rápido, los tres estuvimos ocupados, de reunión en reunión. Durante el día Hyun Soo, Jaejoong y yo habíamos decidido que en estos cuatro días tendría una cita con cada uno a lo largo de cada día, dependiendo de como surgieran las cosas estira más o menos tiempo con cada uno. Me sorprendió mucho la manera tan abierta con la que Jae y Hyun Soo hablaban de este tema, cuando discutimos sobre como lo haríamos y eso, ellos lo hablaron tranquilamente e incluso bromearon sobre ello, creo que durante le tiempo que los he conocido los dos han madurado mucho. La imagen que me dio Jae la primera vez que lo conocí fue de alguien realmente encantador y atento pero la semana siguiente se comportaba de una manera muy odiosa conmigo, aunque es obvio que eso ahora ha cambiado un poco, he visto todas las facetas de Jae, la triste, la contenta, la asustada, la tierna, la sexy, me gusta presumir de que lo conozco bastante bien, pero aun así hay veces que sigo sintiendo que no soy nadie para el aparte de su secretaria y eso me duele. Respecto a Hyun Soo, la manera en la que ahora lo veo ha cambiado mucho respecto a los días anteriores, desde que el y Jae tuvieron esa conversación, todo lo que hizo por el, todo lo que ha luchado me ha descubierto al verdadero Hyun Soo a alguien con mucho amor para dar a alguien que cuida y protege a los que le importan, alguien que prefiere ser odiado que ver sufrir a la persona que quiere. Alguien fuerte, valiente. En cierta manera los dos se parecen mucho y son muy distintos, cada uno siente y vive las cosas de maneras muy distintas, viven como pueden y como quieren y en este momento los dos esperan mi respuesta.


-Ria, ¿Estas lista? No se porque siempre te tengo que esperar, eres la persona más lenta de este mundo, no sabes lo que es la puntualidad....no supongo que no....menos mal que por lo menos aquí no hay escaleras... -Me dijo Jaejoong al otro lado de la puerta de mi habitación.-
-Te quieres callar de una vez me estas poniendo nerviosa...
-Si si yo me cayo pero sal ya.

Justo después de que Jaejoong terminara esa frase abrí la puerta de mi habitación y salí al pasillo. Jae me miraba con la boca abierta como si fuera la primera vez en su vida que me había visto, se había quedado totalmente embobado mirándome de arriba a abajo. Cuando por fin bajo al mundo real y consiguió cerrar la boca me dijo:
-R-r-riaa estas preciosa.
-Tu también estas muy guapo, como siempre. ¿Bueno y a donde vamos a ir?
-Es una sorpresa.... - Me dijo mientras sacaba un pañuelo de su bolsillo y me tapaba los ojos, después me cogió de la mano y me obligo a ir tras el.-
Seguimos un rato en linea recta y luego giramos un par de veces, finalmente nos subimos a un ascensor por lo que deduje que seguíamos dentro del hotel, al salir del ascensor note frio, note como el aire se chocaba contra mi y me ponía la piel de gallina, Jaejoong finalmente me quito el pañuelo de los ojos, muy lentamente para mantener el suspense. Cuando por fin pude ver con claridad el sitio donde estábamos me quede totalmente impresionada, estábamos en la azotea del hotel, desde donde se podía ver todo Belin, las vistas era las más bonitas e impresionantes que había visto en mi vida. En el centro había una pequeña mesa en la que habían dos sillas, encima de la mesa estaba nuestra cena. Jaejoong había pensado cada pequeño detalle, como era de noche y no había luz dos grandes velas iluminaban la mesa, también alrededor de la barandilla había flores que la rodeaban de un extremo al otro.
-Oh, Jaejoong esto es realmente precioso. Muchísimas gracias. -Jaejoong se acerco hasta mi y me dio un pequeño beso en la cabeza.-
-Gracias a ti Ria por compartirlo conmigo. ¿Nos sentamos? Que la cena se nos enfría.
-Si si, que tengo mucha hambre. -Le dije mientra me acercaba a la mesa y me frotaba la barriga de una manera muy graciosa que hizo que Jae se riera.-
Los dos nos sentamos a comer y disfrutamos de la compañía mutua. Nos lo estamos pasando en grande no parábamos de reírnos y de hacer los tontos, eramos como dos críos intentando jugar a ser adultos, con vestidos largos y trajes de chaqueta. Hubo una pausa entre nosotros en la que yo aproveche para preguntarle una duda a Jae que había hecho que me comiera la cabeza durante todo el día.
-Jaejoong....¿Puedo hacerte una pregunta?
-Si, supongo que si.
-¿Si yo hubiera venido contigo a este viaje tu....tu hubieras ido a la habitación de Cristina?
-Ria.... porque me preguntas esto ahora...
-Jaejoong contéstame....hubiera ido si o no.
-No lo se Ria... las cosas entre tu y yo siempre han ido bien... nos gustamos o por lo menos tu a mi me gustas... pero nunca hemos sido algo más que amigos, quiero estar contigo, quiero que estemos juntos....
-Hubieras ido o no.
-Si.... si ella me hace olvidar que no te tengo si.
-Me lo estas diciendo enserio Jaejoong.......¿Estas bromeando? ¿SERIAS CAPAZ DE ESTAR CON ALGUIEN A QUIEN NO QUIERES, DE BESARLA Y DE SENTIRLA SIN SABER NI COMO ES? SERIAS CAPAZ DE ESO JAE ME LO DICES ENSERIO! -Le dije mientas las lagrimas empezaban a caer por mi rostro.-
-Si.
-PUES QUIZAS QUIERAS A IR A SU HABITACIÓN EN LUGAR DE ESTAR AQUI CONMIGO... ELLA TE TRATARA COMO UN HOMBRE, NO ESO LO QUE QUIERES OLVIDAR QUE NO SOY TUYA...
-RIA ESTAS SACANDO LAS COSAS DE CONTESTO YO NO HE DICHO ESO!! PERO QUIZAS TENGAS RAZÓN Y DEBA IRME PORQUE LA QUE PARECE QUE NO QUIERE QUE ESTE AQUI ERES TU!!!!! -Me dijo mientras se levantaba de la silla y me marchaba de allí sin decir nada más y dejándome a mi llorando en la silla, sola.-

Mis lagrimas seguían cayendo, sentía tanto dolor dentro de mi, el imaginarme a Jae con esa mujer, besandola y dándole todo el amor que no le pertenece me parecía tan injusto y cruel. Lo peor es que yo le había incitado a que se marchara y a que se fuera con ella, parte de la culpa era mía y no me sentía orgullosa de ello. Me sentía decepcionada de Jae de que pudiera llegar a hacer ese tipo de cosas sin sentirlas realmente, todo para poder intentar olvidarme. Mirase por donde lo mirase me sentía culpable y mis lagrimas aun caían con muchísima mas fuerza que antes por este motivo. Mientras lloraba desconsoladamente en aquella silla, sentí una mano que me toco por la espalda que se arrodillo al lado mía y que giro mi silla para que pudiera mirarle.
-Hyu-n Soo.... -Le dije medio balbuceando entre lagrimas.-
-Riaaaa, ¿Porque lloras? He visto salir a Jaejoong muy cabreado del ascensor y te he estado buscando por todo el edificio, ¿que ha pasado?
-Yo.... yo... lo siento tanto... no quiero que.... no.....el y ella.... ha sido mi culpa.... -Le dije mientras le daba un abrazo, intentando aferrarme a él, intentando que mi dolor desapareciera, que mis ojos dejaran de llorar y encontrar en él el consuelo que necesitaba.-
-No Ria... no es tu culpa nada de esto es tu culpa.... - Me dijo susurandome al oído mientras me tocaba el pelo dulcemente, después se fue alejando muy lentamente de mi hasta que nuestros rostros quedaron el uno en frente del otro, siendo nuestras respiraciones, con su mano limpio mis lagrimas que ya que habían dejado de salir, sus labios se fueron acercando hasta los míos hasta que los dos se fundieron un dulce beso, su boca jugaba con la mía placer, sentía el roce de su mano deslizándose por todo mi cuello y el calor de sus labios junto a los míos.-