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Subíamos por el ascensor de cristal, elevándonos sobre Seúl hasta una altura increíble. Las pequeñas luces quedaron a nuestros pies, extendiéndose ante nosotros como una gran alfombra. El restaurante tenía unas vistas preciosas, parecía todo sacado de una película.
-Bienvenida a la Torre de Seúl.-Dijo Myungsoo con los brazos abiertos. Sonreía como un niño pequeño. “Ahh… Kim Myungsoo”-Así disfrutaremos de las vistas, además de la comida y la compañía.
El corazón en mi pecho saltaba entusiasmado, dando vueltas una y otra vez, gritando en mi cabeza, que, si no me pedía matrimonio en ese sitio, no lo haría nunca. Él no decía nada. Quizá me estaba obsesionando con el tema, suspiré mirando hacia el cristal de la ventana.
La comida fue exquisita, a la luz de las velas, con la ciudad moviéndose sin pausa por allá abajo. Se respiraba tranquilidad, casi no había ningún ruido, y la música era suave. Se podía hablar sin tener que elevar la voz y los camareros estaban siempre atentos para cuando necesitáramos más bebido o hubiéramos terminado los platos. Myungsoo apenas apartaba la mirada de su cena, sumido en algún otro mundo, aunque sonriendo y sin perder detalle de lo que yo decía, o lo que pensaba.
“¿Sucede algo?” Siempre negaba y me animaba a seguir comiendo, o a probar algo de su plato, llevando su tenedor hasta mi boca riendo con ternura. Quizá era yo la que me sentía demasiado nerviosa, dando importancia a todo, por mínimo que fuera. Pero…
-¿De verdad no te pasa nada?
Suspiró, y volvió la vista atrás, asegurándose de que nadie le viera acercarse a mí en aquella especie de sofá. Se sentó a mi lado, posando su mano sobre mi pierna, haciéndome temblar. Se dio cuenta y me rodeo el torso, abrazándome lentamente, mirando mis ojos sin apartar la vista ni un momento.
-No ocurre nada.
Y entonces… ¿Por qué parecía estar nervioso? Su rostro no le delataba, pero su cuerpo lo hacía muy bien. Y eso me alteraba a mí también. En pocos segundos me di cuenta de que faltaba el postre. “¿Pasa algo con el postre?” El rio, humedeciéndose los labios con la lengua en un pequeño gesto, restándole importancia.
-No, no pasa nada. Selene, solo celebremos que vamos trabajar juntos, ¿ne?
-Vaaale…- Murmuré cogiendo una gran cucharada de la mousse de limón que había pedido, mientras él daba cuenta de su helado.


No quería tampoco pensar demasiado, pero tenía ilusiones puestas en esa cena. Quizá un anillo en el postre, o alguna sorpresa inesperada. Algo que se saliera de lo normal… Pero nada. Una cena completamente ordinaria, charlando, contemplando la ciudad, riendo y comiendo esos manjares. No tenía ningún motivo para quejarme, pero me sentía algo decepcionada.
Suspiro tras suspiro, llegamos a casa bastante tarde, aunque en mi pecho el corazón seguía retumbándome. Quizá la sorpresa estuviera allí, ahora. Puede que hubiera mandado a alguien montarlo mientras estábamos fuera…
Pero no, nada. Con un suspiro recorrí sigilosamente la casa, buscando cualquier excusa mentalmente para ir a la cocina y al salón. Hundí los hombros y fui a la habitación, para cambiarme y meterme bajo las sábanas a dormir. No estaba de humor para otra cosa.
“Es una tontería, vamos Selene, anímate.” Sentí la fría tela bajo mi cuerpo, temblando, abrazándome a la almohada. Myungsoo estaba en el baño, así que traté de calmar mis pensamientos para cuando volviera. “Estamos bien así” “¿Por qué necesitaríamos nada más?” “Me quiere, eso es lo único que importa”. Aun así, esperé que durmiéramos enseguida esa noche, no me sentía con ganas de nada más.
Cuando se metió en la cama, yo estaba ya adormilada, me dio un beso de buenas noches y apagó las luces. A los cinco minutos volvió a levantarse, pues se le había olvidado tomar agua, así que fue a la cocina. Asentí sin abrir los ojos.
Solo cuando tardó demasiado, me di cuenta de lo rápido que latía su corazón cuando se había marchado, y del silencio que provenía de la cocina, por no hablar de lo fácil que habría sido mover una botella hasta allí con sus poderes.
¿Qué estaría haciendo? “Quizá…” Fruncí el ceño, sin querer imaginarme lo que se me pasaba por la mente. Quizá había oído mis pensamientos y quería hacer algo más que dormir esa noche, así que… ¿Se había ido a calmar su cuerpo? Enrojecí, negando con la cabeza en el aire. No, no tenía demasiado sentido. Aun así agudicé el oído, por si escuchaba alguna cosa… Pero solo oía sus latidos y respiración en alguna parte de la casa.
La puerta se entreabrió en ese momento, y me incorporé, algo nerviosa. Una bengala encendida se coló dentro, lanzando chispas a su alrededor, consumiéndose según avanzaba hacia mí, hasta posarse en el suelo, escondiéndose bajo la cama. Perseguí su luz, hasta mirar que había allí abajo. Una carta y una esponja con una curiosa forma parecida a un corazón.
Dos bengalas más se unieron a la anterior para dejarme leer lo que ponía en ese trozo de papel.
“Desde aquella pequeña caída, vi tus ojos en esa estación de tren, y no he podido sacarme tu imagen de la cabeza. Desde entonces, hasta ahora. Siempre has estado presente de alguna forma en todo lo que pensaba, sin que pudiera evitarlo.
No importa que no puedas saber en lo que pienso, porque siempre pienso en ti.
Y ahora… ¿Podrías llevar esta esponja sin dueño a su sitio? Creo que hay algo esperando…”
Me levanté con el corazón en un puño y la respiración agitada. ¿Y eso? ¿Qué había estado preparando? No podía creer que fuera real, pero mi organismo ya danzaba felizmente sin mi consentimiento.
Corrí veloz hasta el aseo, recorriéndolo con la mirada de arriba abajo, esponja en mano. Dentro de la bañera, encontré una nueva carta y una manzana cortada a forma de carita sonriente.
“Creo que aún no te he dado las gracias por todo. Por cambiar mi vida y hacerme sentir algo más. Nunca sobresalí en nada especialmente, y lo único que me gustaba era la fotografía y la música, hasta que llegaste tú, como un verdadero rayo de sol.
Gracias, Selene.
¿Has visto esa manzana traviesa? Creo que se ha perdido, necesita un frigorífico urgentemente.”


Sonreí, apenas sin darme cuenta de que una lágrima rodaba por mi mejilla, pues estaba demasiado ocupada llevando la fruta a la cocina, guiada por nuevas bengalas que alumbraron mi camino, aunque veía perfectamente. De nuevo, encontré una carta y un pequeño libro. Abrí el sobre sin darme tiempo a nada más.
“Me has hecho valiente, pues a nada temo enfrentarte si se trata de ti. Todo lo que hemos superado juntos, puede que ahora parezca lejano e irreal, pero no deja de ser asombroso. Me has hecho fuerte y afortunado. Me has hecho crecer, y aprender a vivir.
Gracias a ti he descubierto una cosa…
Pero antes, este libro necesita volver con su familia, ¿te apiadarás de él?”
Asentí, sonriendo en el silencio de la casa, sin poder creer lo que estaba sucediendo, crucé la puerta, para llegar a la mesa de café del salón. Nueva carta, y una chaqueta. Pero antes de poder abrirla, las bengalas se alejaron de mí, yendo hasta las paredes… Recubiertas con fotos nuestras. Me acerqué con la boca abierta. Todos esos momentos… La playa, aquellas mañanas en las que su cámara quedaba en mis manos, y multitud de fotos mías, tomadas sin que yo me diera cuenta, en todas las situaciones posibles. Allí estaba, mirando al infinito en la terraza, escuchando música, cocinando, dormida, caminando por la calle… “Cuando…?” Me pregunté confundida.
“Siempre tan hermosa: pensando en mil cosas a la vez, consciente de todo, amante de los pequeños detalles y despistada. Esa mirada soñadora e inocente y tu hablar bohemio. ¿Aún te preguntas por qué te quiero?
Porque no puedo vivir sin ti, necesito tu sonrisa para que mi día sea completo. Si no estás, no soy. No me imagino mi vida sin ti, no me faltes nunca, quédate junto a mí.
Seguir creando recuerdos, nuestros días, nuestras noches, los buenos momentos y los malos que superaremos si tienen que venir. Contigo soy capaz de hacer frente a cualquier cosa. Sabes por qué, ¿verdad?
Ponte esto, no cojas frío.”
Con nuevas lágrimas cayendo de mis ojos, me coloqué la chaqueta, preparándome mentalmente para lo que pudiera encontrar ahí fuera, aunque… Sonreí. No quería adelantar acontecimientos, ni darme demasiadas esperanzas.


Con cuidado, salí a la terraza, encontrando una pequeña mesa cubierta de velas, creando una forma extraña sobre la madera. “Saranghe” Leí escrito en el patrón que seguían. Me tapé la boca, reprimiendo un sollozo, y caminé hasta que pude ver mejor lo que había allí encima, encontrando una pequeña caja negra, forrada de terciopelo.
Abrí lentamente, deseando que… Sí, sí, ¡Sí! Era un anillo. Había un pequeño papel doblado allí dentro, que procedí a leer, devorándolo con la vista.
“¿Querrás pasar el resto de tu vida conmigo?”
Me di la vuelta, para encontrar a Myungsoo a escasos centímetros, de nuevo mirándome con sus ojos negros, alcanzando a ver mi alma con una mirada. Pestañeó y se mordió el labio, antes de acariciar mi mejilla suavemente, medio abrazándome, dejando que su boca cayera en mi oído lentamente. O simplemente era mi corazón el que iba demasiado rápido, ralentizando todo lo demás.
-Selene… ¿Te casarás conmigo? –Murmuró con voz clara, profunda. Sus dedos temblando sobre mi piel.


¿Podía dudar de cuál sería la respuesta? Solté el aire con incredulidad, dejando a mis ojos llorar cuanto quisieran, afianzándome al cuerpo de Myungsoo, tomándolo como real, y no como un bonito sueño. Me pellizqué, y le pellizqué a él también de paso, haciéndole reír con una pequeña mueca de dolor.
-Por supuesto que sí.- Pronuncié con énfasis, sonriendo, cerrando los ojos, sin poder ver más allá de las lágrimas.
Me secó la piel, acariciando mi rostro una vez más, acertando a encontrarse con mi mirada. Tanta ternura… Y sus labios curvándose en una preciosa sonrisa. No podía casi respirar de felicidad. “¿Por qué has tardado tanto?” Le pregunté sin poder articular ninguna palabra. Se rascó la cabeza un momento, dubitativo.
-No sabía cómo… Lo siento.
Ni que hiciera ninguna falta perdonarle, me dije, tomando su cara entre mis manos, alcanzando a besar sus labios, tomándole algo desprevenido. Con el corazón agitado, me respondió con la misma pasión, abrazando mi cuerpo, arropándome del frío. No sentía nada más, podría estar nevando, que no me importaría algo más que sus mejillas sonrosadas, sus ardientes labios, y sus ojos negros, como el cielo esa noche.
Cada día junto a él era completamente nuevo, siempre cálido, aunque fuera hiciera frío y el sol se escondiera; siempre radiante y fresco. Con su sonrisa y su mirada iluminando mi camino, caminando de la mano, siempre juntos. Ese sentimiento inmortal, tenaz, más fuerte que nosotros mismos, residía en nosotros, manteniéndonos en pie, fuertes.
-Yahh… Kim Myungsoo, te amo.
Sonrió en la noche, acariciando mi rostro, con ojos brillando, emocionado. Se mordió el labio inferior, controlando sus traviesas lágrimas, intentado seguir sonriendo para mí. Torció la cara en una mueca, sorbiendo su nariz, sin dejar escapar mi cara de entre sus manos.
-No más de lo que yo a ti.





Nota del escritor:
Echaré de menos escribir esta historia, pero todo tiene un final. Espero que este en especial, os haya gustado ^^
Muchas gracias por leerlo, y seguir la historia ^^
=D Me alegro de haberlo compartido, y haber tenido la fuerza para llegar hasta el final escribiendo, es la única historia que he acabado, y le he cogido una cariño especial.
Amiau, no me quiero alargar mucho más.
Gracias de nuevo ^^ Nos leemos, ¿ne?






-¡Selene-yaah! ¡Mira, mira!-Me gritaba Myungsoo entusiasmado con algo que no llegaba a ver.
Me senté junto a él en el sofá, aun con sueño, bostezando. ¿Qué pasaba? Giró su ordenador portátil hasta mí, y pude ver varias de las fotografías que me había hecho anteriormente. Maquetadas, con texto a su alrededor… En una revista.
-¿Esas no son…? –Murmuré ladeando la cabeza confusa.
-¡Sí! Son las fotos que mandé, las han incluido en la nueva edición, y de hecho me han felicitado por la modelo, y me han pedido que trabajemos juntos para ellos más veces. –Dijo rápidamente, sonriendo, y casi desprendiendo felicidad en forma de chispas por sus ojos.
-Entonces… ¿Trabajaremos juntos? ¿Y seré… Modelo? –Era increíble, y sonreí también conforme con la idea aunque… “Estudiar cinco años de farmacia para esto…”
Myungsoo se abrazó a mí con una risa, acariciando mi espalda, a modo de ligero consuelo.
-Tomaré eso como un sí. –Murmuró.
Resoplé en su hombro, abrazándome a él, asintiendo, acariciando su cuello levemente. Esa piel tan suave. Inspiré sobre él, reconfortándome con la sensación de estar entre sus brazos. Jamás me cansaría de estar a su lado.
Se apartó de mí un segundo, dejando nuestros labios a escasos centímetros, mirándome a los ojos. Sonreí y me acerqué a él casi por instinto, abriendo mi boca levemente. Subió sus manos hasta mis hombros, rodeándome gentilmente…
“Purple line let me set on my world (my world)…”
Su móvil sobre la mesa comenzó a sonar frenético. Con un suspiró, se separó de mí, soltando mi cuerpo con una última caricia resignada y descolgó. “Hola… Sí… Sí…Te la paso” Me miró encogiéndose de hombros y me cedió su móvil, volviendo la atención a la pantalla de su ordenador.
-¿Sí?-Pregunté extrañada.
-¡Selene! ¿Se puede saber dónde tienes el móvil? Te estado llamando desde hace un buen rato…-Me espetó Nana con voz enfadada.
-Ahhh… Es que lo tengo en la habitación… En modo silencio… ¿Qu-qué pasa?
-De verdad… ¿Para qué quieres el móvil? Ay…-Suspiró al aparato.- Estoy comprando unas cuantas cosas y necesito tu opinión, y luego seguramente iré a por el vestido… Así que, ¿te puedes venir? Luego también se acercará Sungyeol, dile a Myungsoo que si se viene a comer, ¿vale? –Resoplé mirando la hora. Tan temprano… ¿De compras?- Nada de “puffff….”
Que te he oído. Te espero abajo, date prisa. Byee…- Colgó descaradamente, sin darme tiempo a replicar.
Me desvanecí en el sofá, sin ganas de moverme de casa, pero obligada a salir inminentemente. Me colé por debajo del brazo de Myungsoo, apoyándome sobre sus piernas, espiando lo que hacía un momento antes de tener que ir a arreglarme. Rio y me agitó el pelo.


-Luego me paso a comer con vosotros, pero deberías ir yendo ya ¿no? –Dijo mirando su regazo. Fruncí el ceño por su afirmación, pero lo desfruncí en seguida.
-Oye tus poderes son mil veces mejores que los míos.-Murmuré adivinando que habría estado leyendo mi pensamiento para enterarse de la conversación. El que se hacía el ocupado… Se encogió de hombros. Le saqué la lengua y me levanté de allí.

Llamarón a la puerta mientras me ponía torpemente los tacones negros nuevos. Corrí como pude y vi que era Nana impacientándose haciendo señas de muerte por la cámara del portal.
-Ya vooooy…-Dije con una voz cansada.
Me di la vuelta y me despedí de Myungsoo con las manos. Él apartó la vista de lo que estaba haciendo y me miró de arriba abajo, acercándose lentamente para despedirme.
-¿No es esa falda algo corta? –Dijo lentamente, evaluándola, antes de sonreír ante mis pensamientos. Le puse la mano en el hombro, mirándole como si fuera incorregible, negando con la cabeza, intentando no reír.
-Definitivamente… Creo que deberías graduarte la vista.- Me abrazó, fingiendo cara de duda.
-Pásalo bien con Nana, nos vemos luego.
Se inclinó para depositar un suave beso en mis labios, breve, siendo más breve aún por la estridencia del timbre sonando de nuevo. Me separé de él y le dije adiós, corriendo para no ser asesinada.

Tras horas eligiendo entre colores, texturas, olores, luces y mil cosas más, llegamos al sitio donde Nana había encargado el vestido de novia. Se fue inmediatamente a probárselo, saliendo unos minutos más tarde con él puesto, preciosa y radiante. Abrí la boca sin poder evitarlo. Era admirable.
-¿Qué te parece? ¿Te gusta como ha quedado la espalda? –Preguntó retorciéndose para que pudiera ver el encaje que cubría su piel, saliendo del vestido como si fueran ramas de un árbol.
-Es-es precioso. Estás guapísima.
Oh, Dios. Nana se casaba. De verdad. Ya lo sabía, pero todo había pasado tan rápido… Esa noche en la playa creía que Sungyeol se refería a algún tipo de futuro lejano, pero no. La boda era dentro de dos meses, y querían tenerlo todo preparado para el gran festejo.
-¿De verdad? ¡Genial! Otra cosa hecha… Enseguida me lo quito. Sungyeol estará al llegar...
Se volvió adentro, casi saltando y manteniendo el equilibrio, sonriente. Se casaban. Suspiré. Por supuesto, sonreí con su emoción y les acompañaba en la alegría de aquel momento, ayudando en lo que podía… Pero… Siempre que pensaba en ellos mi estómago se revolvía un poco, pensando en Myungsoo. Ni siquiera lo había mencionado nunca y yo tampoco le había insistido… Quizá le bastara con vivir juntos.
Suspiré haciendo un puchero al vacío, sonriendo al segundo, riéndome de mí misma. Bueno, al menos vivíamos juntos oficialmente. “Sí… Pobre Nana.” Se había enfadado un poco cuando le dije que no volvería a su piso, si no que me quedaba con Myungsoo, pero enseguida lo había solucionado llevando a Sungyeol a vivir allí. “Sungyeol…”


Lo saludé indicándole donde estaba, y se acercó casi corriendo, con el pelo un poco despeinado y la chaqueta colgándole de un hombro. Respiró hondo y paró su mini carrera.
-Ay… Nana está dentro, ¿no?-Asentí.- ¿Qué? ¿Está guapa o no? –Sonreí. “Sí, mucho.”- Mi bichito, ¿Cómo no va a estar mona?-Dijo en un suspiro.
-Va a ser una boda espectacular, estoy segura.- Dije sonriéndole. Él sonrió a su vez, aunque ladeando la cabeza, y acercándose a mí, agachando la cabeza, y bajando el tono de su voz, creando una sensación de intimidad.
-Y esto… Selene, ahora que estamos tú y yo, dime… ¿Tú y Myungsoo… No…? ¿No te ha dicho nada? -Negué, llevando la mirada al suelo y mordiéndome un labio.- ¿No…Nada? –Chasqueó la lengua.- Mira que le gusta hacer todo al revés… Ya te dije en la playa que no tardaría en pedírtelo… No sé qué está haciendo para tardar tanto.
-Nada, yo creo que le basta con que vivamos juntos… Está bien, tampoco… Es para tanto.- Murmuré procurando sonreír. Sungyeol negó con la cabeza.
-No, no… Puede que Myungsoo sea raro, pero en esas cosas… Ya verás como no tarda en decirte algo. –Dijo convencido. Sentí un calor bajando por toda mi garganta. Ojalá fuera cierto.- ¡Oh! ¡NANA! ¡Nana! ¡Vamos a comer!
Salíamos de allí camino al restaurante, cuando nos encontramos con Myungsoo a mitad de la trayectoria. Iba perdida en mis pensamientos, así que, cuando alcé la mirada hacia él, fui consciente de que estaba al tanto de la última conversación con Sungyeol, que aun resonaba en mi cabeza. Miró a su amigo frunciendo el ceño un momento, divertido.


Saludó a todos con una sonrisa y tomó mi mano, poniéndonos en marcha de nuevo, sin mencionar el tema en lo absoluto.
Cuando llegamos, Myungsoo se quedó en la puerta sin entrar, le miré interrogante y se excusó superficialmente, sin mirarme a los ojos apenas.
-Tengo algunas cosas que preparar, ¿Cenamos esta tarde si quieres? ¿Quedamos a las seis? –Le miré un poco decepcionada.
-Pero se suponía que ibas a comer… Aunque bueno… Sí, sí, claro que cenaré contigo.-Murmuré en un susurro.
Myungsoo me abrazó, y me besó en la frente, sabedor de cuales eran mis pensamientos, instándome a que no me preocupara.
-Realmente te avisé antes… Pero ya veo que sigues sin quitar el modo silencio de tu móvil… Luego nos vemos. ¡Qué aproveche! –Dijo alzando la voz para que los demás también lo oyeran. Se despidió con una sonrisa y siguió su curso.
¿Qué tendría que hacer? Después de todo, no pude evitar sentirme un poco emocionada, imaginando que quizá estaba preparando su declaración. Sonreí como una idiota en medio de la calle, entusiasmada, aunque sin tener la menor idea de que se traería entre manos.

Volví a casa tras la comida, con la idea de descansar un rato, cuando le vi en el salón tumbado tranquilamente.
-¿No estabas ocupado? –Él asintió.- Ya veo…-Murmuré caminando hasta el sofá con los pies descalzos.
-Me estoy tomando un pequeño descanso. ¿Qué tal la comida?
-Bien… Bueno, hablando de la boda y eso… Habría sido mejor si hubieras venido también, aunque fuera para añadir temas de conversación…-Dije con una sonrisa, sentándome a su lado, mientras me dejaba uno de sus auriculares, para compartir lo que estaba escuchando. “Aunque no me importaría que habláramos de boda nosotros también…”-Bueno… Y Señor ocupado, ¿te puedo ayudar en algo?
Giré la cabeza para poder observarle, sin esperar que estuviera a mi lado, mirándome fijamente. Me alejé unos centímetros, sorprendida, antes de volver a sonreír. Le pregunté qué ocurría mientras sonreía algo confundida por su mirada traviesa.
-Creo que a veces te olvidas de que puedo leer tus pensamientos. –Afirmó categóricamente, sin dejar lugar a dudas.
“Entonces actúa como si realmente lo hubieras escuchado…” Myungsoo rio a mi lado, mirando el libro que acababa de coger de la mesilla, sin añadir nada, ni inmutarse.
-Bueno, entonces creo que no necesitas mi ayuda… Voy a descansar un rato…-No apartaba los ojos del texto, y yo no tenía sueño. Quería que me mirase, me contara lo que planeaba y así dejara de sentirme tan extraña e impaciente.
-Bien. A las seis te avisaré para ir a cenar, duerme bien- Dijo levantando su mirada hacia mí y despidiéndome con una sonrisa. Me rendí. Sabía perfectamente lo que estaba pensando y hacía como si nada.


-Hasta luego… -Dije con cierta pena. Al menos podría venir a la cama conmigo… Si no estuviera “ocupado”.
-Sí, quizá luego me eche yo también un rato.- Me volví hacia él mirándole con indignación. “Tendrás morro” – Bueno, si insistes…-Murmuró serio, chasqueando la lengua, corriendo hacia la habitación, arrastrándome a su paso.
Me abrazó en la cama, pasando sus piernas por encima de mis caderas, y su brazo por mis hombros, de tal forma que apenas podía moverme y estuviera totalmente rodeada por él, que se afianzaba a mí con fuerza, cerrando los ojos. Sonreí. Podía ser tan infantil a veces. Sonrió contra la almohada y abrió los ojos en la tenue luz de la habitación para mirarme.
-Sí, soy infantil.-Dijo, abrazándome con más fuerza.-Y terco y caprichoso y puedo saber lo que piensas en cualquier momento… ¿Podrás vivir con eso? –Susurró en voz baja, fijando su mirada en mis ojos, con sinceridad. Asentí sin darme tiempo de pensarlo.
-Infantil es igual a cabezota caprichoso, así que creo que no es para tanto. Solo tienes un defecto.- Dije reflexionando en voz alta.
-Ya es uno más de los que tienes tú.- Murmuró con voz dulce, haciéndome sonreír y enrojecer, mientras negaba.
-Claaro… Como no soy torpe, ni vergonzosa, ni ingenua… -Callé mientras buscaba alguna cosa más que no me gustara de mí.
-¿Y eso son defectos? –Bufó riendo.- Creo que podré sobrevivir. –Murmuró sonriendo, manteniéndome junto a él. “¿Sobrevivir a qué?” Calló, sin mediar ninguna palabra más sobre eso, simplemente dándome un suave beso en la frente.
Cerré los ojos intentando dormir, o al menos, simplemente disfrutar del momento, sin pensar en nada que enturbiara la comodidad y el calor que me proporcionaba su cuerpo.
Eran principios de Diciembre, y la noche se presentó ante nosotros a toda velocidad, fría y oscura. Pasaron las seis, y seguíamos en la cama, sin dormir, pero sin levantarnos tampoco.
-Quizá deberíamos hacer algún viaje… A algún sitio algo más cálido. Estaría bien, ¿no? –Preguntó, siguiendo la línea de mis pensamientos.
-Me gustaría ir a España… -Bostecé.- No sé, querría investigar un poco mis raíces y ver donde está enterrada mi familia, o algo así… ¿Vacaciones investigadoras? –Le dije, sonriendo, intentando que la idea calara. Myungsoo asintió, sin necesidad de tener que convencerle.
-Pues vamos a España… Y volvemos para Navidades. Además… Seguro que hay muchísimos lugares preciosos para hacer fotos.-Se dijo.
-También deberíamos ir a ver a tu padre…-Murmuré, aun sabiendo que aquel tema no le era del todo agradable. De hecho, enmudeció.- Ya lo sé, no fue un gran ejemplo, pero… Nos ayudó mucho esa vez e incluso murió… Deberíamos visitarle aunque fuera una vez. –Le abracé con más fuerza, escondiendo la cara en su pecho. Myungsoo me acarició el pelo, suspirando.


-Supongo que… Debería ir.-Accedió.- Pero solo si vienes conmigo. – Asentí con fuerza, besando su hombro, haciéndole sonreír. Se mordió el labio inferior, y me abrazó. –Son casi las siete, deberíamos ir yendo al restaurante.-Asentí.
-Pero… ¿Para qué todo esto de la cena?
-Para, bueno… ¿No puedo invitarte a cenar?
Le miré desconfiada, entrecerrando los ojos, intentando sonsacarle algo. Pero se dio media vuelta, decidido. ¿En qué estaría pensando?




38# No olvidaremos, solo seguiremos adelante. Todos juntos. (Final)

Estaba allí, frente a ella, aunque se apoyara contra la pared, y su respiración estuviera agitada por el esfuerzo, la herida se hubiera curado del todo en su cuello, y se viera pálido y demacrado, estaba allí. Vivo.
-Myungsoo…-Dijo en un susurro, su mente llenándose de pensamientos agradecidos, aliviados, extasiados por su visión, gritando en su cabeza.
“Estás aquí” “Pensé que no volvería a verte” “¿Estás bien?” “Oh, Dios mío, me alegro tanto…” Él asintió, formándose una medio sonrisa en su cara, dando un paso hacia el frente, cojeando un poco, sin apenas poder moverse un centímetro más. Alzó un brazo hasta ella, intentando alcanzarla, pero no hicieron falta más esfuerzos. Antes incluso de que pudiera extender sus dedos, buscando el rostro de Selene, ésta ya lo estaba hundiendo en su hombro, abrazándole mientras volvía a sentir que se formaban lágrimas en sus ojos, aunque esta vez fueran de felicidad.
Myungsoo dejó descansar su cuerpo en Selene, sintiéndose más ligero estrechándola entre sus brazos. Inspiró entre su pelo, volviendo a sentirse vivo. Sabía muy bien que lo había conseguido por muy poco, era consciente de que podrían no haberse visto nunca más. Pero no fue así, no…

“Myungsoo, Myungsoo, ¿dónde estabas?” Los pensamientos de ella seguían siendo solo para él, llenándolo de dicha. Cuanto había pedido para que sus fuerzas no se desvanecieran en el camino, para poder verla así, temblando bajo su cuerpo, con el corazón exaltado por ese milagro. Apartó la vista hacia el techo, intentando secar inútilmente sus lágrimas. Se mordió los labios, dejando caer unas cálidas lágrimas que se perdieron, deslizándose hasta su mentón. Agitó la cabeza, removiendo su pelo, y se separó unos centímetros de Selene para poder besar su mejilla, su frente, su nariz y los dedos que buscaban su piel, queriéndose asegurar de que era real. Selene sollozó débilmente, sin dejar de sonreír.


No podía parar de observarla, los ojos entreabiertos, la sonrisa que hacía a sus labios sacudirse, sus pómulos cubiertos por su llanto y su rubor. Simplemente, le hipnotizaba, su imagen quedándose grabada a fuego en su memoria. Dudaba de si incluso con la droga que les habían hecho tomar hubiera sido capaz de olvidar aquello.
Sungjong, Woohyun y Nana tenían los ojos casi fuera de sus órbitas, incapaces de creer lo que veían, con la boca abierta y peligro de que se les desencajara la mandíbula. Se pusieron en pie, sin saber muy bien que hacer ahora.
Por el pasillo también se comenzaron a oír pasos cansados, de cinco chicos que llegaban derrotados por la vida y los catastróficos hechos que habían pasado. Miraban al suelo, y suspiraban cada tanto. Alguien les había dicho donde estarían los demás, y había caminado hasta allí, casi sin seguir ningún rumbo, desanimados. Dongwoo y Sungyeol fueron los primeros en levantar la vista, quedándose parados, deteniendo a todos los demás, que alzaron la mirada, aturdidos. Ninguno se esperaba ver lo que vieron.
Selene y Myungsoo se miraban entre emocionados y sonrientes, algo débiles pero eufóricos, perdidos el uno en los ojos del otro, entrelazando sus dedos, con las frentes casi chocando. Una imagen onírica, donde se reflejaba la luz del atardecer con ese color anaranjado tenue, esas sombras claras de un día que tocaba su fin. Myungsoo estaba allí, vivo. De nuevo.
De alguna manera, consiguieron convencerse rápidamente de que era real, y fueron casi corriendo hasta ellos, saludando y gritando como locos, saltando y sonriendo. Bueno, al menos Sungyeol y Dongwoo así lo hicieron. Sungkyu sentía que se iba a desmayar de alivio de un momento a otro y se apoyó abrazando a Hoya, que miraba todo con una gran sonrisa, aunque con ojos incrédulos.
-¡Yaaaah! ¡Myungsoo-yaaah!-Chilló Sungyeol, acercándose hasta él, haciendo que se separa de Selene hasta una distancia considerable, donde pudieran mirar a sus extasiados amigos.- ¡Estás vivo!-Dijo cogiendo su hombro, con una gran, gran sonrisa.
Myungsoo asintió, cogiendo la mano sobre su hombro, respirando feliz, mientras se iba sintiendo mejor aún por momentos. Habían venido todos allí. Hacía tantísimo tiempo que no les veía… Woohyun, Sungjong y Nana también caminaron, dejando su sopor atrás, hasta él, rodeándolo con sonrisas.
-Nunca dejarás de ser extraño… ¡Pero me alegro tanto de que estés bien! Tío, el mundo se nos echaba encima, no voy a dejar que mueras nunca más. ¡Ha sido horrible!-Woohyun escenificó la tormenta con grandes y rimbombantes gestos, señalando la ventana, siendo ayudado en parte por Sungjong, que ponía énfasis en ciertas partes de su relato.
-No, en serio, Myungsoo… Esto es increíble. Menos mal… Que estás aquí de nuevo.-Suspiró Sungkyu, abrazando su espalda.
-¿Pero cómo lo has hecho? Estábamos seguros de que te habíamos perdido y… Apareces aquí…-Se encogió de hombros Hoya, aunque feliz.
Todos asintieron, mirándole inquisitoriamente, esperando una explicación. Myungsoo alzó los brazos con las palmas hacia el frente, indicándoles calma, y sonrió, cogiendo la mano de Selene, y mirándola con cierta complicidad.
-Realmente no ha sido nada especial… Solo que… Volví a despertar y mis poderes se hacen más fuertes cada vez, así que prácticamente hice que el suelo se moviera por mí.-Dijo, intentando quitar importancia a ese asunto.
-Bueno, eso tienes que explicarlo, vamos, vamos.-Dijo casi saltando un hiperactivo Dongwoo, conduciéndoles a todos dentro.

Myungsoo suspiró, y entró con Selene a su espalda, hasta sentarse con cuidado en una silla, que aunque dura, le daba estabilidad y un respiro a sus piernas.
-Pero… Estoy cansado…
-Pues ya estás sentado, venga, cuenta.- Le animó Sungyeol, curioso.
Myungsoo asintió, sonriendo por los pensamientos de todos, que creaban historias increíbles sobre su extraña resurrección. Negó con la cabeza, procediendo a explicar lo que todos querían saber.
Es extraño de explicar, pero realmente nunca he muerto, bueno… No del todo al menos. Solo es mi cuerpo el que muere, yo sigo siendo consciente de lo que ocurre alrededor… No al principio, pero si desde que me metieron en la ambulancia hasta aquí.
No podía usar mi cuerpo, pero sí que escuchaba y sentía.
-Pero así sin más, ¿no te dolía ni podías avisarles de algo? ¿No podías hacer nada?-Murmuró Hoya, inquisitivo.
No, mi cuerpo sí estaba muerto, no podía manejarlo. Tenía mucho sueño y casi me duermo en varias ocasiones, pero el miedo a morir del todo si lo hacía me despertaba siempre.


Todo lo demás es muy borroso y no puedo recordar bien lo que pasó luego… Supongo que estaba luchado para no dormir y seguir lo suficientemente consciente.
Oí a varias personas hablando de mi herida y analizándome, pero enseguida se hizo silencio, y me transportaron a un lugar donde hacía mucho frío. Todo era frío y silencio, sin nada a lo que atenerme para seguir despierto. Era casi imposible no caer bajo el sueño que sentía, de verdad, si hubiera podido darme tortazos, lo habría hecho. Quería escuchar alguna de vuestras voces y me desesperaba saber que no estabais cerca, ni siquiera podía saber que os había pasado, o que me había pasado a mí.
Poco a poco, estando así, comencé a oír algo más que ruidos mecánicos y sentir algo más allá de la fría banqueta de metal sobre la que estaba mi cuerpo. Parecía que había alguien hablando a mí alrededor solo que el sonido… Ahh… Bueno –Myungsoo no sabía si realmente debía decir que podía leerles el pensamiento, quizá eso les daría miedo. Optó por poner una cara inexpresiva y darles una mirada perdida, como si no recordara que iba a decir a continuación.-Desde entonces, seguí el hilo de la conversación que tenía esa persona consigo mismo, y pude mantenerme despierto, sintiéndome más fuerte a cada momento. Recuperé la consciencia sobre mis poderes, casi alimentándome de ellos. De alguna forma en ese momento, supe que Tao había muerto, y así, la extraña energía de cada uno no tenía que ser compartida, por lo que volvía a mí, y me hacía fuerte.
Al fin podía sentir que realmente me iba a salvar, que no estaba todo perdido, pues ya sentía mi cuerpo incluso, ligeramente conseguía mover la punta de los dedos. Solo que entonces…
Descubrieron mi cuerpo, sacándolo de donde estuviera y transportándolo hasta un sitio hermético, en el que no se oía nada, pero… De alguna forma, olía a muerte. De nuevo estaba aislado, pero habiendo recuperado algo de energía, no me sobrevino el sueño, y pude entreabrir los ojos tras varios intentos. Pero lo que encontré…
Como si me hubieran metido ya en un ataúd, estaba en el crematorio, con el fuego delante de mis ojos, el metal a mi espalda comenzándose a mover, para colocarme dentro de aquel horno. Intenté escapar, reunir energía, pero no lo conseguí antes de quedar encerrado en ese lugar.
Por suerte, tengo este poder increíble, que hizo que pudiera volver atrás, invirtiendo el mecanismo que me había colocado allí, sobreviviendo por poco. Después del más que mal trago, me convencí a mí mismo de que daba igual lo que hiciera, tenía que salir, y… Poco a poco, conseguí moverme, abriendo una brecha en la máquina con mi poder, lo suficiente para escapar antes de que se volviera a cerrar, y así esquivando al hombre que trabaja allí, y caminando lentamente, casi por instinto llegué hasta aquí.
-Y ya está… Os dije que no era para tanto…
Todos asintieron, cerrando las bocas abiertas que el relato les había dejado, intentando mantener su compostura, aclarándose las gargantas algunos, mientras otros se recolocan el pelo.


-Bueno, eso de que no es para tanto lo dirás tú… Estabas muerto y has sobrevivido…-Murmuró Sungjong, algo serio, antes de volver a sonreír, haciendo que todos se rieran, liberando la tensión.
-Bueno, entonces, ya no vas a volver a morir, ¿no?- Rio Hoya. Myungsoo negó con la cabeza.
-Espero que no… Hasta dentro de mucho tiempo.
-¿Y Tao?-Preguntó Nana en un susurro. Selene intervino un momento esa vez.
-No sobrevivirá. Fue Momo quien le atacó, así que supongo que su muerte no es igual, no tiene nada de especial… Solo –dijo algo balbuceante, mirando al suelo intermitentemente.- Está muerto.
Todos asintieron, aliviados aunque serios. Nunca era agradable hablar de muerte. Dongwoo, dispuesto a salir de ese lugar de inmediato, puso una mano en el muslo de Sungjong, mirándole sonriendo a su vez, susurrando un “¡¡Gaja!!” animándoles a ponerse en pie, señalando hacia la puerta. Inmediatamente todos se levantaron, movidos por el buen humor de su amigo y contentos de que todo hubiera salido bien, mientras se lo iban creyendo poco a poco, calando en su interior que sus vidas continuaban, y estaban más vivos que nunca.
-Bueno, pues esto ha sido todo, amigos. Ahora… ¡Vamos a comer algo! ¡Habrá que celebrarlo a lo grande!
-No tan rápido Dongwoo… Tenemos que volver a Seúl, nos íbamos a ausentar unas horas… -Dijo Sungkyu, siendo un total aguafiestas. Todos le miraron casi haciendo pucheros.
-Solo un rato, hyung… Necesitamos relajarnos. Ya cogeremos un avión de vuelta en cuanto podamos. Venga, unas copas, un tentempié… ¿Qué me dices? ¿Eh?-Le propuso Woohyun, cogiéndole por los hombros, haciéndole ir caminando hasta la salida. Se dio la vuelta y les hizo un signo de afirmación a los demás. “Estado de Sungkyu hyung: convencido”
Todos corrieron por detrás de ellos, casi saltando, uniéndose al efusivo humor que todos tenían ya. Sungyeol les iba a perseguir, cuando se giró ligeramente, y tomó a Nana de la mano, alcanzándoles juntos, en un gesto que no paso exactamente desapercibido.
De Myungsoo tiraban Hoya y Dongwoo, aunque desadaptándose a su lento ritmo poco a poco, mientras entraban en un gran debate sobre canciones y pasos de baile. Ahora tenía fuerzas para caminar, pero no pudo mantenerse a la altura de sus compañeros, pues fue parándose para volver la vista atrás hacia Selene. Apenas si se había movidos tres o cuatro pasos. Los contemplaba sonriendo ligeramente, observando su energía y vitalidad, respirando profundamente mientras el vago sol seguía ocultándo su luz en el horizonte.


Parpadeó para fijar su vista en Myungsoo, que le extendía la mano, ladeando la cabeza hacia el exterior, donde las risas y los gritos de los demás se perdían paso a paso. Selene agitó imperceptiblemente la cabeza, preguntándose qué hacía para no estar ya junto a Myungsoo, mientras caminaba rápidamente para tomar su mano.
Enseguida se puso en marcha, pero se vio tirada del brazo, cayendo contra el pecho de Myungsoo, abalanzándose hacia él inevitablemente. La abrazó sin previo aviso, estrechándola, apoyándola contra su cuello, dejando que su respiración cayera sobre él. Selene cerró los ojos sonriendo, acomodándose y pasando una mano por su pecho, dejándola donde latía su corazón, de nuevo admirándose de lo que podía hacerle sentir solo aquel sonido. “Debo de estar definitivamente loca.” Myungsoo rio con aquel pensamiento entre resignado y jocoso.
Tomó su mentón entro los dedos, alzando su mirada, buscando sus ojos una vez más, poniendo sus ojos a la misma altura.
-¿Quieres oír un secreto?-Susurró cerca de su oído. Selene asintió confusa, sin ninguna pista de qué podría ser. Myungsoo sonrió, miró hacia el suelo, y se humedeció los labios con su lengua.-Pe-pero solo lo voy a decir una vez, así que estate atenta…- Selene volvió a asentir, elucubrando alguna hipótesis. Myungsoo sonrió antes de volver a mirarla a los ojos, adquiriendo una mirada penetrante, hipnotizante, situando sus manos a ambos lados de su rostro. Respiró hondo.- Antes… Casi me doy por vencido. Solo había oscuridad y estaba tan cansado de aguantar, dolía tanto… Pero cada vez que me sentía demasiado agotado pensaba en ti, en lo mucho que quería volver a verte, de seguir viviendo… Seguía pensando en ti, manteniéndote a mi lado, en mi mente, y me diste la fuerza que necesitaba para sobrevivir. Solo recordándote era capaz de no rendirme, porque sobretodo, quiero estar contigo, porque… Porque te amo.-Terminó en un susurro, enrojeciendo, sin apartar su mirada de Selene.
Ella se había quedado sin palabras, aunque tampoco tuvo tiempo para contestar, antes de que Myungsoo le robara, además de su voz, sus labios, devorándolos en un beso. Tampoco le hacía falta hablar, se dijo sonriendo, tornando sus caricias efusivas, alcanzando sus manos a entrelazarse en su pelo, mientras repetía una y otra vez en su cabeza, las mismas palabras. “Te amo”. Con cada palabra, el pecho de Myungsoo parecía explotar, llevándole a abrazarse a sus caderas, impregnando su beso de la candente pasión que sentía.
Con ella podría viajar hasta el fin del mundo, subir al Cielo y bajar al Infierno al mismo tiempo. Comprenderla sin palabras, cuidarla hasta el fin. No me cansaré jamás de tenerla a mi lado, haciéndola sonreír, curando las heridas que la vida le pueda hacer, siempre prometiéndome no volver a verla triste. Besarla hasta que sus labios mueran, contemplarla hasta que deje de ver, sin que nada en mi vida tenga más sentido que esto que ella me hace sentir. Porque yo soy suyo y ella es mía. Siempre.
Con una última mirada, y un pequeño roce de sus labios, se separaron, ambos sabedores de lo que iba a pasar a continuación. Uno conociendo los pensamientos de sus amigos, y otra oyendo el rugir de los motores que se acercaban a la entrada.
-¡Ehhh! ¡¡Chiiicooos!! Vamos, que los taxis están aquí ya.-Gritó Dongwoo sobresaltando a ambos.


-¡Ya vamos, Dongwoo! Pero… ¿Qué se supone que ha intentado decir? –Preguntó Myungsoo riendo, caminando hacia la salida. Dongwoo estaba tan entusiasmado que apenas se le entendía cuando habló Selene rio junto a él.
-Que ya están los taxis, señor telépata.
-Es verdad… Íbamos a tomar algo.-Murmuró sintiéndose torpe, recordando con un suspiro. Sonrió. Seguía siendo como siempre.


-¡1, 2, 3! ¡Keonbae!-Todos chocaros sus bebidas con sonrisas eufóricas, tomando un trago todos a la vez, bajo aquella luz de neón parpadeante, en un pobre chiringuito de playa, que la tormenta no había arrasado. Aquella parte de la isla no había sufrido demasiado.
Podrían haber multitud de lugares mejores en la ciudad, pero aquel sitio tranquilo, junto al mar les había ganado el corazón. El sonido de las olas, la brisa marina, comida casera recién hecha y la sensación de la fresca arena bajo sus pies descalzos. ¿Se podía pedir algo más?
-¡Hagamos una hoguera! –Propuso un entusiasta Sungyeol, al que enseguida se le sumó Nana, que fue a pedir algo que pudiera prender. Todos la miraron al salir, enseguida volviendo una mirada traviesa a Sungyeol.- ¿Qué?
-¿Cómo que qué? Habla inmediatamente. ¡Confiesa Lee Sungyeol!-Le obligó Woohyun.


Sungyeol sonrió abiertamente, con una mirada pícara, mientras se encogía de hombros. Myungsoo intentó ocultar su risa, sabiendo de antemano lo que estaba pensando hacer.
Cuando Nana regresó todos la miraron de nuevo, dejándola confusa. Sungyeol no perdió un segundo, y la recogió en un abrazo, tras terminar su vaso de licor de un trago. Sonrió, y la besó delante de todos, aunque ella se intentara separar al principio, acabó dejándose llevar, enzarzándose en un beso que les dejó la boca seca a todos.
Selene reía incrédula. Sabía que pasaba algo entre esos dos, pero aun así no dejaba de sorprenderse. Tras eso, Sungyeol sonrió, burlándose de sus caras de pasmo, y la presentó cogiéndola de la cintura.
-Chicos, esta es mi futura esposa. Saludad a Nana.
Nana le miró sin poder creer lo que acababa de decir, mientras todos, tras la sorpresa inicial, no pudieron más que levantarse de sus asientos, gritando y vitoreando aquella afirmación, con ánimos restaurados, riendo también por la valentía de Sungyeol.
Sungyeol les llevó a todos a brindar otra vez, sin soltar a Nana, ni responder a su inverosimilitud con palabras. No, utilizaba su boca para volver a besarla y sonreírla, mientras elevaba sus hombros. “No he podido evitarlo” Finalmente, consiguió una sonrisa por su parte, y un abrazo entusiasta. Una forma de decir sí, sin necesidad de palabras.
Selene y Myungsoo se miraron riendo, encogiéndose de hombros sorprendidos, aunque divertidos, sin poder creer el giro que había dado la noche. Cuando consiguieron encender la hoguera, el tiempo y el esfuerzo fueron recompensados por la preciosa danza del fuego frente a sus ojos, que les daba calor y les hipnotizaba.
Muchos de ellos comenzaron a bailar, a jugar, saltar o incluso fueron a las orillas del mar, entreteniéndose con cualquier cosa. Selene y Myungsoo continuaron allí, sentados, el uno apoyado en el otro, acariciándose al amparo de la oscuridad, Mirándose, y muchas veces riendo con los demás, hasta que llegó el amanecer sobre la playa. Lo miraron cansados, abrazándose para lidiar con el frío de la salida del sol.
-Creo que va siendo hora de volver a casa.-Murmuró Selene contra el hombro de Myungsoo, mirando hacia la playa mientras sentía sus manos abrazar su cintura y sus labios en su cuello.
Su hogar, aquel sitio donde todo había empezado, donde les esperaba una vida entera, que acababa de comenzar. Tantas cosas que pasar juntos, tantos ratos que vivir… Ahora que lo pensaban, estaban deseando regresar allí… Y seguir creando una historia juntos, sin que nada más que los devenires de su propia vida se entrometieran en su camino.


La luna se ocultó tras una espesa nube, despidiéndose por esa noche, dando paso a un nuevo día, brillante y fuerte, con su luz abriéndose paso ante toda adversidad.







 37# “No está muerto” Quizá sea una mentira.
La ambulancia iba casi tan rápido como sus exaltados corazones, que retumbaban en sus pechos. Sungyeol no había conseguido separar a  Selene del cuerpo de Myungsoo, por lo que se montó con ambos en la parte trasera, sin perder detalle de todo lo que hacía la enfermera, la cual atendía con urgencia a Myungsoo, aun negando con la cabeza y frunciendo el ceño, cuando, aun comprobando que no seguía vivo, Sungyeol le insistía en que, por favor, continuara curando su herida.
Selene no podía hacer otra cosa más que contemplar con mirada perdida su rostro. Parecía estar atrapado en una pesadilla, rígido, con un pasmo de terror. Acariciaba su mano fría, sin poder evitarlo. Aún estaba perdida en lo que acababa de ocurrir. No podía ver otra cosa más que sangre. No sentía más que dolor. No oía apenas nada, salvo gritos, pitidos a su alrededor y el furioso viento que se agitaba fuera, golpeando el vehículo con una fuerza inusitada.
A duras penas, llegaron al hospital, donde se encargaron de llevar a quirófano a Myungsoo, bajo los nuevos ruegos de Sungyeol y de Nana, que había ido en el asiento delantero, angustiada por el tiempo que estaban perdiendo. Bajo alertas y avisos, los doctores se resignaron, asintiendo y se dirigieron a planta, preparados para operar.
Cuando bajaron a Tao y Momo, no hubo nadie que estuviera allí para reconocerles, preocupándose por ellos. Enseguida se los llevaron de allí, sin perder tiempo en su hospitalización. Selene volvió la vista atrás, mientras les metían con cuidado en bolsas negras, llevándoles a la planta baja.
Ellos suspiraron, algo más aliviados, y condujeron a Selene hasta una banqueta de la sala de espera, preparados para desesperarse a cada minuto que pasaba. ¿Podría salir algo bien? Los médicos les habían mirado como si fueran verdaderos locos, indignados por hacerles “perder” el tiempo con alguien que había perdido las constantes vitales tiempo atrás. Aun así, al final habían conseguido algo.
Sungyeol se frotó la cara con las manos, expulsando el aire de su respiración pesadamente. Nana enseguida se volvió a él, masajeando tenuemente sus hombros. Él sonrió ligeramente, y pasó a rodearla entre sus brazos, cerrando los ojos, cansado.
-¿Crees que funcionará esta vez también?-Murmuró Nana.
-Debe hacerlo. O no se salvará nadie.
Nana se abrazó más aún al cuerpo de Sungyeol, con un nuevo ataque de horror al imaginarse el camino que seguiría el mundo de no salvar a Myungsoo. Dejó transcurrir el tiempo, intentando tranquilizarse, mirando a Selene por encima del hombro, pero parecía dormida. Lo intentó ella también, pero no pudo hacerlo. No podía dejar de tener miedo. Sin querer pensar en lo que podría suceder, agitó la cabeza con el ceño fruncido y se obligó a hablar de otra cosa.
-¿A quién llamabas antes?
-Ohh… Hablé con…

Sus palabras fueron cortadas por el sonido de la televisión que acababan de encender unos nuevos visitantes. El rugido de un volcán en erupción se propagó por toda la estancia, seguido de gritos de pánico y la grave voz del reportero, que alertaba de nuevas situaciones caóticas en algún sitio, lejos de allí. Terremotos, tsunamis, volcanes, tormentas de lluvia ácida, nevadas cerca del Ecuador…. Solo habían pasado unas dos horas desde el incidente… Y el mundo se había vuelto loco.


Se apartaron el uno del otro lentamente, tensos. Sungyeol suspiró y se puso en pie, dispuesto a hacer cualquier cosa menos quedarse sentado allí, escuchando aquellas catastróficas noticias. Nana siguió sentada, sin fuerzas para hacer nada. Sungyeol se disculpó, y fue al baño, aunque solo fuera para refrescarse un momento. Nana asintió, y se volvió hacia Selene, para comprobar si verdaderamente estaba durmiendo. No lo estaba.
Sus ojos estaban fijos, rojos, sin ni siquiera cerrarlos un momento. Se había mordido los labios hasta hacerlos sangrar, y estaba más que pálida. La llamó varias veces, pero no reaccionó, no la veía. Temblaba un poco, y cuando la tocó estaba congelada. Nana se sintió perdida entre sus gritos, incapaz de hacer nada para que reaccionara, para que saliera de esa tristeza a la que había sucumbido y acabaría por adueñarse de todos.
-Selene, ¡Selene! Contéstame, ¡Selene!
Cuando regresó Sungyeol, vio a Nana nerviosa, sacudiendo el cuerpo de Selene, mientras gritaba su nombre al borde de las lágrimas. Las apartó, echando a Nana a un lado, pidiéndola calma, abrazándola un momento parando su llanto. Tras eso, se acercó él a Selene, con mucho cuidado, acariciando sus mejillas.
-Está bien, Selene. Myungsoo va a estar bien.-En cuanto pronunció ese nombre, ella pestañeó, enfocando lentamente los ojos de Sungyeol, mirándole confundida, angustiada. Asintió reprimiendo un sollozo.
Enseguida se oyeron pasos decididos por el pasillo, y el rumor de una bata, por lo que Sungyeol y Nana se pusieron en pie, aguardando a la doctora. Vino como una exhalación, mirándoles con decisión, exasperada. Se tomó un momento para suspirar, y reblandecer su expresión.
-No hemos podido hacer nada más. Falleció hace dos horas y la herida es casi intratable: se le han seccionado varios vasos y no podemos hacer milagros.
-Pero, por favor… Sigan intentándolo, estamos seguros de que sigue vivo, solo…
-Lo siento.-Dijo tajantemente.- Pero no tenemos ese tiempo, están llegando personas vivas a las que nos es más urgente tratar. No podemos hacer…
-Por favor, por favor…-Musitó Selene con voz rota.- No está muerto. ¡No está muerto! –Gritó levantándose, alcanzando a coger a aquella mujer del brazo. –Tienen que hacer algo.-Le dijo, mirándola con ojos suplicantes, mientras una lágrima comenzaba a deslizarse por su mejilla.
La doctora se soltó con rapidez, mirándola con remordimiento. Bajó los ojos al suelo y se dio media vuelta, yéndose de allí a  toda velocidad. Selene se quedó donde estaba, paralizada, pero con nuevas lágrimas deslizándose por su piel. Tomó una bocanada abrupta de aire, y cuando lo expulsó, estaba llorando, destrozada, en el suelo.
-No está muerto.
-Lo sabemos, Selene. Conseguirán salvarle, tranquilízate.- Murmuró Sungyeol, alzándola, dirigiéndola hasta las sillas de nuevo, aunque ni siquiera seguro de lo que estaba diciendo.- Todos estamos nerviosos.- Selene negó con la cabeza, tapando su cara con la inmensa cascada de pelo que poseía.
-Pero… No debería haber pasado… No debería.-Musitó llorando.- Si no hubiera parado de correr… O me hubiera dado cuenta antes… Solo un poco antes.-Dijo presionando sus manos contras sus ojos.- Tampoco pude hacer nada por Tao, ni por nadie… -Sungyeol y Nana se miraron, Nana también derramando silenciosas lágrimas, acercándose para abrazarla.

-Nadie tiene la culpa. Tao estaba loco y tú acababas de volver a recordar... Selene, no te culpes.
Asintió, pero no pudo dejar de sollozar, recordando todo lo que había pasado, una y otra vez, formándose un gran nudo en su garganta que apenas le dejaba respirar. En algún momento de aquella lucha consigo misma, aparecieron cinco personas más en la sala, corriendo hacia Sungyeol, con rostros pálidos y serios.


Sungkyu, Hoya y Woohyun, fueron directamente a hablar con Sungyeol y Nana, que estaba a su lado, nerviosos, sin dejar de mirar a su alrededor. Dongwoo y Sungjong, sin embargo, se acercaron a Selene, con intención de darla algún animo que la hiciera sentir algo mejor de lo que aparentaba. La abrazaron con cariño, haciendo alguna que otra broma, apartándole el pelo de la cara.
-Noona, llorar no te sienta nada bien.- Dijo Sungjong con una media sonrisa, negando con la cabeza.- Tienes que sonreír aunque sea duro.
-Ya estamos todos aquí, Selene.-Le animaba Dongwoo.
Mientras tanto, los demás se informaban de los últimos sucesos, apenas sin poder creer lo que oían. Todos sabían de los poderes de Myungsoo, pero toda aquella historia increíble, y Tao…
-Menos mal que cogimos el último vuelo hacia aquí y no os fuisteis demasiado lejos. Ya han cancelado todos, y están cerrando aeropuerto y demás sitios.-Murmuró un meditabundo Hoya.
-¿Pero entonces…? ¿Qué va a pasar?-Preguntó Sungkyu serio, mientras Dongwoo también se unía a la conversación.
-No sabemos nada. La otra vez le salvó ese médico, bueno… Su padre. Ahora ya… No tenemos ni idea de si le están tratando, y tampoco sabemos si se puede salvar por segunda vez… Además Tao también… También…-Sungyeol suspiró e hizo un gesto alrededor de su cuello.
-Entonces puede perfectamente que el mundo se venga abajo.- Sentenció Hoya, echándose las manos a la cabeza, despeinándose sin que le importara lo más mínimo.
-Ya lo está haciendo.-Asintió Sungyeol, serio, haciendo una mueca de impotencia.
-¿Cuánto tiempo puede quedar?-Susurró Sungjong, con una mirada vidriosa.
-Unas… Cinco horas más.-Dijo Selene, para sorpresa de todos.
Giraron sus cabezas rápidamente, mirándola con cierta pena y resignación.
-¿Estás segura?-Preguntó Sungkyu. Selene se encogió de hombros, asintiendo, sacudida por nuevas ganas de llorar al volver a recordar a Myungsoo sufriendo en algún sitio de su mente.


Todos miraron al suelo, desanimados, solo pudiendo esperar, y esperar, observando en busca de la aparición de cualquier sanitario que pudiera decirles que había pasado con su amigo. El reloj allí colgado, dejaba pasar los minutos demasiado deprisa, produciendo en ellos inseguridad y ansiedad.
Selene agarró con fuerza la mano de Nana cuando volvió a escuchar esos pasos rápidos y decididos, recorriendo el vestíbulo, más allá de la sala de espera. Sin perder un momento, se levantó y fue tras ella cuando oyó que se estaba alejando de nuevo, sin pasar por allí. Tras Selene, fueron todos los demás, alertados.
La doctora les vio a lo lejos, sorprendiéndose y frunciendo el ceño, deteniéndose, poniendo los ojos en blanco. Cuando llegaron a ella, estaba de brazos cruzados, reprendiéndoles con la mirada.
-¿Cómo está? ¿Consiguió volver en sí? ¿Cerraron la herida?-Interrogó Sungyeol. La doctora se quedó callada un momento, como pensativa sobre lo que debía decir, insegura. Tras ese instante volvió a tomar su máscara de fría profesional.
-Hicimos lo que estuvo en nuestras manos, pero las urgencias se llenaron y por más pruebas, no pudimos constatar que estaba vivo. Lo lamento, ahora si me disculpan…
-¡Pero no está muerto! ¡No está muerto! –Chilló Selene, desgarrando las entrañas de todos, inmovilizándoles por un momento.- Por favor, necesito verle, está vivo. ¿Dónde está?
-Ahh…-Murmuró la doctora, frunciendo el ceño y apartando la mirada.- No había más espacio en urgencias y… Se lo llevaron ya a la morgue. Iban a incinerarle.- Tras eso, recuperó su decisión y se despidió rápidamente.
“¿Incinerarle?” Selene se imaginó por un momento el fuego quemando el cuerpo de Myungsoo hasta hacerlo desaparecer. Abría los ojos en un último momento y la miraba, pidiendo auxilio con una expresión de pena desesperada, mientras el calor derretía su piel. Chilló de dolor, derramando más lágrimas, agarrando al médico por la cola de la bata, apoyándose en el suelo, sin poderse tener en pie.
-No le pueden incinerar, no pueden hacer eso, no, no, no, por favor. Por favor… ¡Sáquelo de ahí! ¡No está muerto!- Entre sollozos, gritaba balbuceando las palabras que emergían de su boca, causa de la angustia.
Temblaba violentamente, y empalidecía a cada segundo, sin dejar de llorar, ni gritar. Nana fue hacia ella rápidamente, intentando calmarla, para hacer que las miradas de todos dejaran de estar puestas sobre todos ellos, pero no consiguió nada. Parecía haber perdido la razón, no había apenas humanidad en sus ojos.
Unos guardias enseguida fueron hasta ella, reduciéndola bajo sus brazos, dejando la piel de su antebrazo expuesta para que el sanitario que había sido avisado pudiera inyectarle los calmantes sin dificultad ninguna. En cuanto lo hicieron, se la llevaron de allí sin dar pie a que el escándalo continuara. Nana se disculpó con los chicos para ir junto Selene, a donde quiera que la llevaran.
-Nana, no pasa nada, ve con ella. Nosotros iremos a ver qué ha pasado con…-Sungyeol se aclaró la garganta, sin pestañear, intentando que no se notara que estaba también a punto de derrumbarse.- Con Myungsoo.
-¿Va-vamos a la morgue? Sungjong, tú mejor ve con Nana.-Dijo Sungkyu, tragando saliva.
Sungjong obedeció sin pensarlo demasiado, casi agradecido. Enseguida, Woohyun dio un paso atrás, sonriendo ligeramente, con las manos al frente.
-Creo que será mejor que vaya yo también con Sungjong, es injusto que vaya solo él.-Murmuró, alejándose del grupo que iban a buscar a su amigo. Sungjong aprovechó para dirigirle una mirada indignada. Woohyun se encogió de hombros y se despidió con la mano, volviéndose serio. Por nada del mundo quería creerse que Myungsoo estuviera muerto, menos aún verlo de esa forma.


Condujeron a Selene, que apenas podía sostener su cuerpo por sí misma, hasta varias habitaciones, pero todas estaban llenas. Al final, consiguieron encontrar lo que parecía un lugar donde quedara un hueco libre, aunque les advirtieron que era solo algo temporal, y que debían marcharse para que la habitación pudiera ser ocupada. Suspiraron y asintieron, pensando en que deberían hacer en cuanto regresara el otro grupo.
Resoplaron, intentando mantenerse cuerdos en aquel pequeño espacio oscuro. Se asomaron por la ventana, pero el aire y las nubes negras en el cielo no presagiaban nada bueno.

Sungyeol, Sungkyu, Dongwoo y Hoya fueron a donde esperaban ser informados de donde debían ir a buscar a su amigo, pero apenas había nadie para atenderles en ninguna parte. Solo pasaban camillas y más camillas con heridos. Parecía haber habido un huracán por la zona en esa última hora.
Después de un buen rato intentando localizar a alguien libre que les diese la información, consiguieron encontrar a un guardia de seguridad que acababa de terminar de indicar el camino a una señora con cara de preocupación, que desapareció de allí intranquila.
Le preguntaron y fueron respondidos de inmediato, aunque con indicaciones imprecisas y rápidas. De algún modo se las ingeniaron para llegar a la planta baja, a una puerta blanca, que estaba cerrada a cal y canto. Llamaron repetidas veces hasta que un hombre bastante mayor, aparentemente sin ningún pelo en la cabeza les abrió, con ojos temerosos.
-¿Qué quieren? Esta área no se puede visitar.
-¿Ha llegado algún chico más o menos de nuestra edad? Se han equivocado…-Comenzó Sungkyu, pero su voz se fue apagando gradualmente.
-Verá… Han enviado aquí a un amigo nuestro… Pero no nos habían avisado, y no puede ser incinerado.-Dijo Sungyeol, tomando el liderazgo del grupo.
-De ninguna manera, no pueden hacerlo.- Afirmó Hoya por detrás.
El hombre les miró uno por uno, de arriba abajo, indagando si su forma de vestir le podía revelar si estaban siendo sinceros o no. Les escrutó un rato más, hasta que les dirigió una mirada severa, y abrió la puerta para dejarles entrar.
-Pasad si queréis. A ver si encontramos a vuestro amigo.
Tragaron saliva, y fueron entrando con temor y respeto hacia el lugar, muy lentamente, arrastrando los pies por el suelo.
Vieron cuatro camillas, con bultos metidos en esas bolsas negras que reconocieron enseguida, pero cerca de las cuales nunca habían estado . Aquel señor, sin parsimonia ninguna, abrió las cremalleras de cada uno, mostrándoles los cadáveres que habían traído. Se acercaron casi de puntillas, unos centímetros más, asomándose los unos a los hombros de los otros, para observar. No eran Myungsoo.
Sungyeol comprobó que incluso estaban allí los cuerpos de Momo y Tao, haciendo que le revolviera el estómago con la visión. Se dio la vuelta, sin ganas de seguir indagando.
-¿No-no han traído más? ¿Está seguro?-El hombre negó con la cabeza.
-Han traído más, pero los que no estén ya aquí, son ceniza.-Sentenció, dirigiéndoles de nuevo a la salida.- Lo lamento, hago lo que me mandan.
-Ya, ya… Gracias por todo igualmente…
Cerró la puerta, dejándoles en silencio, en aquel pasillo blanco que se les hizo vacío y sin vida, solitario. No podían mover los ojos de allí, ninguno de ellos. La realidad les golpeaba duramente sobre los hombros. Habían incinerado a Myungsoo. No solo habían perdido a su querido amigo, lo que les hacía sentir miserables, si no que todo el mundo estaba sentenciado a su Fin.
Dongwoo fue el único que pestañeó por un momento, consiguiendo salir de aquel momento estático, dejando caer sus lágrimas de desdicha, siendo capaz de  hablar aunque fuera un ligero susurro.


-Debe-deberíamos ir con los demás. Por lo menos… Estar juntos.-Murmuró con sus labios temblando, intentando contener el llanto.
Se limpió los ojos, y les animó con palmadas en los hombros, que les hicieron caminar lentamente, como movidos por resortes, poco a poco, avanzando. La mirada en el suelo, la mente en alguna otra parte, recogiendo cierta decisión a cada paso, asintiendo y haciéndose fuertes los unos a los otros.
Si esas eran sus últimas horas, lo mínimo que podían hacer era no lamentarse, y dejar la tristeza a un lado.

Nana y Woohyun hablaban junto a la ventana, aunque habiendo dejado de mirar por ella hacía rato, para mirar al suelo fijamente, sin saber muy bien que continuar diciendo. Sungjong hacía un rato que intentaba tranquilizarse, cerrando los ojos en un sofá, sabiendo que no iba a poder dormir.
Selene se había levantado de la cama hacía un tiempo, de nuevo inquieta, aunque calmada de alguna forma y casi sin fuerzas para moverse. Quizá seguían siendo los calmantes, quizá era solo el olor que podía percibir proveniente del exterior. La tierra se renovaba. Inspiró lentamente, frunciendo el ceño. Era extraño.
La tormenta había parado, y no oía el rugir del viento, todo estaba en silencio, e incluso podía escuchar el rumor de algún parajillo. No diría que el mundo se estuviera acabando, sino todo lo contrario, parecía hacer un día estupendo ahí fuera. Miró a su alrededor para encontrar a todos los demás perdidos en sus pensamientos, desanimados.
Volvió a tomar aire profundamente, pero el tenue sonido de un golpe en la puerta interrumpió su respiración, dejándola clavada en el sitio. Nadie más lo había oído. Volvieron a llamar. Selene solo consiguió distinguir un olor antiséptico muy fuerte y un corazón débil, latiendo al otro lado de ese muro.
-Vamos Selene, sé que estás ahí, puedo saber lo que estás pensando.- Susurró ese alguien, con una voz cansada. Produciendo un sonido apenas audible.
Selene volvió a mirar a Sungjong, Woohyun y Nana, pero ninguno se había movido, ni daban señales de oír nada. Aun así, dio varios pasos hacia la puerta, aunque indecisa aun. ¿Había oído lo que había oído? “¿Tao?” Se dijo con terror. “Pero… Esa voz…”
-Selene… Si no me abres, tendré que abrir yo.
Antes de que pudiera reaccionar, admitir la realidad, o incluso imaginarse lo que estaba sucediendo, el pestillo de la puerta se corrió solo, el pomo hundiéndose, para poder dejar paso a la persona que esperaba detrás, con esa mirada suya, tan características, y sus ojos negros, como una noche sin luna.





36# Juguemos al escondite, o moriremos todos.

Tao
-Tao… Sabes que te vas a arrepentir… Hehehe…- Siguió riendo Momo, aun habiendo perdido su siniestra sonrisa.
Zitao le agarraba del cuello de la chaqueta, levantándole varios centímetros del suelo. De sus ojos saltaban casi chispas de pura furia. No dependía de él, no le necesitaba, no iba a seguir siendo su juguete. Nunca más.
-Sé perfectamente lo que tengo que hacer.-Siseó con rabia, alzándole por encima de su cabeza, presionando su cuello sin darse cuenta de la fuerza que imprimía en ello.- Y no pienso conseguir más dinero para ti. ¡FUERA!-Gritó lanzándole contra el suelo, haciéndole caer varios metros más allá, con un sonoro golpe que lo dejó en el sitio.
Tomó aire, e hizo una mueca de desprecio, mientras miraba a aquel hombre que creía haberle tenido en sus manos. Escupió en la arena a su lado y se dio la vuelta, enfrentando el camino que llevaba a su casa de nuevo, listo para llevar su plan acabo, sin dejar que nada más pudiera entorpecerse en su camino.
“Espera y verás, Tao. No sabes con quién estás jugando…” Tao simplemente rio ante esos pensamientos, considerándolos divertidos y absurdos. “Por supuesto que veré… Una vida sin ti a mi alrededor, eso es lo que veré. Estúpida rata repugnante.”


Nana y Sungyeol caminaban preocupados en su habitación, con la mirada perdida en el suelo. Myungsoo y Selene estaban solos en la cocina, y esperaban con todas sus fuerzas que Selene recordara algo estando con él a solas. Pero nada era seguro.
-Puff, Sungyeol. Esto me está volviendo loca, voy a ir a echar un vistazo.
Antes de que Sungyeol pudiera coger su brazo y detenerla, ella ya estaba a mitad de camino corriendo de puntillas por el pasillo. “Solo una ojeada” Se asomó con cuidado, para comprobar lo que sucedía. Ocultó su risa, tapándose la boca con una mano, mientras que con la otra llamaba a Sungyeol para que se acercara a mirar. Este resopló, y atisbó por encima de la cabeza de Nana lo que sucedía en la cocina. Abrió la boca por la sorpresa, y regresó al pasillo intentando no hacer ruido con sus carcajadas.
-Creo que…-Murmuró intentando no reír.- Ha funcionado.- Nana asintió conforme.
Ni siquiera habían necesitado más de veinte minutos a solas para volver a estar el uno en los brazos del otro. Allí estaban, besándose, acariciando sus mejillas silenciosamente, reconociéndose de nuevo, en un momento que hasta a Sungyeol y Nana les hacía tener la piel de gallina.
-Ni siquiera se han dado cuenta de que les hemos visto… -Susurró Nana, agitando la cabeza, sonriente.
-Estaban demasiado ocupados comiéndose la boca.- Dijo Sungyeol, volviendo a entrar en la habitación, antes de ser golpeado por Nana.- ¿Qué? –Rio.- ¿Me vas a decir lo contrario?-Nana suspiró, antes de chasquear la lengua por un momento y revolverse en sus pensamientos.- Ya, sé lo que estás pensando. Deberíamos seguir el plan.-Ella frunció el ceño, con gesto interrogante.
-¿Qué plan?
Sungyeol murmuró un breve “Tao” y Nana recordó perfectamente todo lo que habían hablado semanas antes, cuando estaban aún en el hotel. La estrategia que habían elaborado, para cuando Tao y Myungsoo pudieran encontrarse. “Lo más importante es que no puedan atacarse, o si no…”
-Ya, cierto. Ese plan. Debemos cubrirles las espaldas y evitar que se vean ¿no?-Sungyeol asintió, serio.
-Sí. Tenemos que entretener a Tao y hacer que se…
Se detuvieron asustados, en cuanto llamaron a la puerta.

Tao
Sin darse ninguna prisa, sino más bien retocando los últimos detalles de la idea que tenía en mente, regresó a la terraza, desde donde subió directamente al ático, en busca de su preciado sable.
La habitación era pequeña, oscura y el aire allí era muy viciado, pero tampoco se entretuvo gran rato. Tanteó en la pared en busca de la vaina donde estaba guardado, y en cuanto la tuvo entre sus manos, bajó de allí sin darse tiempo a cerrar la puerta.
Entró en la casa junto con una ráfaga de viento que hizo a las cortinas alzarse del suelo. Miró a su alrededor, pero Selene no estaba allí. Seguiría en la habitación. “Perfecto” Espada en mano, se dejó llevar hasta la cocina, dispuesto a continuar hasta la habitación de Myungsoo con inmediatez. Lo único que lo detuvo unos segundos, fue el hecho de contemplar un desayuno perfectamente preparado en la mesa que ni siquiera había sido tocado. Frunció el ceño, sin saber que debía pensar de ello. ¿Sería el de Selene? ¿Por qué no lo había tomado entonces?
Chasqueó la lengua, fastidiado, y regresó atrás, solo para asegurarse de… “¡Mierda!” Selene no estaba en la habitación, ni en el baño, ni en la terraza. “No puede ser posible”
-¡SE…!- Quería gritar su nombre, pero su fuero interno no le dejó. No. Si no estaba allí, no había tomado el desayuno… ¿Se había marchado? ¿Se estaba escondiendo?
Agitó la cabeza, mientras sus pensamientos se oscurecían, poniéndose en la peor situación posible, y tornando su razón en locura. Corrió hasta las habitaciones de los sirvientes, abriendo todas las puertas, con sus poderes alerta. No había nadie allí. Inspiró con fuerza y se concentró aún más. Debían estar cerca, allí mismo, y los encontraría.
“Corre, corre, corre” “Vamos, puff... ¿No he hecho ruido, verdad? No, venga” “Ya está, ya está… Lo vamos a conseguir” “… Vamos Selene…”
Ni siquiera se molestaban en acallar sus pensamientos. “Muy mal…” Murmuró Tao, sonriendo, mientras se relamía los labios. Ni siquiera estaban fuera de la casa, solo habían conseguido llegar a la entrada, lo que significaba que estaban a pocos pasos de allí. Y no avanzarían más.

Myungsoo
-Tenemos que huir.- Dijo cogiendo rápidamente su mano, y llevándola fuera de la cocina. Selene se resistió un momento, volviendo la vista atrás.
-¿No debería recoger…?-Miró a Myungsoo, que negaba con una mirada asustada. No iba a correr ese riesgo.
-No necesitamos nada, solo salir de aquí.
Tras eso, Selene asintió, considerando lo que acababa de decir algo absurdo, cuando sabía que Tao estaba en la puerta de la casa, y debían irse de allí enseguida. Se precipitaron hacia el vestíbulo, corriendo hasta llamar a Sungyeol y Nana, siempre teniendo en cuenta donde estaba Tao.
-Ha subido arriba, no sé qué estará haciendo.-Murmuró Selene, un momento antes de que les abrieran la puerta.
Sungyeol y Nana les miraron alternativamente, antes de observarse entre ellos, para un segundo después fijar su mirada en Myungsoo, señalando a Selene.
-¿Ha reco…?-Myungsoo asintió, sin necesidad de explicar nada más. Sungyeol y Nana chocando sus palmas a modo de eufórica victoria.


-Chicos, tenemos que irnos, rápido. Tao viene y puede llegar en cualquier momento. Vamos, vamos, corred.
-¿Tao viene? ¡¿Y a que estáis esperando?! ¡Iros! –Gritó Nana, poniendo los brazos en jarras. Selene y Myungsoo fruncieron el ceño.
-Nos vamos todos.-Afirmó Selene.-Vamos.-Sungyeol y Nana se miraron, poco convencidos.
-No tendríais ni que habernos avisado, deberíais estar ya lejos. Vamos, corred, si hace falta os cubriremos las espaldas, pero no estéis ni un minuto más aquí.
-¡YA VIENE!-Saltó Selene, entrando en pánico, agarrando el brazo de Myungsoo, que permanecía a su lado, angustiado a su vez.
-Iros de una vez, le engañaremos de alguna forma. ¡Corred!
Sin poder hacer otra cosa, la pareja salió de la casa lo más deprisa que le dejaron sus pies y el sigilo con los que los posaban en el suelo, paso a paso.
Sungyeol y Nana se miraron y asintieron, haciendo lo que tenían planeado. Ocuparon sus mentes con pensamientos de fuga, creando en su imaginación una escena perfectamente creíble para conseguir engañar a Tao, hacerle pensar que eran Myungsoo y Selene. Solo había un problema: si funcionaba y no iba tras Selene y Myungsoo… ¿Qué probabilidades tendrían de escapar?
Aun siendo meticulosos con aquello que pensaban, fueron arrastrándose hasta el vestíbulo, donde estaba la puerta, ya abierta, que les llevaría a la libertad. Salieron con cuidado, y sin mirar atrás. En el segundo en el que miraron al cielo azul sobre sus cabezas, fue el
segundo en el que una sombra oscura pasó como una exhalación a su lado, sin entretenerse con ellos, solo buscando su objetivo.
Ahogaron un grito, y fueron tras él, aun sin poder igual su velocidad salvaje. Era realmente rápido.

Tao
No le llevó ni siquiera un instante sospechar sobre la pequeña trampa que le estaban intentando tender. Sonrió a mitad de su paso, consiguiendo reconocer la fuente de esos pensamientos. Sungyeol y Nana. Agitó la cabeza, algo exasperado, aunque herido en su orgullo por que creyeron que eso les iba a funcionar.
Suspiró y frunció el ceño exasperado. Entonces Myungsoo y Selene… ¿Dónde estaban? Se volvió a concentrar, aun dejando transcurrir un poco más de tiempo. Inspiró y dejó fluir sus poderes, que se desplegaron en todas direcciones, rápidos.
Allí. No demasiado lejos, corriendo para salvar sus vidas. Agarró con fuerza la espada, manteniéndola a su lado, mientras él también se dispuso a ir tras ellos, compitiendo con su velocidad.
Atravesó la puerta, dejando atrás a aquellos pobres embusteros, siguiendo la pista a su verdadero objetivo. Conocía demasiado bien a Selene, no podía darse por vencido. Tarde o temprano le faltaría el aire, no estaba entrenada. Myungsoo se pararía con ella, y él… No perdería el tiempo.
Sus piernas le permitían ir a una velocidad exorbitante, alcanzando a ver sus espaldas en muy poco. Tensó la mandíbula y apretó aún más el paso. Como había predicho, un rato después, cuando estaba a pocos metros de ellos, Selene aminoró la marcha, deteniéndose a respirar, agotada. Myungsoo se detuvo a su lado, aunque loco de angustia.
“Selene… Venga, vamos. Te llevo si hace falta, pero… Por favor, por favor… No podemos parar.” Selene asintió, tomando todo el aire que pudo, dispuesta a correr de nuevo, aunque tosió a mitad de su respiración.
Tao se acercó rápido y sigiloso como un puma, como solo alguien como él, con esa obsesión y técnica en artes marciales, podría. Empuñó el sable, manteniéndolo paralelo al suelo, agarrándolo con ambas manos, mientras sus pasos le seguían guiando hasta donde estaban ambos.
Myungsoo miraba las mejillas sonrosadas de Selene, sonriendo con un gran nudo en la garganta mientras la contemplaba. “No puedo perderla” Se dijo a sí mismo, acariciando su mentón, diciéndola que no pasaba nada, antes de ver el miedo reflejado en sus ojos. No tuvo tiempo de volver la vista atrás.


“Lo lamento, hermanito” Sonrió, dejando el filo de la espada recorrer el cuello de Myungsoo con la fuerza que impregnaba el brazo de Tao y la velocidad de la carrera, lacerando su piel, rasgando sus músculos, dejando la sangre fluir libre de su cuerpo.
Tao exhaló el aire que había contenido, conforme con lo que él consideraba toda una proeza. Ya estaba hecho. Se había quitado a Myungsoo del medio, murmuraba para sí mismo, al tiempo que le veía caer sobre sus rodillas, dándose cuenta demasiado tarde e incrédulo de que la vida se estaba escapando de su cuerpo a una velocidad vertiginosa. Para cuando la espalda de Tao chocó al fin contra el suelo, sus ojos ya no tenían vida.
-¡Myungsoo…!
Selene se sentía morir, incapaz de hacer otra cosa más que pronunciar su nombre a cada instante, como si de alguna forma, pudiera llamarle de vuelta allí, de regreso de la muerte.
-No puedes.-Siseó Tao, contemplando el brillante filo de su arma con admiración.

Selene
De nuevo estaba pasando, otra vez. Como si la hubieran lacerado a ella también con esa espada, se notaba herida, atravesada por las agudas punzadas de dolor que se aposentaban en su pecho, inmovilizándola con esa pesada rigidez. Si se movía dolería aún más, y solo podría llorar.
Sin emitir ningún sonido, se derrumbó sobre sus rodillas, que se empaparon nada más tocar el charco de sangre que se extendía bajo Myungsoo. No podía ser posible. Ese cuerpo amado, el cual estaba silente ya, sin que pudiera oír su corazón latir, o su respiración. No quedaba nada que pudiera decirle que seguía vivo.
El sol se ocultó bajo las negras nubes que habían cubierto el cielo en poco segundos. El Fin comenzaba.
-Selene, ya no puedes hacer nada, ahora solo puedes quedarte conmigo. Solo yo puedo hacerte feliz.-Al ver que no se inmutaba, continuó.- Déjalo, ya no tiene sentido.-Dijo con voz potente Tao, imponiéndose ante la trágica imagen que contemplaba.
Selene no se molestó en contestar, demasiado conmovida con el cuerpo yacente a su lado, acariciándolo sin poder creer lo que pasaba, mientras algunas lágrimas escapaban de sus ojos. No sentía nada, no reconocía a nadie, solo tenía ojos para Myungsoo, aunque su visión le hacía clavarse más profundamente la daga ardiente que pesaba en su corazón.
-Está muerto, Selene.
-Pronto lo estaremos todos.-Murmuró con desprecio, a la vez que un ligero temblor resonaba contra las montañas cercanas, llegando hasta donde estaban, suavemente. Tao agitó la cabeza.
-Él está muerto y yo soy todo lo que necesitas. Sé todo lo que te gusta, tus comidas favoritas, la ropa, lo que quieres hacer en tu tiempo libre, todo tu pasado…
-Como si importara. Jamás serás él…-Rugió con voz quebrada, reuniendo todo el desprecio que pudo, antes de regresar su atención a Myungsoo, moviéndole contra un costado, intentando hacer que la sangre no siguiera fluyendo, apretando sobre la herida, desesperada.
-No va a funcionar, ¿no te das cuenta? Ven conmigo.
-¡CÁLLATE!-Sentenció dirigiéndole una mirada de odio dolorida. Un segundo después volvió a desviarla, sin importarle lo que pasara.
Tao se revolvió en su sitio, humedeciéndose los labios, y negando con la cabeza. “Te demostraré lo equivocada que estás, una vez te lleve conmigo.” Fue hasta ella, cogiendo su brazo, alejándola de Myungsoo, pero no esperó que la desesperación le diera fuerza sobrenatural. Clavó sus uñas hasta hacerle heridas sangrantes en las manos, debilitando su garra, y deslizándose debajo de su cuerpo.
Justo cuando, aun con el ceño fruncido, iba a volver a abalanzarse sobre ella con mayor decisión, sintió un dolor agudo en su sien. Su visión se oscureció, la sangre también comenzó a cubrir su piel. Era tibia y espesa. Dolía irremediablemente. “Te advertí… Que te arrepentirías”
-…Hehehe… El dinero es mío, es mío. ¡SOLO MÍO!... Hehehe. No me quieres ayudar… Lo conseguiré yo, ¡no te necesito! ¡Nunca, nunca, nunca!... Hehehe…
Tao se desplomó en el suelo, sintiéndose incapaz de mantenerse erguido. No sentía su cuerpo, no era apenas consciente. Solo quería parar el dolor. Notó un nuevo golpe en la nuca, de nuevo una piedra, aún más grande, que le hizo sucumbir en la oscuridad.


-Es mío, mío… Hehehe…-Momo gritaba, lanzando más piedras contra un cuerpo que ya no se movía.
Selene comprobó consternada que Tao casi había perdido sus constantes vitales. Se obligó a alzar la vista, mirando la turbia situación que se desarrollaba en ese momento. Momo acercándose a Tao, socarrón, burlesco, Tao agarrando con sus últimas fuerzas su sable… Para acabar hundiéndolo en el abdomen a aquel ser avaricioso y loco. El acero traspasó su cuerpo, paralizando su risa para siempre.
Selene pestañeó, aun siendo apenas consciente de lo que estaba pasando. Tao dejó caer su brazo con un último suspiro, una pequeña sonrisa, y una mirada queda que se dirigió hasta ella. Su energía se agotaba, solo reconocía una sombra, y sangre. Su pecho no respondía sus órdenes, así como tampoco lo hacía su latir. Su cuerpo le era ajeno, distante. Era libre.
“Adiós” formó con sus labios, la sangre cubriendo su cara casi por completo. No volvió a respirar, ni a cerrar los ojos. Se quedó en esa posición, inerte, como una gran estatua griega. Sin una expresión violenta en la cara, solo una media sonrisa, un recuerdo vago de lo que una vez había sido. Ninguna maldad exhalaba su cuerpo ya. Había acabado.
Nana
Para cuando consiguieron alcanzar a ver a sus compañeros, solo pudieron apreciar a Myungsoo en el suelo, herido. Sin perder tiempo llamaron a las emergencias, hablando desesperados con su interlocutor, mientras seguían contemplando como transcurrían los hechos, a la vez que se acercaban a toda prisa, hasta que Momo hizo su aparición y frenaron, incrédulos y paralizados.



Tao… Momo… En el suelo, sin que nada les turbara, solo el aire que removía sus cabellos, dándoles un aspecto aún más desamparado, si cabía. Selene con la mirada perdida, arrodillada en medio de aquel caos aterrador. Se acercaron con pasos lentos, con miedo a lo que iban a encontrar. No se atrevieron a tomar el pulso de Myungsoo, temerosos por lo que pudieran encontrar, a juzgar por la actitud de Selene. Ni siquiera parecía que estuviera viva ella, si no fuera por su ligera respiración.
Nana consiguió llegar hasta ella para acariciar su hombro levemente, intentando de forma torpe darle algún ánimo.
-La ambulancia viene de camino. Solo espera un poco más…
Asintió imperceptiblemente, presionando de nuevo el cuello de Myungsoo, intentado hacer algo que acabara con su desesperación. No había nada, nada. Ningún sonido, ningún color. Estaban abandonados en aquel día oscuro y silencioso.
El pitido de las ambulancias rompió aquel marco, consiguiendo sacar a Sungyeol y Nana de parte de su angustia. Ayudaron a llevar a Myungsoo dentro, intentando convencerles de que hicieran todo lo que estuvieran en sus manos.
Tao y Momo también fueron recogidos esa vez, transportados hasta el hospital como fallecidos en el acto. No había ningún tipo de solución posible.
El mar se revolvió contra la orilla. Las olas formando grandes masas negras de agua. El Fin se acercaba lenta e inexorablemente, aunque ellos se alejaran de aquel lugar. No podían huir.