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Giró el pintalabios y lo cerró con el tapón, seguido de esto lo guardó en su pequeño bolso.
Mei seguía observándose en el espejo, buscando cualquier defecto en su rostro, misión imposible.
Desde pequeña siempre fue preciosa, inteligente, deseada y amada por todos. No tiene ni una sola mancha en su historial, ninguna que el resto de personas puedan ver. Nunca fue una niña egoísta y caprichosa, pero siempre que fijaba su atención en algo lo conseguía el cien por cien de las veces ¿Algo que se hubiera propuesto y no hubiera logrado? ¡Jamás! Siempre ganaba todo.
Ella era consciente de aquello, la gente que la envidiaba era destruida y los que la querían recompensados, siempre ha formado a su alrededor una vida perfecta, solo había una cosa que se le escapaba de la mano y que no podía manejar, el amor.
No podía comprarlo, ni forzarlo. Para las personas aquel hecho era más claro que el agua, pero ella, alguien que ha tenido todo lo que ha deseado, no lo podía comprender y eso la frustraba.
¿Por qué? A todos los hombres que les dirigía una mirada tímida e inocente se arrodillaban ante ella, a todas las mujeres que admiraba con pasión conseguía provocar el deseo de estar con ella.
¿Por qué ahora no podía controlar aquello? ¿De qué le servía la belleza? ¿Y el carisma? ¿El dinero?
Derribó todas las cosas que había sobre la mesa y frustrada despeinó su pelo, volvió a mirarse en el cristal y ahora la Mei que veía era distinta. Ahora era una flor marchita.
-¿Por qué no podemos decidir de quien nos enamoramos? Si esa persona no siente lo mismo por ti...- Hablaba consigo misma - Todo habrá terminado - Golpeó el espejo agrietándolo un poco - No es suficiente con los sueños, no me llenan unos segundos a tu lado, si tan solo pudiéramos amarnos, sería feliz. Quiero creer que algún día estaremos así - Volvió a golpear el espejo rompiéndolo más -¡Déjame olvidar la realidad!- Gritó - Quería que pensarás que yo era la única especial, podría dejarte marchar con tu gran sonrisa, pero no - Dio el golpe certero y el espejo se rompió en mil pedazos cortando su mano...
Mei se levantó y agarró un trozo de cristal con fuerza, su mano sangró aún más.
-Esta noche volveré a soñar contigo y mañana ya no será un sueño, siempre consigo lo que me propongo y tú no eres mi objetivo, eres mi meta- Las lagrimas de dolor recorrieron su rostro hasta perderse en el suelo.
Ryosuke corrió hacia los brazos de Ryu, se saludaron con un cálido abrazo que se convirtió en un tierno beso.
-¿Como estas amor mío?- Preguntó Ryo.
-Como nunca... Ahora mismo, nadie es más feliz de yo. No sabes cuánto he deseado y esperado este momento, tenerte en mis brazos y que seas mío, verte dejar de sufrir por un idiota- Abrazó mas fuerte después de terminar.
-Sobre ese idiota vengo a hablarte- Se separó lentamente del cuerpo de Ryu y lo miró a los ojos.
-¿Qué pasa? No me asustes, no quiero verte mal- Acarició el rostro de su chico.
-No te preocupes, quería decirte que creo que debería perdonarle... Tal vez sea lo mejor- La melancolía se apoderó de su rostro debido a los recuerdos que le vino a la mente.
Ryu sintió miedo, temor de que Ryosuke saliera dañado, incluso pavor de perderlo otra vez, pero cuando se calmó comprendió que eso ya no sucedería, ahora era suyo y confiaba plenamente en el amor que los unía.
-¿Sabes mi vida? A pesar de todo confío en vuestra amistad y en lo mucho que os queréis como amigos, pensándolo calmadamente creo que si os perdonarais es lo mejor que os podría pasar nunca. Verte feliz hará que mis sueños se cumplan - Decidido juntó los labios con los de Ryo, este se separó.
-Ya soy feliz junto a ti- Ahora dominó él la escena dándole un toque de pasión. - Tengo algo más que decirte - Mostró su hermosa sonrisa, la que hacía que la vida de Ryu fuera mas fácil.
-Dime...- Observaba como un tonto aquel rasgo del joven.
-Esta tarde le daremos una sorpresa a Nozomi, ya he hablado con Kiyoshi, tenemos que ir a prepararlo todo.
Kyo cargaba un gran ramo de flores de múltiples colores, Hikari y Kiyoshi se encontraban a su lado. Estos dos llevaban decoración y globos, los tres iban por la calle dirección al hospital. Kiyoshi tomó la palabra.
-¿Os ha quedado claro como lo haremos?- Dijo con una sonrisa.
-No tiene mucha complicación, esto es de tontos- Dijo malhumorado como era él. Hikari nerviosa habló.
-Pues a mí no me ha quedado muy claro- Agachó la cabeza.
-Cariño, tu es que eres un caso especial- Se burló de ella.
-¡Calla!- Se cabreó.
-A ver Hikari, es fácil- Se dispuso a explicarlo otra vez - Tu entras con el ramo de flores y le das tu carta, conforme la lea ella irá a coger el resto de cartas que están en el ramo ¿Verdad? Pues ahí nos darás la señal y entraremos todos con los globos y con la tarta.
-Entiendo ¿Cual era la señal?- Kyo y Kiyoshi se echaron la mano a la cabeza.
-La señal era un estornudo, debes de fingirlo- Dijo Kyo.
-¡Esta bien!- Se llenó de energías.
-Conozco bien a Nozomi, se que ella quiere que celebremos una pequeña fiesta y disfrutemos de ella, no quiere que le mostremos nuestra tristeza- Se le humedecieron los ojos.
-Kiyoshi, ya te he dicho que haremos lo que tu veas mejor para ella- Kyo confiaba en él y sabría que el hecho de hacer una fiesta no le molestaría a Nozomi.
Se reunieron todos en el hospital, a pesar de que Ryo y Kyo no estaban perdonados el ambiente no era incomodo, todos estaban unidos y animados por la causa de hacer feliz a Nozomi, no dejarían que sus problemas rompieran la felicidad de su amiga, todos habían madurado bastante.
-¿Estáis listos?- Preguntó Kiyoshi.
Todos asintieron y entonces Hikari tocó la puerta, la voz de Nozomi se escuchó como un susurro, entonces abrió la puerta y entró con el ramo de flores.
-Hola Nozomi- Dijo con una tierna sonrisa.
-¡Oh! Eres tu Hikari- Se sorprendió de que no fuera ni Ryosuke ni su gran amigo Kiyoshi.
-Sí, te he traído este regalo- Dejó el ramo de flores en la mesa y le acercó su carta. Nozomi la abrió con una sonrisa y comenzó a leerla.
"Querida Nozomi, no ha pasado mucho tiempo desde que nos conocemos... Podríamos haber aprovechado más el tiempo juntas, lo siento.
Siempre he pensado que el tiempo es muy valioso ¿No crees? Bueno, claro que pensarás que sí. Mi familia siempre está ocupada por trabajo, entonces cada vez que puedo estar un momento con ellos lo aprovecho al instante. Quería decirte que eres mi ejemplo a seguir, siempre estas con tu enorme sonrisa alegrándonos la vida. A pesar de todo estas a nuestro lado y aprovechas el tiempo al máximo, no has renegado a los sentimientos que han venido, ya que te hacían sentir más viva, no has evitado ningún momento que te hicieran desear quedarte, todas las veces has ido de frente contra los problemas y los has superado.
Ciertamente no sé cómo te recordaran el resto, pero en mi corazón siempre serás recordada como una heroína, la heroína que a pesar de no haber estado mucho con ella, logró hacerme ver que debo de vivir la vida aprovechando cada instante, siendo feliz y no arrepintiéndome de nada.
Gracias Nozomi, estarás presente en mí como ahora."
Las lagrimas fluyeron de los ojos de Nozomi como si un rio fuera, Hikari fingió un estornudo en ese momento y le dio un fuerte abrazo.
El resto entraron de golpe sin pensárselo dos veces con un "¡Sorpresa!". La gran sonrisa de todos provocó que Nozomi llorara aún más, no se esperaba aquel encuentro con sus amigos.
Pero ellos no fueron los únicos que entraron a la sala, también lo hizo el médico junto a una enfermera.
-Siento mucho la interrupción, pero tenemos que dar una noticia - Tosió y continuó - No sabemos cómo, tal vez nos hubiéramos equivocado, pero Nozomi ha mejorado con su enfermedad todo este tiempo, aun quedan esperanzas para ella- Hizo una profunda reverencia.
Todos gritaron de alegría y comenzaron a saltar y corrieron a abrazar a Nozomi, nadie se lo podía creer y menos ella.
Ryosuke admiró aquella escena con una felicidad especial que no había sentido nunca. Su novio, Ryu, sabía que ahora todo iba a ir bien con él, le quedaba una larga vida que hacer a su lado, siendo felices, una familia que formar, un amor que darse. Observó a Kiyoshi, aquel fiel amigo que ha tenido durante toda su vida, estaba dándolo todo por la protagonista del día. Nozomi, aquella chica de corazón puro que tanta felicidad le había dado ¿Cómo era posible? Nadie cabía en la escena de que Nozomi se iba a recuperar ¿Gracias a él? No... descubrió que fue gracias al amor de todos, ese era el milagro del amor. Sus ojos se dirigieron hacia la preciosa pareja, se le iluminaron al ver a Hikari feliz junto a su amado, aquel chico tan importante para Ryo había cambiado tanto, ya no era el mismo niño con el que solía jugar cuando era pequeño, ahora era un hombre, ya no le despertaba los mismos sentimientos que antes, ahora eran unos sentimientos aun mas fuertes. Más que nunca estaba dispuesto a ir a hablar con él y a per...
Unos fuertes mareos se apoderaron de Ryo, un brusco pinchazo provocó un dolor que se extendió por todo el cuerpo y se desmayó allí mismo.
-Hoy será un día especial, te lo prometo- Eso fue lo que me dijo Ryu esta mañana cuando me dijo que viniera a este parque. -Todos los días son especiales-  Le respondí yo, muy típico de mí. -¡Este lo será más!- Y me dejó con aquella intriga...
Esperaba impaciente allí sentado, siempre solían quedar en ese parque, haciéndolo así un lugar especial,  de ellos. ¿A dónde lo llevaría? No podía quitarse esa pregunta de la cabeza. Su curiosidad se marchó cuando vio a Ryu aparecer por la lejanía. Se levantó impaciente y corrió hacía él.
Se saludaron con un largo abrazo, algo que ya hacían siempre.
-¿A dónde vamos?- Ni si quiera un hola.
-¿No puedes esperar ni un poco?  Ya verás, solo sígueme- Así hizo Ryosuke. Caminaron por la ciudad hasta llegar a la estación de trenes.
-¿Un tren?- Preguntó.
-Sí, sabes lo que son ¿No?- Se burló de él. -¡Vamos! Que lo perdemos- Ya le había comprado el billete.


Kyo y Hikari estaban tumbados en la cama de este. Desde que comenzaron a salir juntos, Hikari pasaba más tiempo en casa de él que en la suya, de esa manera no se sentía tan sola y estaba acompañada de quien quería.
Hikari tenía sumergido el rostro en el pecho del joven y este le acariciaba con delicadeza, amaba acariciar el largo pelo de Hikari.
La chica se sentía protegida mientras él la abrazaba, le gustaba escuchar el latido del corazón de su amado. Era el momento idóneo para liberar sus penas, no tenía ningún temor sabiendo que él estaba ahí.        
-No quiero que se vaya- Musitó encogida.
-Es el destino- Acarició con más suavidad.
-No, no lo es- Mordió su labio inferior - Nuestro destino es vivir, para eso estamos aquí
-Pero la vida se nos termina. A unos antes y a otros después.
-Me arrepiento de no haber aprovechado el tiempo con ella. He dejado escapar muchos momentos... ¿Por qué somos así? ¿Por qué nos damos cuenta de estas cosas cuando ya es tarde?
-Dándonos hostias aprendemos, y nos acabamos de dar una muy grande - Soltó una pequeña risa, Hikari le siguió.
-Pero... tú... te has dado dos hostias ¿No crees que deberías volver a intentar solucionarlo con Ryo?
-No servirá de nada- Al escuchar esto Hikari se levantó enfadada.
-¿Vas a seguir cabezón hasta el final? ¿Sabes cuánto tiempo estás perdiendo con Ryo?
-Los amigos van y vienen, la cagué y él se fue...
-Las novias también van y vienen ¿A caso no me quieres hasta el final?
-No compares...- Lo cortó.
-Si comparo. No es el que sea un amigo o tu novia, es la persona, lo especial que es para ti. En el pasado él hizo una cosa por ti que nadie hubiera hecho, porque así lo sentía y quería ¿Crees que eso ha cambiado ahora? ¡No lo ha hecho! Abre tus ojos Kyo... Él no es el que se va y viene, él es el que se irá contigo en el final del camino.
Otra vez las palabras de Hikari dejaron a Kyo paralizado y pensativo. Siempre lo lograba. Si  no fuera por Hikari, él no estaría donde está ahora.
-Kyo... Te quiero y si te digo esto es porque busco lo mejor para ti... Lucha por él- Se dejó caer en la cama, seguido de esto Kyo se colocó encima de ella.
-Lucharé, pero ahora tengo a otra persona de la que encargarme- Sonrió y la besó tiernamente.


Sakura terminó de comer, aunque no había tocado mucho el plato. Se levantó de la silla y se dirigió hacia el aseo.
-Tengo nauseas- La voz sonaba perdida.
Entró al aseo y cerró lentamente, se apoyó de espaldas contra la puerta y puso el pestillo. Encima del bidé había un espejo, se detuvo allí y se miró.
"¿Qué ha pasado? ¿Esta soy yo?" - Tocó su cara mientras se hacía aquellas preguntas. La vida le había puesto grandes obstáculos en su camino, demasiado grandes. No se sentía capaz de esquivarlos. ¿Cuál era el camino más fácil? No había, así de simple. Lo único que le quedaba era dejar de andar hacia un destino que ella veía perdido.
Abrió el cajón que había en el aseo y de este sacó unas tijeras. Sin pensárselo dos veces las abrió y colocó una de las partes en su muñeca.
Le daban igual sus sueños. Le daba igual su familia. No le importaba el amor. La vida que tenía dentro, no la olvidó, fue el principal motivo del acto que iba a cometer.
-Lo siento... no serías feliz conmigo- Cortó sus venas cayendo al suelo.
El sufrimiento que sentía cada segundo era más grande que cualquier deseo humano por vivir. ¿Había sido una valiente por hacer aquello? ¿O era una cobarde por tomar el camino del no sentir?


-¿A dónde me has traído?- Preguntó Ryosuke a Ryu.
Se encontraban en una colina de las afueras de Tokyo, donde se podía apreciar una hermosa vista.
-Sé que te gusta la naturaleza, y este sitio lo conozco de hace tiempo, así que, me pareció buena idea- Sonrió mientras se sentaba en un banco que había en la punta de la colina.
Ryosuke hizo lo mismo.
-¿Me has traído por algún motivo especial?- Preguntó ruborizado.
-Eres más listo de lo que pensaba-  Lo observó dulcemente con una mirada. Ryo mostró su sonrisa más tierna - Me da igual lo que sientas por la otra persona, tan solo espero que queden recuerdos dolorosos, sé que en tu corazón no queda amor por él- Acarició la cara de Ryo - Déjame... que sea yo quien te ayude a borrar esos recuerdos.
El rostro de Ryu se acercó levemente al de Ryosuke, este no respondía, pero tampoco huía de aquel momento. La respiración del joven se comenzó a acelerar, más rápido cuanto más cerca tenía los labios de Ryu. Juntaron sus labios lentamente y con suavidad, poco a poco Ryu fue jugando con lo que ahora era suyo, Ryosuke tardó en responder pero lo hizo. El beso se convirtió en unos segundos siendo más apasionado e introduciendo sus lenguas y jugando entre ellas.


-¿Nozomi?- Ryosuke pasó lentamente por si su amiga estaba durmiendo.
-Pasa, tranquilo- Su voz sonaba alegre.
-¿Qué tal? Te he traído comida- Dijo mientras sacaba de la bolsa las cosas.
-¡Qué bien!-
Estuvieron los dos comiendo durante un rato, a veces hablaban, pero predominaba un silencio que no era para nada incómodo. Tenían que comer silenciosamente, ya que no creían que los médicos se lo fueran a tomar muy bien. Nozomi engulló la comida.
-¡Estaba todo muy rico!- Dejó los cubiertos en la mesa.
-Me alegro que te haya gustado- Aún le quedaban algunos bocados.
La expresión de Nozomi cambió drásticamente a una más seria.
-¿Sucede algo?- Preguntó preocupado
-Es sobre Kyo... me has contado cosas de él, lo que ha sucedido...- Ryosuke parecía que ya sabía por dónde iba encaminada.
-No lo pienso hacer- Dijo firmemente.
-¿Por qué? Tú quieres, tan solo te estás haciendo más daño- Llevaba la razón.
-No merece mi perdón.
-¿Enserio? ¿No? Las personas se equivocan Ryo, hay que saber perdonarlas.
-¿Cómo puedo perdonar a la persona que jugó con mi amor tan fácilmente?
-Peores cosas habrás perdonado en la vida...- El joven se calló - ¿Sabes? Cuando me contaste lo que sucedió con Sora, pensé que perdonarías a Kyo, que abrirías los ojos y verías que debes de aprovechar el tiempo.
-No es un motivo- Fue interrumpido.
-Mírame, soy el motivo más claro de que el tiempo es limitado y debe aprovecharse, no seas tonto.


Aquello era cierto ¿Que haría el joven? ¿Debería de perdonar al que fue su amigo? La persona por la que sacrificó parte de él.
-No es posible- Dijo Ryosuke mientras las lágrimas recorrían su pálido rostro. Kiyoshi había quedado con él en una cafetería bastante conocida de la ciudad. Le había dado la noticia de que a Nozomi tan sólo le quedaba una semana de vida.
-Si... cuesta creérselo- También fluyeron las lágrimas en él. -Mi cerebro todavía no ha aceptado que ella se vaya a marchar. Sabes que siempre he sido alguien tímido y solitario, ella me ha ayudado en ese aspecto, hemos estado juntos desde que éramos pequeños, todo con ella era especial y distinto... ahora se marcha- Secó sus lágrimas con la mano.
-¿Cuáles son tus verdaderos sentimientos hacia ella?- El joven conocía bien a su amigo.
-La quiero, no solo como a una amiga o a una hermana- Ryosuke estalló otra vez al escuchar los sentimientos de Kiyoshi. -Por eso quiero que vayas a verla, ella siempre ha estado enamorada de ti, tú eres el que puede hacerla feliz en este tiempo- La frustración le recorría todo el cuerpo, pero no podía enfrentar a la realidad.
Ryosuke seguía llorando, en su cabeza tomó una decisión. Quería recuperar el tiempo perdido de alguna manera, una semana de su vida no era nada comparado con el poder ayudar a Nozomi ser feliz. "Sí, lo haré, la visitaré todos los días, casi las veinticuatro horas estaré con ella" - Tomó aquella decisión y se dirigió al hospital.
Había avisado a su familia de que estos días estaría ocupado. Tenía aquella idea metida en la cabeza y la cumpliría. Llegó al hospital y subió a la habitación que le había dicho Kiyoshi, allí, fuera de la sala, se encontró con los padres de Nozomi. Les explicó la situación, que era un amigo de ella e iría a visitarla todos los días. Sus padres se lo agradecieron entre lágrimas, pero bueno, al fin y al cabo no iba a ser el único que iría, Kiyoshi también, solo ellos dos lo sabían.
Nozomi le dijo a Kiyoshi que Hikari no podía enterarse de esto, así que este se lo ocultaba. ¿Pero durante cuánto tiempo? No lo veía justo para Hikari.
Ryosuke entró en la sala, su corazón se detuvo cuando vio a su amiga en la camilla con la luz de la vida casi apagada.
-Toc toc ¿Se puede?- Bromeó el joven intentando animarla.
En cuanto Nozomi visualizó que era Ryosuke, una sonrisa se le dibujó en el rostro.
-¡Ryosuke! ¿Qué haces tú aquí?-  No se creía que él estuviera ahí.
-He venido a hacerte compañía, vendré estos días- Evitaba el tema -Deberíamos de haber pasado más tiempo juntos estos días- Aquella sonrisa de niño pequeño iluminó el día de Nozomi.
-Ryo... Déjalo- El joven miró impresionado al escuchar Ryo - Sé que sabes que me queda una semana... no es necesario que hagas esto - Suspiró.
-Lo hago porque quiero- Dijo normal y corriente, como si a Nozomi no le pasara nada.
-¿Kiyoshi te ha dicho algo no?- Su expresión era cansada.
-Sí, me ha dicho alguna que otra cosa, es un buen amigo, cuídalo más- Sonrió y bebió de la botella de agua que había en la mesa. Nozomi sonrió.
-Tonto- Se sonrojó.
-Bueno, el día es largo ¿Por dónde empezamos?- Sacó la lengua.
-No se...- Lamía sus labios.
-Ya sé, voy a confesarte una cosa...- Estaba animado, desprendía alegría por todos los costados. No sólo eso, también estaba más guapo de lo normal.
-¿El qué?- Miraba atónita.
-Soy gay- El chico estalló en carcajadas como si lo que había dicho no fuera importante.
-¿Es broma no?- Estaba pálida.
-Que va, llevo enamorado de Kyo desde hace muchos años, además, las mujeres no me atraen- Volvió a tomar un trago de agua.
-¿En serio?-  Seguía sin creérselo.
-¡Qué sí mujer!- Comenzó a reírse. Al poco tiempo Nozomi también comenzó a reírse como una loca.
-No puede ser ¿Por eso estabas tan cerca de Kyo?- No se lo tomó tan mal como pensaba Ryo.
-En el fondo porque somos amigos, pero sí, locamente enamorado-  Guiñó un ojo. - Si quieres te cuento todo lo que me ha pasado, alucinarás- No sabía cómo, pero había animado a Nozomi como nunca lo había hecho, por un momento se le olvidó que le quedaba poco tiempo. La vitalidad de Ryo la hacía sentirse viva. El joven había conseguido lo que buscaba, eliminar de Nozomi cualquier posibilidad de amor con él sin que le doliera demasiado.


Aquella cafetería siempre era el lugar de encuentro de Hikari y Mei, las dos tomaban un café allí.
-Hacía mucho tiempo que no hablábamos- Mei dio un sorbo a su café.
-Si... desde que pasó lo de Sora, no nos hemos visto- Hikari no bebía del café, tenía la mano sujetando al vaso como si se le hubiera quedado pegada.
-Lo siento... Nunca pensé que causaría esos problemas- Miró a Hikari melancólica.
-Dejémonos de estupideces Mei, hablemos seriamente. ¿Fuiste tú quien llamó a la policía?- Soltó el vaso.
-Sí, fui yo- Cruzo los dedos de sus manos.
-¿Sabes que estoy con Kyo verdad?- Su mirada era firme, al igual que su compostura.
-Sí, lo sé. También sé que Sora os desveló todo, o al menos imagino que fue así- Dio un trago largo al café terminándolo.
-Mei... Aléjate de nosotros- Sus ojos húmedos no mostraban pena, si no enfado.
-Hikari... yo...- El grito de la joven la calló.
-¡ALEJATE! Ni se te ocurra poner en peligro nuestra relación, estás loca, igual que lo estaba Sora- Se puso histérica. Su corazón dolía, no soportaba aquella traición de lo que ella creía ser su mejor amiga.
-Loca de amor- Mei seguía sentada, impactada por las palabras de Hikari.
-Cómo fui tan tonta... Al fin y al cabo, cuando el demonio entra en tus vidas, todos creen que es humano- Finalizó aquella escena con la frase que le dijo tiempo atrás, se marchó dejando allí el café sin probar.
Mei se quedó paralizada en el sitio mientras toda la gente que estaba en la cafetería la observaba detenidamente. Las lágrimas comenzaron a caer de sus hermosos ojos.
-No... me... dejes...-


"Estos días los he pasado con Ryu, han sido geniales, siempre sabe como alegrarme" - Pensaba Ryo tumbado en las piernas de Ryu mientras este acariciaba su cabello. Los dos se encontraban en casa del último.
"Mis sentimientos hacía él han ido creciendo poco a poco. No sé qué haría sin él, consigue que Kyo desaparezca poco a poco de mi corazón, es como si él ocupara el puesto que le pertenecía a mi amigo. Tengo miedo de estar equivocándome... ¿Cómo uno puede saber lo que siente? Con Kyo no tuve nada más claro en mi vida, ahora... no sé qué decir" - Pensó el joven cerrando los ojos y sumiéndose en aquella tranquilidad que Ryu le otorgaba.


-¿Qué has hecho qué con Mei?- Se partía de la risa.
-¿De qué te ríes? Si, la mandé a tomar viento por meterse en nuestra relación- Se enfadó debido a que Kyo se rió de algo que a ella le resultó tan difícil.
-Tranquila mi amor- La cogió de la barbilla y la besó, calmándola así.
El movil de Hikari se iluminó en ese momento, lo cogió y leyó el mensaje que había recibido.
"Soy Kiyoshi, tenemos que hablar"- Confundida marcó el número de Kiyoshi y lo llamó.
Kyo observaba la escena desde el sofá hasta que algo le impactó, Hikari dejó caer el móvil al suelo.


"Sakura... soy Ryota... te escribo este mensaje para decirte que me voy. ¿A dónde? Todavía no lo sé, pero nos mudamos. Ahora lo estás pasando mal, imagino, no sé tus problemas y me gustaría haberme quedado más contigo, pero no pudo ser posible. Adiós Sakura, te quiero." Otro de los mensajes de Ryota, el móvil se iluminó, pero no había nadie allí. ¿Le quedaba algo en la vida a la pobre chica? Si lo que aún estaba era Ryota... ya lo había perdido también.


Aquel lugar blanco la ponía nerviosa, no era su sitio ¿Por qué debía de estar ella allí? No era el lugar donde debía estar, ella no era una loca de esas. Sus padres la habían llevado a aquel manicomio.
Apreció que en su ropa tenía un cartel "Kokoa" y también un número.
¿Qué había hecho ella para estar ahí? Solo buscaba estar más guapa, más delgada, más feliz. No comprendía el mal que se hacía pensando así, aunque, para eso estaba en ese lugar, para que le cambiaran la forma de pensar.
¿Cuánto tiempo estaría? No lo sabía, pero deseaba salir ya de aquel lugar. Ahora solo le quedaba esperar y tal vez esforzarse.
El tiempo pasará y con ello su mejoría vendrá.


-¿Cuál es el motivo por el que te marchas? - Preguntó Mei a Takara que la tenía en frente sentada en un banco.
-Dinero, mis padres han encontrado un trabajo mejor fuera de Tokio, en Osaka- Estaba más calmada de lo normal.
-No entiendo porque me has llamado ¿Quieres despedirte de mí?- Acariciaba su pelo mostrando así aquella manía que tenía.
-Sí, al fin y al cabo entre nosotras siempre hubo algo ¿No? No se le podría llamar amistad, pero te admiraba... no, perdón, te admiro- Miró a Mei y le sonrió.
-¿Admiración? ¿Por qué?- No podía comprender porque era digna de admirar, a pesar de su imagen fuerte y confiada, en el fondo era débil y tenía miedo.
-Sí, eres tan guapa, inteligente, caes genial a todo el mundo, no sé, lo tienes todo, eres lo contrario a mí- A pesar de sus palabras, no estaba triste.
-Te equivocas, no deberías de admirarme- Suspiró.
-Es gratificante ver que eres humana- Soltó una pequeña risa.
-¿Cómo?- Preguntó confusa.
-Mei, has perdido tu brillo. No sé qué te pasa, algo te está afectando. Te conozco bien y sé que algo falla en ti. Al menos se puede apreciar que eres humana, que también hay cosas en tu vida que fallan- Takara estaba bastante animada y la sonrisa no se le desvanecía ni un momento.
-¿Lo notas ahora? Mi vida nunca ha funcionado- Mordió su labio, sus hermosos ojos se humedecieron.
-¿No te arrepentirás de lo que haces? Mei, tu vida no va  a funcionar de un día para otro si esa persona entra en ella- Su rostro se tornó más serio.
-No, no me arrepentiré. Lo he hecho por amor- Una lagrima recorrió su mejilla.
-Increíble, el poder del amor es tan grande. Pensaba que eras imposible de derribar, pero veo que nada puede sostenerse cuando el terremoto del amor ataca- Comenzó a reírse de sus propias palabras.
-Espero que te vaya bien en Osaka- Cambió de tema bruscamente.

-Sí, comenzaré una nueva vida- Guiñó un ojo.
El cuerpo de Sora se desplomó en el suelo. Los tres secuestrados se quedaron boquiabiertos con la escena. Hikari gritó, Ryosuke estaba petrificado, Kyo sonrió. La calma llegó a sus cuerpos conforme la policía entró.
-¿Se encuentran bien?- Aquel señor sostenía una pistola.
Los tres observaron perplejos, no les salían palabras algunas, cosa normal después de aquel suceso. Más guardias entraron y comenzaron a desatarles. Hikari agarró de la mano a Kyo.
-Sabía que llamarías a la policía- Dijo confiada de que fue él, por eso no tuvo miedo.
-No he sido yo, me prohibió llamar a la policía- Kyo la miró entristecido.
-¿Entonces?- Estaba anonadada.
-Le dejé un mensaje a Mei...-
La policía se llevó uno a uno a la comisaría para que testificaran. Al terminar Hikari su testimonio esperó a Kyo en la salida, este no tardó mucho, al fin y al cabo tenía que repetir lo mismo.
La noche era más oscura de lo normal y hacía más frio que otros días, así que, conforme Kyo salió de la comisaría abrazó a Hikari para mantenerla en calor y decirle que la apreciaba.
-Lo he pasado muy mal, si hubieras sufrido algún daño... yo...- Hikari lo calló.
-No te preocupes, lo importante es que estamos bien- Le sonrío.
-¿Y Ryo?- Preguntó él.
-No lo sé, no estaba cuando salí- Ante aquella respuesta Kyo agachó la cabeza entristecido. -No te preocupes, todo se solucionara- Lo calmó con una tierna caricia.
-Hikari, quédate a dormir hoy conmigo- Colocó su cabeza en el hombro de ella como si fuera un niño pequeño.
¿Cuando aquel chico que conoció se había convertido en eso? Esa persona fría, cruel, despiadada y apática ahora era alguien tierno, dulce, cariñoso y lo más importante, feliz. Hikari se preguntaba que había sido el causante de ese cambio... O quién.
En el fondo le daba igual, confiaba en él y cuando estaba a su lado era feliz. Sentía como si el mundo se parara cada vez que lo veía, sus cinco sentidos se concentraban en él.
Hikari sonrió, aquellos sentimientos la hacían feliz -Si, dormiré en tu casa- Ignoró el hecho de que solo hubiera una cama allí.

No tardaron mucho en llegar a la casa, Kyo preparó algo para beber y se sentaron en el sofá a hablar. Fue él quien rompió el silencio.
-Hoy ha sido un día inolvidable ¿No crees?- Se le escapó una pequeña risa.
-Y tan inolvidable- Rió junto a él, olvidando lo mal que lo habían pasado.
-Me he quedado impresionado por tu actitud, fuiste tan valiente, no conocía ese lado de ti- La sonrisa de Kyo era distinta a la otras, esta vez era de aprecio, orgullo, su mirada se perdía en el rostro de Hikari.
-Yo creo... que tampoco lo conocía- Los dos estallaron en risa. Hikari continuó - ¿Tuviste miedo no? ¿Por qué?- Preguntó curiosa.
-Si... tuve miedo de no lograr mi sueño- Su mirada se tornó melancólica.
-Interesante... yo me sentí igual- Miró con ternura a Kyo - ¿Cuál es tu sueño? - Mordió su labio intrigada.
-Te lo diré si me lo dices tú- Sacó su lengua en son de burla.
-Está bien, te lo diré- Colocó su dedo en el mentón y miró hacia arriba.- Mi sueño... no, más bien mi objetivo, es encontrar a una persona que me haga sentir única en este mundo, especial y feliz. Con esa persona buscaré formar una familia, quiero tener tres hijos, quiero hacerles la merienda, cuidarlos, mimarlos, mientras él y yo nos amamos hasta el fin de los tiempos. Ese es mi sueño.- Terminó con una sonrisa y miró a los ojos de Kyo, estaba atónito.-¿Cual es el tuyo?-  Suspiró
-Hikari... ¿Puedo pedirte un favor?- Sonrió tiernamente
-Sí, dime- Dijo confusa
-Déjame ser parte de tu sueño... porque el mío... no, mi objetivo... eres tú- Lentamente se fue acercando a Hikari, cerrando sus ojos, Hikari le siguió. Sus frentes se juntaron, podían sentir la respiración el uno al otro, Hikari subió su mano y con timidez acarició el rostro de Kyo.
-Se parte de mi sueño- Kyo juntó sus labios con los de su amada. El roce de los carnosos labios del joven provocaba que ella se derritiera, aquel suave movimiento lleno de amor ponía la piel de gallina a los dos. La lengua del chico entró primero, jugando con la de ella que le respondía con entusiasmo. Aquel beso comenzó a ser cada vez más apasionado, más feroz.

Después de un rato, Kyo la cogió de las caderas y la elevó, ella se sujetó con sus piernas rodeándole. El joven caminó sin separar ningún momento su rostro de ella, besándose, acariciándose, amándose. Abrió la puerta con cierta torpeza y entró al cuarto tumbando delicadamente a Hikari en aquel lecho.
Siguieron con el roce de sus labios mientras se abrazaban. Kyo se quitó su camiseta mostrando aquel cuerpo perfecto, al volverse a tumbar sobre ella, esta comenzó a besarle el cuello, a saborearlo y a oler su aroma, aquel olor que la volvía loca. Acariciaba los brazos musculosos de su chico, ahora podía decir que era suyo, las venas, las tocaba y se excitaba más.
Él le quitó la camisa que llevaba, dejando al descubierto el sostén, Hikari se levantó sobre Kyo, este la abrazó, ella hizo igual notando la musculosa espalda del chico, Kyo con habilidad retiró el sostén y la pegó mas sintiendo su pecho en él.
El joven comenzó a retirar sus pantalones y ella hizo lo mismo.
Los dos se quedaron completamente descubiertos, Kyo tumbó a Hikari y se colocó encima de ella. Esta temblaba, estaba nerviosa.
-Cálmate...- Le suspiró en el oído
Cogió la mano de su amada y la colocó en su espalda, y la otra mano la juntó con la suya y entrelazaron sus dedos. Delicadamente Kyo se posicionó y entró suavemente en la joven, poco a poco. Hikari clavó las uñas en la espalda de Kyo, sin hacerle daño, apretó con fuerza la mano de este, sintió un poco de dolor que se alivió con los besos que Kyo depositó en su cuello, calmándola y relajándola.
Los movimientos del joven eran lentos y suaves, poco a poco cuando se sintió mas cómodo comenzó a aumentar su velocidad, escuchaba los dulces gemidos de Hikari, ese sonido le provocaba mas deseo de amarla, de darle el placer que se merecía.
Aquello era tan confortable para Hikari, el hecho de que fuera esa persona, la que con tan solo ver ya le hacía feliz, el que se estuviera uniéndose a ella en ese momento le provocaba uno de los placeres mas deliciosos que había probado.
Él estaba nervioso, se le estaba entregando la mujer que más había amado en su vida, estaba fundiéndose allí con ella, entre besos, entre caricias.
Hikari hizo presión sobre el pecho de Kyo para voltearle delicadamente y posicionarse ella encima. Ya confiada comenzó a mover sus caderas suavemente, dominando ella aquella escena y propinándole placer a él.
Kyo observaba el hermoso cuerpo de Hikari sobre él. Comenzó por sus muslos y subió hasta el pecho, el cual tanteó con suavidad. Entrelazaron los dedos de sus manos, sus cuerpos se movían como las olas, el tiempo parecía detenerse y sus corazones palpitaban como nunca lo habían hecho.
El se alzó abrazándola, volviéndola a tumbar debajo suya, acelerando sus movimientos, apretando las yemas de sus dedos sobre la piel de esta, dándole más pasión a cada movimiento de sus caderas.
Los gemidos de ella subieron un tono, Kyo comenzó a mostrar su placer también con su voz. El joven llegó a la velocidad máxima de ese momento y fue reduciéndola lentamente mientras sus gemidos aumentaban, en el momento del clímax retiró su miembro terminando allí, en el lecho. Se posicionó sobre ella con suavidad, acarició su piel y siguió besándola.


Para Kyo y Hikari, la vida les sonreía, cada día juntos era más maravilloso, aunque el sol no saliera ese día, siempre era cálido, el estar el uno con el otro. Ahora una nueva vida había comenzado para ellos, un nuevo día, se sienten bien estando así y son felices. La felicidad no es algo que merezcamos, es un regalo de la vida para hacer de esta algo más fácil. ¿Cuánto tiempo les duraría esa felicidad? Se avecinarían malos momentos pero algo será distinto, no estarán solos, se tendrán el uno al otro, ese es uno de los motivos de la existencia del amor. Nos da fuerzas y nos hace luchar en la vida, la gente lo ve como sufrimiento, si, sufres por él, pero es uno de los sentimientos más bonitos que podrás sentir, da igual el sufrimiento, ese  bienestar que te proporciona te hace sentir en calma.


Aún así, la vida continua para el resto.

El amor hacía una persona puede hacerte desear cambiar, eso es un gran problema, debes de ser amado como eres realmente, si no es así, ese sentimiento se acabará pudriendo dejando en ti tan solo desesperación... Un escarmiento que ayudará a Kokoa.

El amor hacía una amistad te hace sentirte querido en este mundo, te hace tener la sensación de que no estás solo, sobre todo si ese amor es correspondido, aquel sentimiento de Kiyoshi hacia Nozomi le hacía feliz, le hacía ser fuerte día a día por ella, estaba orgulloso de su amiga y la quería demasiado, tal vez como nunca había querido a nadie. Dicen que de una gran amistad nace la persona de tu vida, tal vez aquello notaba Kiyoshi en su corazón.

El amor hacia los sueños, hacia las cosas que apreciamos, es uno de los más fuertes, el desear algo, el placer que te produce luchar por lo que quieres. Uno de los amores más duros, porque cuando te arrebatan aquello por lo que luchas ¿Que te queda? Hay que aprender que la vida es dolor y no siempre lo que uno quiere, hay que luchar por lo que te llena y si eso desaparece no rendirte y buscar otra cosa. Aquella lección debería aprenderla Sakura, a la cual no solo le han arrebatado todo, si no que el mundo la ha bendecido con la vida, aunque a sus ojos sea una maldición.

El amor es amor, da igual el sexo, la edad, la persona, quien tu corazón señala es la persona que quieres. Antes Ryu no pensaba así, pero ¿Que va a pensar ahora? Cuando la vida le ha colocado a esa persona delante y el no ha hecho otra cosa más que amarla a pesar de no buscarlo. Luchar por la persona que quieres, no rendirte, a pesar de todo el dolor buscarle, le deseas y combatirás contra todo lo que te venga por él, aunque después no consigas nada, podrás llorar por ello. Pero nunca podrás decir que no lo intentaste, levantarás la cabeza con orgullo porque no eres uno de esos cobardes.

Este sentimiento es algo tan complejo que es casi imposible de describir las diferentes sensaciones en las personas. Tanto Mei como Ryosuke no son capaces de describir lo que sienten.  Pero se están dando cuenta que esa pasión les está consumiendo.

El amor más bonito es el que te hace luchar en la vida, el que te hace tener ganas de vivirla, sentirte vivo. Da igual cuantos baches tenga el camino, saldrás de ellos con las fuerzas que te queden, cuando parezca que ya no quedan más, si tus sentimientos son reales, se repondrán permitiéndote seguir caminando.


Dos semanas después...

Nozomi estaba tumbada en la camilla del hospital con sus ojos cerrados, solo podía escuchar el pitido de la maquina a su lado. El sonido de unas voces apareció por su mente, parecía que había alguien en la sala.
-Una semana... ese es el tiempo de vida que le damos- Lo único que escuchó, seguido de gritos y sollozos de lo que parecían ser las voces de sus familiares.
"Luchar... Mamá, papá, Hikari, todos... Ryosuke..."- Su mente se durmió agotada como hizo el cuerpo de ella.
El cuerpo humano es frágil, pero en el fondo no somos tan débiles como aparentamos.




Ryosuke sudaba como nunca lo había hecho, no podía hablar debido al amordazamiento. Estaba sujeto a la silla y por más fuerza que hacía no podía aflojarla lo más mínimo. En cambio, Hikari estaba fría como el hielo, sujeta a otra silla colocada detrás de él. No intentaba  hablar y menos forcejear, se encontraba en un estado de shock.
"Todo es mi culpa" - Se culpaba a sí misma de aquello. "Si tan solo me hubiera dado cuenta, antes, de todo" - Ni si quiera sabía porque Sora estaba haciendo aquello, pero aun así pensaba que era la culpable.
La puerta del oscuro cuarto se abrió mostrando así la imagen de Sora. Una sonrisa se le dibujó en la cara y caminó a paso lento hacia Ryosuke, lo agarró de aquel pelo sudado y le arrebató la mordaza.
-¡Te mataré!- Fueron las primeras palabras que Ryosuke escupió.
-Lo dudo- Cogió un barrote de metal que había en la sala y golpeó con él a su víctima.
El labio de Ryosuke se partió y comenzó a sangrar. Cuando se repuso, observó a su enemigo con un grandísimo odio.
-¡Dame más! Para alguien como yo esto son cosquillas- Cumplió sus deseos y volvió a golpearle, esta vez fue Hikari la que reaccionó con un pequeño grito, pareció dolerle más a ella que a él.
-¡Más!- Escupió sangre.
-No tiene gracia cuando lo disfrutas- Se acercó a Hikari -¿Tu gritarás verdad?- Hizo aquella pregunta para insinuar que no le quitaría la mordaza, Hikari lo miró aterrada.
-¡Detente! ¡Por favor detente! - Suplicó Ryo.
-Vaya...- Golpeó a Hikari, a la cual se le escaparon algunas lágrimas del dolor. La fuerza de Ryosuke consiguió mover la silla.
-¡No! ¡Por favor!- Su voz sonó apagada
-Veamos, me detendré  si haces lo que diga ¿Entendido?- Se relamió los labios.
-Lo haré...- No se lo pensó dos veces, todo menos que Hikari sufriera daño.
Sora sacó un teléfono móvil, era el de Ryosuke, lo había robado antes.
-Llamaré a tu novio Kyo y deberás de decirle que, o viene a salvaros, o moriréis-Buscó por la lista de contactos hasta encontrar el nombre de Kyo y presionó el botón de llamar. Posicionó el teléfono de manera que Ryo pudiera hablar con él.
Tardó en contestar, seguramente es que fuera por la sorpresa que se llevó al ver que era su ex-amigo quien le llamaba.
-Sí... ¿Ryo?- Sonaba nervioso. Sora observó al joven para que hablara, se tomó su tiempo.
-Kyo... - No quería decirlo, pero Sora levantó el palo insinuando que si tardaba más Hikari recibiría algún golpe.
-Kyo... Sálvanos...- Cerró sus ojos, Sora volvió a golpearle provocando un grito de dolor en el joven.
-¿Qué sucede Ryo?- Sora tomó la palabra.
-Escúchame, tengo a la maricona y a tu zorra aquí...- Se calló mientras los observaba y salió de la habitación.

Cuando la puerta se cerró Ryosuke suspiró. Hikari seguía igual de paralizada.
-No te preocupes ¿Vale? No sucederá nada...- Intentó calmar el interior de su amiga. Esta respondió con gemidos, no podía hacer mucho más con aquella mordaza.
-¿Sabes Hikari? En momentos como este me arrepiento de muchísimas cosas en mi vida- El tono de su voz cambió a uno más dulce, Hikari suspiró. - De no haber pasado más tiempo contigo, seguro que eres una persona maravillosa y no me he esforzado en conocerte. También me arrepiento de estar peleado con Kyo. Y sobre todo en mi conciencia siempre estará mi familia- Las lágrimas querían salir, pero él lo evitaba como podía. - Mi padre siempre nos ha maltratado y me he preguntado miles de veces como sería nuestra familia si él no estuviera, creo que eso es algo que yo podría haber logrado si hubiera plantado valor antes- No pudo contenerse más y Hikari escuchó sus sollozos.
"Al fin y al cabo ese es el poder del amor... Sale en los momentos difíciles para ayudarte  a superarlos" - Pensó con cierta rabia debido a que no podía decir palabra alguna.

La puerta volvió a abrirse y la luz los cegó. Sora entró y Ryosuke apartó su rostro para que no viera sus lágrimas.
-Ya he hablado con él, viene en camino para salvaros ¿Qué mono no? Como un superhéroe- Soltó una carcajada, Hikari le respondió con una mirada de odio. -¿Algo que decirme?- Sorá le arrebató la mordaza. Hikari se quedó callada -Los héroes no existen, tenedlo claro- Dio media vuelta y Hikari habló.
-Tienes razón, pero tampoco los malos. Ni él es el héroe que nos salvará, ni tu el malo que se saldrá con la suya, todos somos personas, estamos al mismo nivel- Desafiaba con su mirada a Sora.
-¿Entonces quién ganará? - Levantó una ceja.
-No lo sé... Solo sé que tu no- Sora le golpeó por lo que dijo.
-Maldito cabrón, déjala- Ryosuke se removía en su sitio.
Cuando Hikari recobró la compostura, le preguntó algo que estaba deseando saber:
-¿Por qué haces esto?- Lo analizó de arriba abajo.
-¿Quieres saberlo? ¡Bien! - Cogió otra silla y se sentó - Por Mei, lo hago por ella. Hikari pareces tonta, pero no lo eres ¿Verdad?-  Le dedicó una de sus sonrisas.
-¿Para qué te llamó Mei?- Preguntó la joven.
-Quería que os separara de Kyo. Para eso me llamó. ¿Comprendéis lo que es eso? Tener a la mujer más perfecta del mundo y que te llame para que le hagas los trapos sucios por otro chico- Se estaba frustrando él solo.
-¿Esto estaba en los planes de Mei?- Hikari no pensaba que Mei estuviera detrás de esto, pero sabía que esa pregunta le daría la información final.
-No, no lo está. Cuando Kyo venga, os mataré a los tres y entonces ya nada se interpondrá entre Mei y yo- Conforme sus palabras terminaron, el timbre sonó. -Mirad, vuestro príncipe- Guiño un ojo.
-Amordázanos ¿No?- Dijo Hikari con un tono frio.
-Prefiero que os oiga gritar- Se dirigió hacia la puerta dejándoles solos.
-Ryosuke... confía en mi ¿No temas vale? Sé que Kyo es más listo que todo esto- Agachó su cabeza dejando que el pelo la cubriera. Ahora era ella quien intentaba calmar a su amigo.

Kyo subió con mucha precaución por el edificio. No había ido desarmado, guardaba un puñal en los bolsillos de la sudadera que llevaba. ¿Sería capaz de usarla? Lo dudaba, pero al menos podía intimidar.
No sabía con que se encontraría, ya le daba igual todo, las dos cosas más preciadas de su vida estaban en peligro, esta vez fue el amor quien nubló a la inteligencia. La puerta del piso estaba abierta, no se veía a nadie. Kyo puso la mano en el puñal y a paso muy lento se precipitó a la boca del lobo.
Al entrar al piso no vio a nadie, velozmente se giró observando cada punto de la sala, pero no veía nada. Siguió caminando, llegó al oscuro pasillo por el que avanzó hasta la primera puerta a su mano izquierda que encontró.
Sabía que en el momento que la abriera debería de enfrentarse a su enemigo y que tal vez le esperara la muerte, pero se imaginaba a Hikari sufriendo el mínimo daño y ya todo le daba igual.
Abrió la puerta de golpe, al instante recibió un corte en la cara, con su pierna golpeó al atacante que  no podía distinguir. Cuando se posicionó pudo deslumbrar la imagen de Sora.
-Bienvenido- Sonrió y se abalanzó hacia él para atacarle, Kyo lo esquivo con agilidad y contraatacó esperando acertar, pero no fue así.
Recibió una patada de su enemigo en la barriga, aún así le dio tiempo a esquivar el puñetazo y a poder asestarle él uno en el rostro del otro. Sora escupió.
-No alargaremos esto mucho- Con un ágil movimiento esquivó a Kyo y se dirigió hacia Hikari colocándole el cuchillo en el cuello. - Suelta el arma- Y así hizo, lo último que quería era que Hikari recibiera daños. -Acércate- Le mandó Sora, a paso lento lo hizo. Rápidamente Sora derribó a Kyo y le clavó el cuchillo en la pierna derecha. Comenzó a partirle la cara con toda su ira hasta dejarle inconsciente.
Cuando despertó estaba atado a la silla junto a sus amistades. No podía moverse. Ryosuke preocupado le habló.
-¡Kyo! ¿Estás bien?- Le dolía que una de las pocas veces que volvían a hablar fuera en esa situación.
-Sí...- Dijo sin fuerzas. Los tres tenían el rostro magullado, pero el de Kyo estaba muchísimo peor.
Sora sonrió mientras presenciaba aquella escena.
-Hikari ¿No te has quedado con la intriga de que hubiera pasado si le hubieras avisado de que es una trampa?- Preguntó Sora.
-No, si le hubiéramos avisado se habría cegado y al entrar hubiera sido peor- Respondió ella.
-Al fin y al cabo habéis perdido, creo que tus predicciones eran erróneas- Terminó con una risa llena de maldad.
Se dirigió a la esquina de la sala y cogió unas botellas con las que comenzó a rociar al rededor de ellos. Ryosuke las olió.
-Gasolina- El miedo inundo su cuerpo y el de los presentes al oírlo.

Sora roció el líquido por encima de ellos también. Todos le miraron con asombro, no creían que fuera capaz de hacer eso. Sacó el paquete de cerillas, retiró una de ella de la caja y conforme fue a encenderla un disparo en el pecho lo detuvo.
-¿Este es el piso que tienes alquilado?- Preguntó Ryosuke a su amigo Sora mientras admiraba el precioso comedor donde se encontraba.
-Sí ¿Te gusta?- Soltó aquella pregunta junto a una sonrisa.
-Bastante- Su mirada se dirigieron a los brazos musculosos del joven que llevaba una camiseta de tirantes con forma de uve.
-Siéntate en el sofá, voy a buscar algo de beber- Sora se dirigió a la cocina.
Ryosuke se sentó, se encontraba un poco incómodo de estar allí con él. En realidad, los únicos amigos que había tenido en su vida eran Kyo y Ryu, asique no tenía mucha experiencia con otras personas.
Sora llegó con las bebidas que intencionadamente tiró, sin que se notara, a su invitado. Este se quejó.
-Lo siento mucho- Sora cogió un trapo y como la típica escena de película comenzó a secarle, después de eso depositó un beso en los labios del menor. Cuando Ryosuke consiguió separarse lo empujó.
-¿Qué haces?- Estaba atónito.
-Sabes que entre nosotros hay una gran tensión sexual desde siempre-El mayor se quitó la camiseta mostrando su cuerpo fibrado. Ryosuke se levantó.
-Esto no puede ser posible... ¿Tensión? A mí me gusta otra persona, me largo- Despidió a Sora con una cara de asco y tomó rumbo a la puerta. El mayor cogió uno de los vasos donde trajo la bebida y lo estampó contra la cabeza de Ryo, derribándolo.
-No vas a ningún lugar princesita- Lo cogió de los talones y lo arrastró.


Kyo también corría una situación de peligro, solo que era distinta.
-¿Qué quieres Mei?- Dijo mientras salía de su casa.
-He venido a verte- Su expresión era dulce e inocente.
-¿Para?- Seguía intentando sonsacarle sus motivos.
-Verte, así de simple-  Mordió su labio mostrando cierta inseguridad, seguramente, fingida.
-¿Verme?- La mirada de Kyo mostraba que no confiaba en ella.
-Si... a veces hay personas a las que necesitas ver- Hizo un respiro largo que terminó en un suspiro.
-¿Y?- Quería largarse de allí.
-¿Qué tiene ella que no tenga yo?- Acarició su pelo. Kyo soltó una carcajada.
-¿En serio Mei? Mírate, mírala y comparaos. Después me das tu respuesta- Conforme terminó la frase se giró sobre sus talones y marchó hacia la puerta.
Mei se quedó allí perpleja, observando como Kyo entraba a su hogar. Su mirada se llenó de furia. Apretó sus puños y gritó.
-Claro que se las diferencias maldito cabrón. ¡Se ven perfectamente! Por eso no entiendo como alguien tan maravillosa como ella puede desear a alguien como tú. Debes de estar con los de tu calaña- Chilló en vano, ya que Kyo no la escuchó.


"Estoy un poco nerviosa, Sora me ha invitado a su casa" - Pensaba mientras seguía su camino hasta el hogar del chico. No tardó mucho en llegar, tocó al timbre que le había dicho sin ningún tipo de sospecha de lo que se encontraría ahí.
Subió en el ascensor del edificio, hasta la quinta planta, ahí encontraría a Sora. Conforme salió del ascensor a su derecha estaba él apoyado con la puerta abierta esperándola.
-Puntual- Sonrió el joven.
-Me lo suelen decir- Respondió con una tierna sonrisa.
Conforme Hikari entró por la puerta dejando atrás a Sora, este sonrió maléficamente. Unos gemidos se escuchaban en uno de los cuartos del piso.
-¿Qué es eso?- Se asustó
-No sé... Vamos a ver- Dijo Sora tomando la iniciativa.
Hikari le siguió atemorizada, Sora actuaba bien, en ningún momento hubiera sospechado que al entrar a ese cuarto se encontraría con su amigo Ryosuke amordazado y atado a una silla. Con un ágil movimiento Sora sacó una navaja y se posicionó detrás de la joven amenazándola.
-Si gritas te mato zorra- Sostenía aquel puñal con furia. Hikari sintió como si la vida se le fuera al respirar, el frio del metal de aquella navaja casi le provoca un desmayo.
-¿Por qué?- Musitó
-Mei... ¡Es mía! Ese puto bastardo de Kyo... pienso matarle- Soltó una risa llena de maldad.



"Poco tiempo... Cuando el médico me dio esa información sentí como si la muerte misma me dijera que dejara de vivir" - Los pensamientos de Nozomi se apoderaban de ella.
Han pasado los años desde que me dijeron que era terminal, siempre he llevado una vida normal pero alejada de todo lo que me pudiera ligar al querer sentirme viva.
¿Estos años? Si... mi cuerpo sigue con vida, pero es como si mi alma se la hubieran llevado. He vivido con la prohibición del amor, de la diversión, de la amistad.  El deber era lo único que podía sentir. ¿Cuánto vale el cuerpo cuando te han arrebatado todas las cosas buenas de la vida?



Aquella cuestión tenía Sakura, le había quitado todo ¿Cómo iba a retomar su vida ahora? No lo sabía, no quería pensar sobre aquello, porque cuando lo hacía su cuerpo palidecía y su mente se resquebrajaba.
¿Sería capaz de entregarse a un hombre otra vez? ¿Cómo? Se sentía sucia, se culpaba a si misma de aquel trágico suceso.
¿Amaría alguna otra afición como al ballet? También lo dudada, lo único que le hacía luchar era aquello, no solo le habían arrebatado la posibilidad de hacer lo que deseaba, si no la de cualquier deporte en sí.
Las náuseas que sentía llegaron a tal extremo que corrió hacia el aseo, lugar donde vomitó. Odiaba esa sensación que se le quedaba del ácido.



¿La odiaba Kokoa? No ¿Cómo iba a odiar a lo que le hacía feliz? Cada vez que vomitaba su peso bajaba y era capaz de comer a la vez, estaba contenta de que su cuerpo fuera mejor, al menos a sus ojos. Para otra persona tan solo era un cuerpo feo.
-Kokoa ¿Qué haces?- Dijeron sus padres mientras forzaban aquella puerta con pestillo.
Ya le daba igual todo. Ignoraba la presencia de sus padres y seguía vomitando. La puerta cayó abajo por la fuerza bruta de su pariente. La cara de asombro era igual de impresionante que el color blanco en el rostro de estos.
-Lo sabía- El hombre temblaba.
-No era normal lo que había adelgazado- La mujer parecía que se iba a desplomar de un momento a otro.



¿Desplomarse? Nozomi estaba a punto, cada vez más débil, sentía que esta vez perdía la fuerza. No la de su alma que para ella había desaparecido hace tiempo. La de su cuerpo, que sentía como la vida se desprendía poco a poco.


La vida, aquella cuestión tan dura de Sakura. Su vida se iba a ir mas por el garete con sus sospechas. Gritó, lloró. La madre de Sakura golpeaba la puerta del aseo temiéndose lo peor por su hija que soltaba los berridos más desgarradores del mundo.


-¡Un psiquiatra!- Decían los padres de Kokoa que intentaban alejarla del retrete como fuera.
-¡Dejadme!- Lloraba la joven.
Un fuerte golpe de su padre la calló, las lágrimas recorrían el rostro del hombre que se preguntaba qué era lo que había hecho mal para que su hija tuviera ese sufrimiento.


Sufrimiento el de Nozomi, su cuerpo volvía a dolerle horrores, no sabía cuándo le llegaría la hora, pero deseaba que fuera en ese momento. Cayó al suelo de rodillas y sujetó su cuerpo con las manos.


La madre de Sakura entró al aseo gracias a que el pestillo podía abrirse desde el otro lado. Su hija dejó de llorar, estaba petrificada. La mujer se acercó a la joven que parecía un cadáver. Sakura dejó caer algo al suelo.
Cuando los ojos de la mujer vieron lo que era las lágrimas fluyeron sin pensárselo dos veces. Aquel bastardo... la había dejado preñada.


Los sudores invadieron a Nozomi que cayó rendida al suelo.

-Ryosuke...- Musitó antes de cerrar sus ojos. Su mayor prohibición "Ligarse a algo" La había incumplido, sentía parte de su alma debido al amor hacia ese chico.
La familia siempre será una parte de ti.
-Myura ¿Quieres algo de comer?- Se puso a la estatura de su hermana pequeña y sonrió.
-No- Dijo mientras no apartaba la vista de la televisión.
-Mírame al menos- Hikari suspiró.
Una voz distinta resonó por la casa, alguien estaba llamando a Hikari, esta se dirigió a lo que parecía ser la cocina.
-Dime mamá- Hacía muchísimo tiempo que Hikari no se encontraba en esta situación, con su familia en la casa, llamándola, viéndoles. Se sentía extraña ante aquella realidad, pero consideraba que era una oportunidad que algún dios le había brindado para que no se olvidara de lo que era tener familia.
-¿Por qué no me ayudas a hacer la fregaza?- La madre de Hikari tenía un aspecto dulce como su hija.
Cualquiera pensaría que su familia era mala, pero no era así. Todo lo contrario, Hikari tenía una relación fabulosa con sus padres y todos se querían mucho, el problema estaba en el dinero. La cosa que Hikari más odiaba en el mundo. ¿Por qué era necesario el dinero para vivir? Eso provocaba que sus padres tuvieran que trabajar día y noche para poder sobrevivir, aquel era el hecho que perturbaba el núcleo de la familia.
Para ella sus padres eran un ejemplo a seguir, un modelo de esfuerzo y superación, ella estaba ahí gracias a ellos y sobretodo muchos de sus aspectos los había heredado de su madre, de sus consejos y de sus charlas antes de darle el beso de buenas noches.
-Dime cariño, hace mucho que no hablamos ¿Hay algún chico en tu vida?- La mujer estaba pálida, parecía agotada.
-¡Mamá!- Se puso nerviosa debido a la pregunta.
-Cariño, no tengas vergüenza de contármelo a mí, soy quien te ha traído a este mundo y quién te ha criado- "Ojalá siguieras criándome" - Fue lo que pensó Hikari al escuchar las palabras de su madre.
-Tal vez haya alguien... pero... - Agachó su cabeza entristecida.
-¿Qué pasa? ¿Ese chico no te quiere?- Dejó por un momento los platos y se centró en su hija.
-No sé... Somos muy distintos... cuando nos conocimos no encajamos bien y se podría decir que él es de otro mundo, ahora somos amigos, pero aun así...- Miró a su madre con cierta timidez.
-Ya entiendo hija mía- A paso lento se acercó a una silla y se sentó. - Escúchame, el que seáis distintos no es un problema, dicen que los polos opuestos se atraen, de esta manera os podréis complementar mejor. Cuando dos personas se quieren se esfuerzan el uno por el otro, el querrá aprender sobre tus gustos y tú sobre los de él- Aquel consejo hizo que Hikari pensara durante un momento en lo que Kyo había hecho aprendiéndose los nombres del grupo que le gustaba.
-No encajasteis bien pero ahora sois amigos ¿Qué problemas ves? Olvida su pasado, olvida el tuyo, olvidar el vuestro, ahora sois vosotros dos en el presente- Al terminar despejó las preocupaciones de Hikari con una tierna sonrisa.
-Gracias mamá- Decía mientras se dirigió a abrazar a aquella mujer que tanta ayuda le había proporcionado en su vida.


Día de perros
-Estoy muy nerviosa Kyo- Hikari se agarraba a la ropa de su amigo.
-Cálmate, tan solo vamos a ayudar a unos perros durante un tiempo- Dijo este mientras apartaba las manos de Hikari de él.
Los dos se encontraban sentados en un tren con destino a una perrera que había solicitado ayuda con carteles por la calle. Kyo lo encontró y pensó que a Hikari le gustaría la idea, así que se lo dijo y terminaron subiéndose al tren rumbo a su objetivo.
-Pero... pero... ¿Y si no les gusto? Les puedo caer mal y querrán morderme. - Cada vez se preocupaba más. Kyo hizo un gesto de cansancio, suspiró y la miró.
-A quién le vas a caer mal es a mí como no pares- Le dijo con cierto tono cabreado.
-Jo...- Agachó su cabeza haciéndole sentir culpable.
-Eto...- Acercó su mano a la cabeza de Hikari y le acarició el pelo.-Seguro que os llevareis  bien, no te preocupes- Sonrió.
El sonido del tren indicaba que ya había llegado, bajaron justo al resto de la gente y recorrieron los callejones de aquella parte de la ciudad hasta llegar al lugar donde se localizaban aquellos caninos.
Una joven les atendió y les explicó todo lo que debían hacer con los perros, así que sin demora, se pusieron manos  a la obra.
-Hikari, pásame a la caniche esa, tenemos que bañarla- Su expresión de pereza mostraba que no le gustaba mucho la idea. Después de esperar un poco se dio cuenta que Hikari no respondía -¿Hikari?- Cuando se giró se encontró con la escena de su amiga en el suelo rodeada de perros lamiéndola mientras ella se reía. -¿PERO QUE HACES IDIOTA?- Cogió la alcachofa, abrió el grifo a toda potencia y espantó a los perros con el agua con la consecuencia de que Hikari quedó completamente empapada.
-¡Idiota! ¡Tienes que bañar a los perros! No a mí...- Se cabreó
-¡Pensé que te iban a comer!- Le gritó intentando justificarse, cuando se calmó le volvió a repetir que trajera a la perra.
Una vez la estaba lavando Kyo se detuvo de golpe y su expresión cambió.
-¿Qué sucede Kyo?- Estaba extrañada por la reacción de su compañero.
-Hikari ¿Te acuerdas cuando te dije que trajeras el collar rosa?- Estaba petrificado
-Sí ¿Para la caniche no?- No lo había captado aún.
-Pues cámbialo por el azul- Conforme dijo esto Hikari estalló riéndose como nunca lo había hecho.


Perfección a los ojos de otros.
Espejito espejito ¿Quién es la mujer más bella de este mundo? El espejo y todos los muebles de la casa hubieran gritado a los cuatro vientos lo mismo "Mei".
El perfume que mejor huele, el pintalabios más brillante, el maquillaje mejor diseñado, los pendientes más caros que uno pueda imaginar, el pelo más brillante, sedoso, suave y maravilloso que una pueda tener. Todo lo que una mujer o cualquier persona del mundo podía desear lo tenía Mei. Aquella ropa lujosa y cara que se adaptaba a la perfección con su cuerpo que ni los mejores artistas serían capaces de esculpir y sus maravillosos ojos que hipnotizaban no solo a los hombres, si no a cualquier ser vivo.
¿Qué fallaba en su vida? ¿Era feliz con todo aquello? La más hermosa rosa que podría existir, pero con las espinas más afiladas y venenosas que uno pueda encontrarse.
Sal a la calle y pregunta sobre Mei, todos te dirán que es impresionante, maravillosa y guapísima. Los hombres te dirán que la desean como nunca han deseado a una mujer, las mujeres te expresaran sus ganas de ser como ella y los que han tenido el placer de catarla te comentaran que en su vida han probado una delicia como ella. ¿Pero quién conoce de verdad a Mei? Sus sentimientos ¿Quien los ve?
Alguien como ella está rodeada de gente día a día, buitres de interesados que no duran en su vida más que unas horas ¿Quién se queda a su lado? Nadie...  Las únicas personas que podrían decir que conocen a Mei son tres...
¿Hikari? Sí, podría, pero Mei es más que eso, Hikari no conoce ni una pequeña parte de la mente de Mei, ella es un mundo entero que necesita su tiempo para ser explorado.
¿Kyo? Él es como es, no se centra en el resto de la gente, las investiga con una mirada pero no se preocupa, le importa su mundo, donde él es protagonista.
¿Ryosuke? Tal vez sea la persona que más conoce a Mei, llevan juntos durante muchos años, Mei es capaz de dominarle como hace con todos, pero hay una cosa que él conoce y el resto no.
¿Qué cosa? Es fácil y simple... No es feliz con lo que tiene. No tiene amor alguno. ¿Se lo merece? Para alguien tan bueno como Ryosuke, sí, todos se lo merecen. Para alguien que puede llegar a ser cruel como Kyo, no, no se lo merece. ¿Y qué dice la justicia? ¿Lo merece o no?
Mei abrió sus ojos observando su hermoso rostro en el espejo

-¿Cómo puedes lograr ser feliz en este mundo... si el corazón de esa persona a la que amas no te pertenece?- Mei cerró sus ojos sucumbiéndose en aquella oscuridad mental.
¿7? ¡INFINITE! - 1
Kyo se encontraba sentado en el sofá mientras veía la tele, siempre los mismos programas a las mismas horas, las cadenas eran cada día más aburridas y sus días más monótonos. Las orejas se le levantaron en el momento en que una idea apareció en su mente.
¡Hikari! Esa era la solución ¿Quién mejor que ella? Era la única persona con la que se sentía bien. Al fin y al cabo sentía algo por ella ¿No? Cogió el móvil y la llamó.
-¡Hola Kyo!- Una Hikari animada sonó por el altavoz del teléfono.
-Hola- Se puso nervioso al escuchar la voz de la joven.
-¿Que querías?
-Pues... ¿Tienes el día libre?
-Si ¿Quieres quedar conmigo?
-Si...
-¿Una cita?- Se escuchó una dulce risa.
-¡Ah!- Se ruborizó.
-Es broma... dime.
-¿Te vienes a pasar el día en mi casa? ¡Me aburro!- Se soltó bastante.
-¿Cómo me vas a convencer?
-Estoy yo, es suficiente - Una risa chulesca se le dibujó en la cara.
-Así no me convences- Provocó un suspiro en Kyo.
-Entonces veremos videos de INFINITE
-¿En serio?- Kyo no lo podía ver, pero por la voz de ella se imaginaba que sus ojos se habían iluminado.
-Sí, enserio.
-¡Voy para allá!- Colgó de golpe, eso provocó un pequeño enfado en Kyo que se le pasó con tan solo poner morritos unos segundos.
Kyo frotaba sus manos esperando a que Hikari viniera, aquella manía suya siempre le salía cuando estaba nervioso. Se puso a pensar sobre muchas cosas, sobre él , Hikari… ¿Cómo habían nacido esos sentimientos de él hacia ella? ¿Ella sentirá lo mismo? De un momento a otro comenzó a imaginarse la escena de ellos dos juntos besándose. Echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos. En su mente se dibujó la imagen de ellos, amándose, acariciándose. Se imaginaba el sabor de los labios de Hikari, haciendo así que su cerebro provocara cierto calor en sus labios carnosos, Kyo los tocó suavemente, su corazón se aceleró. Toda aquella escena era bastante psicópata, pero, al fin y al cabo así era el amor, volvía loco a todo el que lo sentía ¿Pero por qué él? En el fondo tenía miedo, mucho miedo de lo que sentía ¿Sería capaz de ser el adecuado? ¿Era capaz de amar a alguien? No le dio tiempo a responderse. Abrió los ojos en el momento que el timbre sonó.
Se dirigió a la puerta, más calmado que otras veces y la abrió.
-¡Bienvenida Hikari! - Hizo una reverencia y con su brazo insinuó a la chica que pasará.
-Que caballeroso- Bromeó ella.


Día de ¿Zoo?
El autobús se tambaleaba debido al camino pedregoso por el que estaba pasando. A pesar de las vibraciones Ryosuke seguía dormido apoyado en el hombro de Ryu. Este último observaba el panfleto que tenía en sus manos. Un mapa, de un zoo.
"¿Le gustará? Estoy nervioso de hacer este viaje con él"- Pensaba Ryu mientras admiraba a Ryosuke durmiendo en su hombro. Con una de sus manos acarició el suave pelo del joven y fue bajando hasta llegar a su pálido rostro donde se detuvo en la nariz. El mayor tenía cierto fetiche con esa parte del cuerpo y la nariz de Ryosuke le encantaba. Un fuerte tambaleo provocó que el menor se levantara. Ryu fingió que no había pasado nada, Ryosuke se quedó observándole sin apenas poder abrir los ojos.
-¿Hemos llegado?- Lamió sus labios secos.
-Todavía no- La luz del sol que entraba por la ventana provocaba cierto reflejo en los labios húmedos de Ryosuke que provocaba al mayor el deseo de devorarlos.
No sabía que le depararía aquel día, pero lo que sí que tenía claro era que no malgastaría ningún segundo del día en intentar conquistar a Ryosuke.


¡No más!
No más, aquellas fueron las palabras de Ryosuke que estaba sentado en la mesa comiendo de su familia.
-¡Deteneos!- Golpeó la mesa derribando el vaso de agua mojando así aquel mantel con motivos florales.
Tanto sus padres como la hermana se quedaron impresionados ante la reacción de su familiar.
-¿Qué clase de familia es esta? ¡Decidme!- Su respiración aumentó.
-¿Quién te...- Una mirada llena de furia por parte de Ryo cortó a su padre en seco.
-¡No! Ya me he cansado. Llevo todos estos años aguantando como golpeas a mi familia, como me golpeas a mí ¿Qué tipo de engendro eres? - Lanzó el plato al suelo rompiéndose - No quiero esconderme más y llorar. Ya no funciona padre, cada pequeño dolor que sufro me hace más fuerte, es como una barrera que se va construyendo. Todo este dolor lo he utilizado para levantar esta muralla que ahora eres incapaz de derribar- Se levantó de la mesa, soltó un gran suspiro y se marchó.
Su padre se levantó de la mesa también y se dirigió hacia él. En el momento que iba a ser golpeado Ryo lo detuvo con una mano.
-No... ya no más. Si les haces daño a ellas te las tendrás que ver conmigo. Lo siento por ti, pero al cachorro ya le han salido los dientes, no te va a resultar igual de fácil que antes- Soltó con brusquedad el puño de su padre.


¿7? ¡INFINITE! - 2
-Kyo mira este directo. Este es Sunggyu. ¿A que canta genial?- Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-No lo hace mal- No mostraba mucho interés.
-¡MIRA MIRA! MYUNGSOO ¡DIOS MIO!- Se volvió completamente loca cuando enfocaron a su ídolo. Lo miraba completamente enamorada... "Si tan solo Hikari me mirara así" - Pensaba Kyo frustrado por aquella situación.  Se cabreó y quitó el directo.
-¿¡POR QUÉ LO HAS HECHO CACHO IDIOTA!?- Hikari se disponía a matarlo
-Ya hemos visto suficiente, ahora me toca a mí- Dijo mientras escribía "Koda Kumi" en el buscador. "Ahora será ella la que se ponga celosa" - Kyo se esperaba que saliera bien lo que había planeado.
-¡KUMI! ¡MI DIOSA!- Empujó a Kyo y se colocó en frente de la pantalla admirando con la misma mirada de antes a la ídola de Kyo.
-Será posible- Musitó en voz baja enfadado.
-Impresionante, es tan perfecta.- Hikari le ignoraba.


El sabor agrio del refresco recorría la garganta de Ryosuke, achinó sus ojos al terminar el sorbo.
-Si no te gusta ¿Por qué te lo pides de limón?- Sora dejó escapar una carcajada.
-Si me gusta, adoro el limón, pero eso no quita que esté fuerte- Sonrió levemente.
-Que chico más raro eres- Dio un sorbo a su refresco de fresa. Levantó su mano para que la joven chica vestida de sirvienta les dijera cuánto debían pagar. Una vez entregado el dinero se levantaron saliendo de aquel local.
El clima de ese día era estupendo para dar una vuelta por la calle, hacía calor pero una brisa fresca que se mantenía casi todo el tiempo lo solucionaba. Sora echó el pelo hacia atrás mientras admiraba el inmenso cielo azul. Luego dirigió sus ojos a Ryosuke. La mirada del rubio combinado con su blanca sonrisa hizo que Ryosuke se excitara escasamente, aún así, si se sonrojó.
-Ryo ¿Qué quieres que hagamos ahora?- Hinchó sus mofletes mostrando así aquel dulce botín que tenía guardado.
-Eto...- No le salían las palabras, aquel chico lo estaba poniendo malo. "¿Por qué me recuerda tanto a Kyo?" Sus pensamientos mostraban la verdadera preocupación, aquel chico se parecía a Kyo en ciertos aspectos. Esa capacidad tan fácil de dejar de ser sexy a ser un niño dulce. Ryosuke se rascó la cabeza, si había algo que le provocara nerviosismo de verdad, era cada vez que veía que los labios de aquel joven pronunciaban "Ryo"
-¡Se me ha ocurrido algo!- Exclamó Sora mientras cogía de la mano a Ryosuke y lo llevaba a algún sitio.
-¿A dónde vamos?- Dijo mientras Sora le dirigía, este volteó su cabeza y le respondió.
-¡A una tienda!- Estaba realmente emocionado.
Corrieron por las calles hasta llegar a una extraña tienda que Ryosuke no había visto en su vida. Se detuvieron en la entrada. Observaron la tienda de arriba a abajo, Ryo no pudo averiguar qué clase de tienda era, lo descubriría al entrar. Dentro del local tan solo pudo abrir sus ojos lo máximo que pudo. Cierta vergüenza se apoderó de su cuerpo y la sangre subió a su cabeza, cosa que le alegró ya que Sora lo había llevado a una tienda llena de porno.
-So... so..- No le salían más silabas, Sora sonrió con cierta malicia, agarró a Ryosuke de la mano y lo llevó hacia una zona específica. Esta vez la mente de Ryo se nubló debido a las confusiones. ¿Qué trataba Sora? Lo había conocido hace poco y se habían hecho buenos amigos, pero... ¿Por qué la zona homosexual?



El viento provocaba un bonito movimiento en el sedoso pelo de Hikari. Caminaba con calma, observando hasta el mínimo detalle de todo lo que la rodeaba. Ver a los niños corretear le alegraba. Pensaba en cuándo le llegaría a ella la hora de ver a su hijo corriendo. Sus ojos se iluminaron. Pasó por al lado de una tienda, le pareció ver algo, así que retrocedió. Justo al hacerlo Kiyoshi salió por la puerta.
-Anda, que sorpresa Hikari- Levantó su mano saludando.
-¡Hola Kiyoshi!- Como siempre, la reverencia no podía faltar.
-¿Qué has comprado?- Se percató de la bolsa de color marrón que llevaba en una de sus manos.
-¡Ah! ¿Esto?- No sabía a qué se refería - Pues... un regalo- Se sonrojó dulcemente.
-¿Para quién?- Guiñó un ojo -¡Un novio!- Exageró la cara de sorpresa en son de burla.
-Es para... Kyo- Lo soltó como quien no quería la cosa.
-¿Kyo?- Esta vez sí estaba sorprendido
-Sí...- Agachó su cabeza para ocultar la vergüenza.
-¿Qué le has comprado?- Miró con ternura a Hikari.
-Un peluche de un lobo...- Aquello le provocó más timidez.
-¿Un peluche? ¿A Kyo?- No pudo aguantar la risa.
-¡Ah! ¿He hecho mal?- Se puso completamente loca - ¡He metido la pata!- Se golpeó a sí misma.
-¡No! Para...- La cogió de los brazos, Hikari le miró a los ojos ruborizada. -Le va a encantar- La sonrisa de Kiyoshi la calmó.
-¿En serio? ¿Entonces le gustan los peluches?- Se emocionó. Kiyoshi suspiró.
-Más o menos sí- Se puso nervioso- Más bien tú- Musitó en voz demasiado baja como para que Hikari escuchara algo. -Por cierto ¿Cómo supiste que el lobo era su animal favorito?- Rascó su cabeza.
-¡Lo adiviné! En el fondo no es muy distinto de ellos, además, odia a los felinos y no le entusiasman los perros, sólo quedaba el lobo- Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Kiyoshi se golpeó la frente con la palma -¿Sabes que hay más animales en el mundo no?- No pudo contener aquella expresión de "Eres tontita"
-¡Sí! ¿Pero a que he acertado?- Hizo con su mano el gesto de victoria.
 -La verdad es que sí, has acertado- Se rieron los dos juntos.



La casa nueva de Kyo ya estaba montada. Nadie se hubiera imaginado que tardarían tan poco. Era una casa sencilla, con los muebles justos y las paredes blancas y grises. No hacía falta encender ninguna luz cuando era de día porque las ventanas estaban en la posición perfecta y la luz del sol entraba a la perfección. Los rayos de luz junto a la pared blanca provocaban cierta magia en aquella casa que la hacía verse más bonita.
Kyo estaba tirado en el sofá durmiendo la siesta, la baba se le caía por el lateral hasta que el timbre sonó provocando que se levantara de un impulso. Como un zombi caminó hacia la puerta, estaba encorvado cuando la abrió y se encontró con la sonrisa de Hikari. Cerró de golpe.
No sabía dónde meterse, su expresión de preocupación se extendió paralizando todo su cuerpo. Se peinó como pudo, se secó la parte mojada por la saliva, comprobó su aliento y se giró a abrir golpeándose con la puerta. Conforme abrió recibió un bolsazo de Hikari.
-¡ERES IMBECIL O QUE! ¡CERRANDOME LA PUERTA! ¡IDIOTA!- Después del golpe entró sin permiso alguno y se sentó en el sofá. Seguido de un grito se levantó -¡Esto esta mojado!- Dijo asqueada.
Kyo se arrodilló en el suelo y suspiró. Se puso colorado al instante. Al levantar su mirada vio lo que más se temía -¡NO LO HUELAS HIKARI!- Aquella frase fue continuada por un grito de Hikari.
Pasó un tiempo hasta que Hikari decidió a darle el regalo.
-¿Qué es esto?- Dijo Kyo cogiendo la bolsa.
-Un regalo- Se encogió
Kyo no puso mucho entusiasmo en sacar el regalo de la bolsa y menos en desenvolverlo, no quería parecer un blandengue emocionado por ese tipo de cosas. Cuando quitó el último trozo de papel se quedó paralizado mirando el peluche.
-¿Pasa algo? ¿No te gusta?- Estaba atemorizada
A Kyo se le iluminaron los ojos, acarició el peluche. Miró tiernamente a Hikari, sus ojos reflejaban un fuerte sentimiento, era difícil saber cuál, hasta que sonrió, aquella sonrisa sincera detalló más la expresión de su mirada, unos ojos de enamorado.
-Me encanta- Seguía observándola de arriba a abajo, no comprendía ciertas cosas que estaba pensando en ese momento. ¿Por qué era tan guapa? Le gustaba todo de ella, su nariz, sus ojos, sus labios ¡Oh sí! Aquellos labios que quería hacer suyos. Tenía que contener las ganas que tenía de acariciarle el rostro, de tocarle el pelo, de besarla y amarla todo el día. Aun se preguntaba el por qué alguien tan tonta como ella le enloquecía de esa manera, por qué cada gesto de Hikari le hacía temblar y por qué ansiaba tanto protegerla, librarla de todo mal en el mundo. Porque alguien tan buena como ella se merecía que la hicieran feliz.
-Oh me alegra- No estaba muy convencida de que le gustara hasta que vio que una lágrima recorría aquella mejilla blanca del chico que tenía delante. Conforme se percató de ese detalle fue a abrir la boca para decirle unas palabras, pero Kyo la abrazó antes.
-Gracias... Es mi animal favorito- Sonrió apoyado en el hombro de la chica que amaba.



-¿Que le llevaste a la sección homosexual de una tienda porno?- Preguntó Mei mientras reía como una loca.
-Sí, me dijiste que era gay- Soltó una carcajada
-Sí, pero no era necesario que hicieras eso ¿O es que buscas probar experiencias nuevas?- Se burló de él.
-¿Quien te dice que no las haya probado ya?- Miró con lujuria a Mei.
-No me extrañaría- Mientras decía estas palabras Sora la agarró por la cintura.
-Pero ahora prefiero probar otras cosas- Mordió la oreja de Mei. Esta lo apartó
-Ya lo has probado y será la última vez- Sonrió mientras caminaba hacia la silla dejando atrás a Sora.
-¿Qué buscas con esto Mei?- Se puso serio de un momento a otro.
-¿Qué busco? No... Mejor di ¿Qué vas a conseguir?- Se sentó y cruzó sus piernas.
-No entiendo por qué me llamas para que me haga amigo de ese chico- Al fin y al cabo quería encontrar motivos para lo que hacía.
-Se podría decir que lo que busco tiene que ver con ese chico. Todos están conectados ¿Sabes? Todos los corazones están unidos por una especie de hilo... En cambio yo estoy fuera de esa conexión cuando mi corazón quiere conectarse al de una de esas personas. ¿Qué pasa si cortamos el hilo que los une?- Acariciaba su suave pelo.
-¿Que se rompen las relaciones?-  Sora dijo la respuesta más sensata
-Buena respuesta, pero no. Que se mueren. Esos corazones viven entre ellos, si los dejamos morir yo podré revivir al que me interesa- Sonrió con cierta crueldad.

3 semanas más tarde...
Mei mordió con ansia los labios de Sora, este respondió bruscamente, y comenzaron a besarse violentamente, desprendiendo pasión en cada roce de sus labios. Mei se sentó encima de Sora, este la agarró por la cintura, ambos entrelazaron sus manos y debido al contacto de estas combinado con los suaves movimientos de ella hacían que Sora se excitara más. Lo tumbó en aquel lecho y siguió devorando sus labios. Mei tomó la iniciativa introduciendo su lengua violentamente, este le respondió buscándola como si de un baile se tratara.

La pasión entre los dos fue tanta que Sora se levantó estampándola bruscamente contra la pared y la mantuvo con su cuerpo ahí. Desabrochó su pantalón. Una mirada llena de lujuria junto a su pelo alborotado fue suficiente para que Sora empezara con fuerza.  Comenzó lentamente a poseerla contra aquel tabique. Poco a poco la velocidad del joven fue aumentando terminando en golpes bruscos. Los muebles se movían, y Mei se agarraba con fuerza al cabello de Sora, mientras este desgarraba las medias de la joven con sus manos. Los gemidos iban al unisonó. Mei sonrió y mordió su labio, todo lo que ella buscaba estaba saliendo como quería.



Aquel hospital tenía un ambiente frío, la silla donde Ryosuke estaba sentado era incómoda y el clima era triste. Mordía sus uñas con nerviosismo mientras esperaba a que alguien, le daba igual quién, le dijera el estado de Nozomi.
Tras la larga espera una enfermera se dirigió hacia él. Se levantó raudo y justo cuando las palabras iban a salir por su boca la enfermera comenzó a hablar.
-¿Es usted un familiar? Ya nos hemos encargado de llamar a sus padres, le hemos dicho que un joven la ha traído- Sujetaba unos papeles que parecían ser el expediente de Nozomi.
-Sí, soy un familiar- Mintió, si no lo hacía tal vez no le dirían nada.
-Muy bien, pues parece que el estado de Nozomi ha empeorado y debe de estar ingresada durante unos días- Un parpadeo largo finalizó la frase.
-¿Empeorado?- Obviamente no sabía de lo que hablaba.
-¿No lo sabe? ¿Seguro que es un familiar? Bueno, ya no importa. Su leucemia terminal, ha empeorado- Se quedó completamente paralizado, aquellas duras palabras habían salido de una manera demasiado fría por la boca de la enfermera. Continuó - Prevemos que le quedan pocos meses de vida- Cerró sus ojos - En estos momentos no se pueden hacer visitas, disculpe- Giró lentamente sobre sus talones y se marchó dejando a un atónito Ryosuke allí, en mitad de la soledad del pasillo.
No pestañeaba, no respiraba, parecía que su corazón había dejado de palpitar. Un poco de vida volvió a él y se sentó posicionando su palma en la cara.
"¿Cómo es posible? Debe ser una broma, un sueño ¡Algo!" - Pensaba en vano. Sus ojos se tornaron rojos y húmedos, aquellas lágrimas deseaban salir. Su mente había colapsado, no sabía qué pensar, que hacer, tan solo lloró. "¿Por qué lloro?" No comprendía aquella pena, nunca había llorado por alguien que no fuera de su sangre o amistad. En aquel momento comprendió que Nozomi no era solo una conocida y que el triste destino de otras personas ajenas a tu vida son capaces de dañarte como las tuyas propias.
Miró al techo con la vista nublada por las lágrimas y gritó, el eco resonó por toda la planta.



Su peso era de 64 kilos. El cuerpo de Kokoa estaba más delgado, eso provocó una sonrisa en su rostro. Una y otra vez repetía aquellos actos como si de un ritual se tratase. Se sentía feliz haciéndolo, en paz y tranquilidad. En ningún momento pensaba en las consecuencias que aquello le acarrearía, tan solo lo hacía, ya no tenía motivo. ¿Por Ryu? No ¿Por adelgazar? No ¿Por ella? Tampoco. Solo sabía que debía hacerlo fuera como fuese.
Al caminar sus piernas fallaban, su vista se nublaba, notaba su cuerpo débil. ¿Qué buscaba? ¿Por qué seguía haciéndolo? ¿Valía el precio que iba a pagar? El principal problema era ese, no sabía cuál era el precio. Pensaba que aquellos actos serían gratis, en cambio se pagarían con el sufrimiento y dolor de la gente que la quería e incluso con su vida.



Volviendo a aquel melancólico hospital, en otra sala Sakura leía un libro que le había traído su madre. Alejar sus pensamientos de aquel suceso era lo primordial, pero aun no comprendía porque seguía allí, tal vez era hora de que lo supiera.
La madre de Sakura entró, parecía que había estado  hablando con una enfermera antes de eso. Cogió una silla y la posicionó al lado de la cama. Se sentó y suspiró.
-¿Qué pasa?- Cerró el libro con cierto tembleque.
-Veamos hija... no sé por dónde empezar- Aquella mirada llena de tristeza preocupó más a Sakura, inspiró fuertemente.
-Da igual por donde se empiece, derivará a lo mismo- El miedo se apoderó de ella.
-Recibiste fuertes golpes- Buscaba evitar nombrar la palabra "violación" o cualquier otra que hiciera recordarle la tragedia, aunque eso era ya imposible, esa escena estaría grabada en su mente durante toda la vida. Continuó a pesar de la dificultad -Tu tobillo y piernas fueron dañadas, los médicos han dicho que no hay ningún problema grave con ellas, excepto que no podrás volver a hacer deporte nunca más y menos uno como el ballet- El silencio se apoderó de la escena al terminar las palabras.
Como si una cascada fuera, las lágrimas de Sakura cayeron. La madre acarició la pierna de Sakura, esta la apartó con un golpe.
-¡Sakura! No te preocupes, no es el fin del mundo por eso mi amor- Sakura la miró con furia.
-¿No es el fin?- Respiraba a mucha velocidad - ¿Alguna vez has tenido algo preciado?  ¿Algo que quieras proteger? ¿Algo que te hace luchar en la vida? Dudo que no, claro que habrás tenido. Para mí eso es el ballet, es mi vida, lo único en lo que creía destacar. ¡LO ÚNICO QUE ME LLENABA! No puedes comprenderme, no puedes sentir lo que yo siento ¡Nadie puede! ¡NOOO! - Aquellos gritos de dolor desgarraban el corazón de la madre.
-¡Sakura!- A pesar de su chillido, fue interrumpida por Sakura.
-¡Dime! ¿Soy mala persona? ¿Qué he hecho para que se me castigue así? ¿DE VERDAD ESTO ES LO QUE MEREZCO? Me despertaba por las mañanas pensando en el ballet, dormía pensando en el ballet. A pesar de fallar, era lo único que quería hacer, me hacía feliz. ¿¡ALGO MÁS!? ¡DARMELO! O no, mejor ¡QUITARMELO! Como habéis hecho con todo. ¡Me habéis arrebatado lo que más quería! ¡Me habéis robado la infancia! ¡ME HABEÍS DESTRUIDO LA VIDA! ¡LA PUTA JODIDA VIDA! ¡Dime madre! ¡Dime! ¿De qué sirve poder respirar día a día si te lo han arrebatado todo?- Gritó tan fuerte como pudo y terminó desmayándose del dolor.



-¿Enserio Ryu?- Ryota estaba sorprendido por lo que le acababa de contar su amigo.
-Sí, no pienso detenerme hasta que sea mío- La decisión en su mirada producían cierta inquietud en Ryota.
-¿Qué piensas hacer? ¿Comprar una pastilla para hacerlo homosexual?- Bromeó con la situación.
-Muy gracioso, no. Pienso enamorarle como él ha hecho conmigo, quiero demostrarle que no hay nadie como él en mi vida, que me vuelve loco. Quiero que mis sentimientos sean correspondidos, no descansaré hasta amarlo y que él me ame a mi- Apretó con fuerza la tela de su pantalón.
-¿Por qué has decidido esto?- Seguía sin comprender la decisión de Ryu.
-Quiero que sea feliz. Me esforzaré al máximo por lograrlo- Sonrió.



Mei cogió el teléfono y marcó el número de Ryosuke.
-¿Quién?- Respondió con su dulce voz
-Tu peor pesadilla- Jugaba con su cabello
-¿Qué quieres ahora?- Sonó cansado

-¿Te acuerdas de lo de mi amigo? Pues...-